Machado entrega su medalla del Nobel a Trump en medio de tensiones sobre el futuro político de Venezuela


Por Redacción
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Machado hizo la revelación el jueves tras reunirse con Trump en la Casa Blanca, aunque evitó dar detalles sobre el momento exacto o las condiciones en que se produjo la entrega del galardón. La Casa Blanca, por su parte, no confirmó si el presidente aceptó formalmente la medalla.


El encuentro se produjo en un contexto particularmente delicado: semanas después de una operación militar estadounidense que culminó con la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, y en medio de señales claras de que la administración Trump estaría más dispuesta a trabajar con el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez que con la propia Machado, una de las figuras más visibles de la oposición venezolana durante las últimas dos décadas.


Tras la reunión a puerta cerrada, Machado salió de la Casa Blanca para saludar a decenas de seguidores que se congregaron cerca de las rejas del complejo presidencial. Entre abrazos y vítores, la opositora aseguró que los venezolanos podían “contar con Trump”, provocando breves cánticos de agradecimiento por parte de algunos asistentes.


Sin embargo, el tono festivo contrastó con la realidad política que rodea su visita. Trump ha expresado en repetidas ocasiones dudas sobre la capacidad de Machado para gobernar Venezuela, afirmando que carece del respaldo interno necesario para liderar el país. Aunque el partido de Machado es considerado ampliamente como el ganador legítimo de las elecciones presidenciales de 2024, esos resultados fueron rechazados por las autoridades electorales controladas por el chavismo.


La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, describió a Machado como “una voz valiente y notable” para el pueblo venezolano, pero subrayó que la reunión no implicaba un cambio en la evaluación que Trump tiene sobre su figura política. Según Leavitt, el encuentro fue una “evaluación realista” solicitada por la propia Machado, sin expectativas concretas sobre decisiones inmediatas.


Trump ha reiterado que apoya la celebración de elecciones en Venezuela “cuando sea el momento adecuado”, aunque no ha ofrecido un calendario ni condiciones claras para que ese proceso se lleve a cabo.


Mientras Machado buscaba reforzar su relación con Washington, la administración Trump ha dado señales cada vez más claras de respaldo pragmático al gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, quien asumió el control operativo del país tras la captura de Maduro.


Durante la ausencia de Machado, Rodríguez pronunció su primer discurso sobre el estado de la nación y ha liderado las gestiones diarias del Ejecutivo venezolano. La Casa Blanca aseguró que las autoridades interinas han cooperado plenamente con Estados Unidos, incluida la liberación reciente de varios prisioneros, entre ellos ciudadanos estadounidenses detenidos durante el gobierno de Maduro.


Trump confirmó esta semana haber sostenido una “larga y productiva” conversación telefónica con Rodríguez, la primera desde la caída del régimen anterior. “Hablamos de muchas cosas y creo que nos estamos llevando muy bien con Venezuela”, afirmó el presidente durante un acto oficial en el Despacho Oval.


Este acercamiento ha dejado a Machado en una posición incómoda. Apenas horas después de la captura de Maduro, Trump señaló públicamente que a Machado “le sería muy difícil ser la líder” del país, marcando distancia de una figura que durante años fue considerada en Washington como el rostro más visible de la resistencia democrática venezolana.


Ingeniera industrial e hija de un empresario del sector siderúrgico, Machado comenzó a desafiar abiertamente al chavismo en 2004, cuando cofundó la organización Súmate, que impulsó un referéndum revocatorio contra el entonces presidente Hugo Chávez. Aunque la iniciativa fracasó, consolidó su imagen como una opositora frontal al proyecto bolivariano.


Su relación con Estados Unidos ha sido históricamente polémica dentro de Venezuela. En 2005 provocó la ira de Chávez tras reunirse en Washington con el entonces presidente George W. Bush, un episodio que fue utilizado durante años por el chavismo para acusarla de alinearse con intereses extranjeros.


Casi dos décadas después, Machado logró movilizar a millones de venezolanos en contra de Maduro durante las elecciones de 2024. Las protestas que siguieron a la proclamación oficial de Maduro como ganador fueron reprimidas con fuerza por los cuerpos de seguridad del Estado, dando lugar a denuncias generalizadas de violaciones a los derechos humanos.


Desde su breve detención en Caracas el año pasado, el paradero de Machado ha sido en gran medida desconocido. Reapareció públicamente en Oslo en diciembre, cuando su hija recibió en su nombre el Premio Nobel de la Paz otorgado a la oposición venezolana por su lucha democrática.


La propuesta de compartir ese galardón con Trump fue rechazada por el Instituto Nobel, que aclaró que el premio no puede ser transferido ni entregado a terceros. Aun así, la decisión de Machado de entregar su medalla al presidente estadounidense refuerza su apuesta por mantener el respaldo de Washington, incluso cuando ese apoyo parece inclinarse hacia otros actores.


La visita de Machado a Washington coincidió con una intensificación de la presión estadounidense sobre Venezuela, incluida la incautación de un nuevo petrolero sancionado en el Caribe. Según la administración Trump, estas acciones forman parte de una estrategia más amplia para asegurar el control del petróleo venezolano y estabilizar políticamente al país tras la caída del régimen de Maduro.


Mientras tanto, la figura de Machado permanece en una encrucijada. Admirada por amplios sectores de la diáspora y de la oposición interna, pero marginada en los cálculos inmediatos de la Casa Blanca, su gesto hacia Trump parece buscar relevancia en un tablero geopolítico que se redefine a gran velocidad.


El futuro político de Venezuela sigue abierto, y la relación entre sus líderes opositores y Washington continúa marcada por pragmatismo, tensiones y decisiones que trascienden los símbolos.