Bad Bunny lleva el orgullo puertorriqueño al Super Bowl 60 y Green Day enciende el Levi’s Stadium

Por Redacción
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Desde las actuaciones previas al partido hasta la aparición de celebridades en las gradas, el Super Bowl de este año reafirmó su estatus como uno de los mayores eventos de entretenimiento del mundo. Green Day, Brandi Carlile, Charlie Puth y Coco Jones marcaron el tono antes del saque inicial, mientras que Bad Bunny transformó el medio tiempo en una celebración cultural con invitados sorpresa como Lady Gaga y Ricky Martin.


El estadio, ubicado en el norte de California, fue testigo de una jornada que combinó música, identidad y controversia, con reacciones que se extendieron desde ovaciones del público hasta críticas del presidente Donald Trump en redes sociales.


Bad Bunny convirtió sus 13 minutos de espectáculo en un recorrido visual y sonoro por su Puerto Rico natal. El artista puertorriqueño, de 31 años, inició su actuación entre cañaverales recreados en el escenario, rodeado de imágenes que evocaban la vida cotidiana de la isla: agricultores con sombreros de paja, adultos mayores jugando dominó y puestos de raspados.


Vestido con un uniforme blanco de fútbol americano con el número 64 y su apellido real, Ocasio, Bad Bunny interpretó éxitos como “Tití me preguntó”, “Yo perreo sola” y “Eoo”, mientras se desplazaba por escenarios que simulaban barrios, estacionamientos y celebraciones comunitarias.


Uno de los momentos más comentados llegó cuando el escenario se transformó en una boda ficticia que reveló a Lady Gaga como la primera invitada sorpresa. Juntos interpretaron “Baile inolvidable”, y Gaga también cantó parte de “Die With a Smile”, su colaboración con Bruno Mars. Según un representante del artista, la boda escenificada fue simbólica, con Bad Bunny figurando como testigo.


Más adelante, Ricky Martin se unió al espectáculo para interpretar “Lo que le pasó a Hawaii”, marcando un puente generacional entre dos figuras clave de la música puertorriqueña con impacto global.


El cierre del show incluyó un mensaje directo en español: “Mi patria, Puerto Rico, seguimos aquí”, seguido de un llamado a las naciones de América del Norte, Central y del Sur. Entre las pocas frases en inglés que pronunció estuvo un “God bless America!”, que contrastó con la fuerte presencia del idioma español durante toda la actuación.


El espectáculo llegó apenas una semana después de que Bad Bunny ganara el Grammy al álbum del año por “Debí tirar más fotos”, una producción descrita como una carta de amor a la isla. El reconocimiento fue integrado al show con la imagen de un niño viendo la transmisión de los Grammy, a quien el artista entregó una estatuilla simbólica.


No todos celebraron la actuación. En Truth Social, el presidente Donald Trump calificó el espectáculo como “absolutamente terrible, uno de los peores jamás vistos”, un comentario que avivó el debate político y cultural en torno al evento.


Antes del inicio del partido, Green Day aportó una dosis de rock al desfile de ex Jugadores Más Valiosos del Super Bowl, interpretando fragmentos de “Good Riddance (Time of Your Life)” y otros éxitos como “Holiday”, “Boulevard of Broken Dreams” y “American Idiot”. La banda, originaria del Área de la Bahía de San Francisco, rindió homenaje a los 60 años del campeonato.


Durante su presentación, Billie Joe Armstrong no censuró una grosería incluida en la letra de “American Idiot”. Aunque la palabra fue silenciada en la transmisión televisiva, provocó una fuerte ovación entre los asistentes en el estadio.


El tono patriótico continuó con Charlie Puth, quien interpretó “The Star-Spangled Banner” desde un piano eléctrico, acompañado por un coro y una sección de metales. Su versión, deliberada y emotiva, duró 1 minuto y 56 segundos, ligeramente más rápida que el promedio histórico del himno en el Super Bowl.


Brandi Carlile ofreció una interpretación acústica de “America, the Beautiful”, acompañada únicamente por violín y violonchelo. La cantante dijo previamente que se negó a utilizar pistas pregrabadas, afirmando que el público “merece tenerte en vivo”.


Coco Jones abrió oficialmente las actuaciones musicales con “Lift Every Voice and Sing”, conocida como el himno nacional no oficial de los afroestadounidenses. Vestida de blanco y acompañada por un octeto de cuerdas, la artista destacó la importancia simbólica de la canción, que se interpreta en el Super Bowl desde 2021, tras las protestas por el asesinato de George Floyd.


El Super Bowl 60 también reunió a figuras del cine, la música y el deporte. Chris Pratt presentó a los Seahawks, mientras Jon Bon Jovi introdujo a los Patriots. En las gradas y zonas laterales se vieron a celebridades como Jay-Z, Travis Scott, Justin Bieber, Hailey Bieber y Adam Sandler.


Durante los recesos, el rapero del Área de la Bahía LaRussell actuó junto a un coro, combinando rap clásico y góspel. Fue el primer artista seleccionado para dirigir la banda residente del Super Bowl.


Entre los anuncios más comentados del partido estuvo un adelanto de “The Adventures of Cliff Booth”, una secuela de “Once Upon a Time… in Hollywood”, en la que Brad Pitt retoma su papel bajo la dirección de David Fincher.


Con música, polémica y una audiencia global, el Super Bowl 60 volvió a demostrar que el evento es mucho más que fútbol: es un reflejo de las tensiones culturales, identidades y tendencias que marcan a Estados Unidos y al mundo.