De ‘Wicked’ a ‘Cumbres borrascosas’: cuando la promoción de cine se convierte en espectáculo propio


Por Redacción
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La reciente gira promocional de Wicked: Part Two ejemplifica este fenómeno. Desde su arranque, la campaña se convirtió en un show alterno al musical, alimentando memes, teorías y análisis sobre la relación entre sus protagonistas, Cynthia Erivo y Ariana Grande.


Durante entrevistas y eventos, ambas actrices mostraron una cercanía constante y un tono emocional elevado que fue interpretado por algunos usuarios como exagerado o inquietante. Videos donde Erivo tomaba el brazo de Grande en plena entrevista circularon ampliamente en plataformas digitales, generando debates que oscilaron entre la burla y la sospecha.


Especialistas en comunicación consultados por AP señalan que estas dinámicas forman parte de estrategias diseñadas para prolongar la conversación más allá de la pantalla. En un entorno dominado por clips breves y viralidad, cada gesto puede convertirse en material promocional.


Otro ejemplo reciente es la campaña de la nueva adaptación de Wuthering Heights, conocida en español como Cumbres borrascosas. Sus protagonistas, Margot Robbie y Jacob Elordi, aparecieron en estrenos y sesiones fotográficas con estilismos inspirados en la estética neorromántica de la obra.


En Londres, bajo una intensa lluvia, Elordi lució un abrigo largo verde mientras el clima parecía reforzar la atmósfera dramática asociada a la historia. En entrevistas posteriores, ambos actores destacaron la “química” entre sus personajes, alimentando la narrativa romántica también fuera de la pantalla.


La práctica, conocida como “method dressing”, consiste en vestir en eventos públicos como si el intérprete continuara encarnando al personaje. Robbie ya había adoptado una estrategia similar durante la promoción de Barbie, cuando asistió a premieres alrededor del mundo con vestuarios inspirados en la muñeca de Mattel, predominantemente en tonos rosa.


Analistas del sector consideran que estas campañas responden a la lógica de la “película-evento”, en la que el lanzamiento se convierte en una experiencia cultural integral. El objetivo es dominar la conversación digital y generar identidad visual reconocible.


El gestor de marketing Jesús Jiménez Fragoso señaló que, tras el impacto de Barbie y del álbum Brat de Charli XCX, muchas producciones buscan ahora un color o concepto dominante que identifique la campaña. En Wicked, el verde y el rosa remitían directamente a los personajes principales; en otras propuestas, la estrategia gira en torno a símbolos o códigos visuales específicos.


Para algunos profesionales, el fenómeno oscila entre creatividad e histrionismo. El caso de Marty Supreme, protagonizada por Timothée Chalamet, fue citado como ejemplo de campaña conceptual coherente, donde el color naranja y la estética deportiva dominaron las apariciones públicas del actor.


Chalamet incluso jugó con la ambigüedad entre su identidad personal y su personaje, alimentando la conversación digital. La línea entre ficción y realidad, dicen expertos, se vuelve cada vez más difusa.


La tendencia no se limita a grandes producciones de Hollywood. Series como Bridgerton han convertido sus estrenos en eventos temáticos, con vestuarios inspirados en la época de la Regencia. Incluso el cine independiente adopta estrategias similares: el actor Alexander Skarsgård ha asistido a eventos promocionales de Pillion vestido con prendas que evocan a su personaje.


Más allá del vestuario, las entrevistas también han cambiado. En lugar de conversaciones extensas, predominan clips breves diseñados para TikTok o Instagram. Los elencos participan en dinámicas de cocina, juegos o retos virales que priorizan la espontaneidad aparente y la viralidad.


Algunos críticos culturales vinculan este fenómeno con la tesis del filósofo francés Guy Debord en La sociedad del espectáculo, publicada en 1967. Debord sostenía que el capitalismo convierte todo —incluidas las relaciones humanas— en mercancía e imagen. En el contexto actual, la promoción ya no conduce únicamente a la película: se convierte en un fin en sí mismo.


Pese a las críticas, defensores del modelo argumentan que estas estrategias no sustituyen al periodismo cultural más profundo, sino que conviven con él. Sin embargo, reconocen que el ritmo acelerado de consumo obliga a adaptar formatos y mensajes.


En un mercado saturado de contenidos, la batalla por la atención es feroz. Las campañas cinematográficas se han transformado en espectáculos paralelos que, en ocasiones, eclipsan la obra que buscan promocionar. Entre la genialidad creativa y el exceso performativo, la industria del entretenimiento redefine constantemente los límites entre arte, mercadotecnia y espectáculo.