Referencias al nazismo y al supremacismo blanco en mensajes oficiales del Gobierno de Trump generan alarma en EE.UU.

Por Redacción
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La controversia se intensificó luego de que el Departamento de Trabajo publicara en redes sociales una animación con la estatua de George Washington acompañada del mensaje: “Una patria. Un pueblo. Una herencia. Recuerda quién eres, estadounidense”. La frase fue comparada de inmediato con consignas utilizadas por la propaganda nazi en la Alemania de Adolf Hitler, lo que llevó a sindicatos y defensores de derechos civiles a denunciar una normalización del lenguaje extremista desde instituciones oficiales.


Las críticas no se limitaron a una sola publicación. Días antes, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ofreció una conferencia de prensa desde Nueva York frente a un atril que exhibía la frase “Uno de los nuestros, todos los suyos”, lema que historiadores han vinculado a doctrinas de castigo colectivo utilizadas tanto por el nazismo como por regímenes fascistas europeos, aunque su origen exacto sigue siendo objeto de debate.


La aparición de ese mensaje coincidió con un clima de tensión nacional tras la intensificación de las redadas migratorias y la muerte de una ciudadana estadounidense durante un operativo del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), lo que amplificó el rechazo público.


A estas controversias se sumó una publicación de la Casa Blanca en la red social X que mostraba ilustraciones de trineos con perros apuntando hacia distintos escenarios geopolíticos, acompañadas de una pregunta que fue interpretada como una referencia indirecta a literatura ideológica de extrema derecha. Aunque el mensaje parecía aludir a las aspiraciones de Trump sobre Groenlandia, críticos señalaron similitudes con textos clásicos del pensamiento ultranacionalista occidental.


Expertos en radicalización advierten que este tipo de referencias no pueden analizarse de forma aislada. Wendy Via, presidenta del Proyecto Global Contra el Odio y el Extremismo, afirmó que el uso reiterado de símbolos, frases y narrativas vinculadas al supremacismo blanco refleja una estrategia de comunicación deliberada.


Según estas organizaciones, el objetivo no solo sería reforzar una base política radicalizada, sino también influir en la cultura institucional del Estado y en el reclutamiento de personal alineado ideológicamente con ese discurso.


El endurecimiento del lenguaje ha ido acompañado de políticas concretas. Desde el inicio del actual mandato, la Casa Blanca ha impulsado órdenes ejecutivas para desmantelar programas de diversidad, equidad e inclusión, así como para eliminar iniciativas relacionadas con identidad de género en instituciones federales.


En paralelo, la ofensiva migratoria ha generado un aumento significativo del número de personas indocumentadas, junto con deportaciones masivas que han sido duramente cuestionadas por organismos humanitarios. Analistas sostienen que la retórica nacionalista extrema sirve como marco justificativo para estas acciones.


Coco Das, integrante de la dirección nacional del movimiento Refuse Fascism, afirmó que el mayor riesgo no reside únicamente en los símbolos utilizados, sino en el hecho de que esa ideología esté influyendo directamente en la formulación de políticas públicas. “Estamos viendo cómo una visión autoritaria se traduce en decisiones que afectan a millones de personas”, advirtió.


La Administración también ha recurrido a imágenes históricas controvertidas. En una publicación conjunta con el Departamento de Seguridad Nacional, la Casa Blanca compartió una pintura del siglo XIX asociada al concepto del “Destino Manifiesto”, utilizada para justificar la expansión territorial y la expulsión de pueblos indígenas. El mensaje que acompañaba la imagen exaltaba una herencia nacional que críticos consideran incompatible con una sociedad diversa.


Otros materiales difundidos por agencias federales han sido comparados con propaganda de regímenes autoritarios del pasado, desde llamados a denunciar a “invasores extranjeros” hasta consignas que enfatizan que el país pertenece exclusivamente a “los estadounidenses”, evocando paralelismos con lemas xenófobos del siglo XX en Europa.


Las comparaciones han llegado incluso al ámbito político institucional. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, calificó públicamente al ICE como una “Gestapo moderna”, en referencia a la policía secreta del régimen nazi, una declaración que generó fuerte controversia a nivel nacional.


Para defensores de derechos humanos, la acumulación de estos episodios plantea una pregunta de fondo sobre el rumbo democrático de Estados Unidos. Sostienen que el uso de símbolos extremistas desde el poder estatal no solo erosiona normas democráticas, sino que puede contribuir a la legitimación de la violencia política y el odio racial.


Mientras la Casa Blanca no ha emitido aclaraciones formales sobre las críticas, el debate continúa creciendo en redes sociales, universidades y espacios legislativos. Para muchos observadores, la polémica refleja una transformación profunda del discurso oficial en Estados Unidos, con implicaciones que van más allá de la comunicación política y que podrían marcar el futuro de la democracia en el país.