El Puente del Diablo


En un arranque de locura emocional, Melvin salió a la medianoche de su casa y recorrió las calles desiertas de San Antonio, Texas, hasta llegar al puente de la calle East Ashley Road, construido sobre un profundo barranco.


Lleno de dudas y remordimientos, pero cegado por el sentimiento de fracaso, caminó a paso lento hasta el centro del puente.


Tras un hondo suspiro, volteó la mirada para ver por última vez el caserío de su viejo barrio, lanzando al viento balbuceantes palabras de despedida para su familia y amigos, derramando lágrimas como queriendo pedir perdón por ser un cobarde incapaz de hacer frente a la realidad.


Se disponía a subirse sobre la barrera de protección para lanzarse al vacío, cuando un nauseabundo hedor a huevos podridos y una densa niebla se adueñaron repentinamente del ambiente.


A punto de vomitar, Melvin empezó a temblar.


Lleno de miedo, no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo.
De entre la niebla emergió una figura grotesca: una criatura rojiza, mitad bestia y mitad humano, con ojos llameantes y una larga cabellera enmarañada, que avanzaba lentamente hacia él.


“No tienes por qué temer, Melvin. Solo vengo a ayudarte” —pronunció la criatura.
Aún en shock por la impresión, Melvin no fue capaz de pronunciar palabra alguna, así que el demonio continuó hablando:


“Sé por qué has venido. Puedo ver la manera tan sucia en que te ha tratado la vida. ¿Ya ves cómo no siempre el ser buena persona deja buenos dividendos? Pero no te preocupes, aquí estoy para ayudarte. A cambio de tu alma, te ofrezco veinte años de vida llena de prósperos negocios que te permitirán vivir rodeado de lujos y riquezas. Si quieres sellar el pacto, estrecha mi mano”. Le dijo la creatura mientras extendía su brazo.


Después de un par de minutos de duda, temblando, Melvin cerró los ojos y apretó tímidamente la garra de la bestia.


Cuando los abrió, el diablo, la niebla y el pestilente olor habían desaparecido.
A su lado encontró una maleta llena de monedas de oro y joyas preciosas.
Sin dimensionar lo que acababa de suceder, tomó el bolso y corrió hasta su casa.


A partir de ese día, Melvin se convirtió en un exitoso hombre de negocios.
Con el paso de los años casi se olvidó de lo ocurrido aquella noche en el maldito puente, hasta que los ecos del pasado resonaron 20 años después.


El ser oscuro regresó para cobrar su deuda.


Bajo la amenaza de matar a tod@s sus seres querid@s, el demonio obligó a Melvin a volver al puente para, ahora sí, quitarse la vida saltando al barranco.
Por pura diversión, el malvado no recogió su alma para llevarla al infierno.


En su lugar, le dijo entre risas:


“Durante 20 años, en este puente tu alma vagará. Hasta entonces, disfruta el mundo inmaterial”, para Lluego desaparecer.


Desde entonces, cuentan las leyendas que no son pocos los que han caído en la tentación de abrir esa puerta falsa, por eso, el puente está lleno de fantasmas.
Lo que pocos saben es que no se aparecen con maldad: lo único que desean es alejar del lugar a las potenciales víctimas del demonio.


Así que ya lo sabes: jamás te acerques al “Puente del Diablo”, si no quieres correr el riesgo de perder tu posesión más preciada para toda la eternidad.