Por Redacción
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Dos años después de los ataques del 7 de octubre de 2023, el mapa migratorio del pueblo judío vive una transformación silenciosa. Mientras algunos ven en Israel un refugio frente al antisemitismo global, otros abandonan el país en busca de estabilidad, paz y un respiro del conflicto interminable.
El fenómeno refleja una profunda crisis de identidad. El ataque de Hamas —que dejó más de 1,200 muertos— no solo redefinió la seguridad de Israel, sino que reavivó tensiones internas y despertó temores ancestrales entre comunidades judías de todo el mundo.
De Londres y Texas a Tel Aviv: el llamado del hogar
El 22 de noviembre de 2023, Chantal y Nicky Young abordaron un vuelo desde Londres rumbo a Tel Aviv. En la zona de llegadas, su familia los esperaba con un cartel que decía “Bienvenidos a casa, abuela y abuelo”. Faltaba uno de sus hijos: Nathanel, quien murió el 7 de octubre sirviendo en las Fuerzas de Defensa de Israel en la frontera de Gaza.
“Era su sueño que todos hiciéramos aliá”, contó su madre, de 62 años, quien trabajaba en una escuela judía antes de emigrar. “No podía aceptar su muerte; decía que se había ido de viaje”. Aun en duelo, los Young decidieron cumplir el deseo de su hijo y mudarse definitivamente a Israel.
Ellos forman parte de los miles de judíos que han hecho aliá desde los ataques. Muchos lo han hecho movidos por la solidaridad con Israel; otros, por miedo al aumento del antisemitismo en Europa y Estados Unidos.
Yocheved Ruttenberg, una joven de 24 años que vivía en Texas, decidió mudarse después de ver las noticias del ataque. “Sentí que tenía que estar en Israel”, dijo. Llevó consigo 23 bolsas de suministros recolectados con amigos y, tras su llegada, fundó una red de voluntariado con más de 45,000 miembros.
En su último viaje a Estados Unidos, notó un cambio drástico: “Llevaba una estrella de David en mi suéter y sentí miradas hostiles. No era el mismo país”.
El antisemitismo se ha intensificado en universidades, redes sociales y medios occidentales. La periodista alemana Mirna Funk, quien emigró con su hija desde Berlín, afirmó que recibía amenazas de muerte semanales: “Ya no era seguro. En Israel, mi hija asiste a una escuela mixta judío-árabe. Aquí, la vida se siente más libre”.
Según el demógrafo Sergio DellaPergola, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el flujo migratorio hacia Israel tras el 7 de octubre responde tanto a razones ideológicas como económicas. “La aliá es una elección espiritual, pero también práctica: depende de las oportunidades y del contexto de cada país”, dijo.
Israelitas que se van: “La situación política es imposible”
A la par del arribo de nuevos inmigrantes, otro movimiento crece: miles de israelíes que han optado por marcharse. Solo en 2023, unas 80,000 personas dejaron el país, frente a 30,000 nuevos inmigrantes, dejando un déficit migratorio de 25,000, según datos oficiales.
“Israel siempre fue un país de inmigración, pero ahora más gente se va de la que llega”, explicó DellaPergola.
Las razones van desde el costo de vida hasta la inestabilidad política y el temor al conflicto armado.
Noy Katsman, de 29 años, vivía en Alemania cuando Hamas atacó. Su hermano, Hayim, un académico y activista por la paz, murió en el kibutz Holit. “No quería irme, pero la situación política es imposible”, dijo. Ahora ha solicitado la ciudadanía alemana, el mismo país que su abuela huyó en la década de 1930.
“Veo discriminación creciente contra los izquierdistas, los activistas y los palestinos”, explicó Katsman, quien mantiene lazos con Israel y estudia una maestría en estudios culturales en la Universidad Abierta. “Si hubiera paz y respeto por los derechos humanos, regresaría mañana. Amo la tierra, pero no al Estado”.
El éxodo de jóvenes profesionales, académicos y familias de clase media hacia Europa, Chipre, Canadá o Tailandia refleja una fatiga nacional. El gobierno de Benjamin Netanyahu enfrenta críticas por su manejo del conflicto, mientras la sociedad se polariza entre el miedo a la guerra y la esperanza de seguridad.
DellaPergola advierte que el fenómeno es un espejo del desconcierto global del pueblo judío: “El antisemitismo crece en Occidente, pero en Israel hay misiles, sirenas y divisiones políticas. No hay un lugar verdaderamente seguro. Todo el pueblo judío está desorientado”.
Yigal Palmor, de la Agencia Judía para Israel, coincide: “Algunos dudan en venir ahora, pero otros sienten que este es el momento de apoyar, convertirse en israelíes y contribuir cuando más se necesita”.
Para muchos, el dilema no tiene salida fácil. Israel sigue siendo el corazón espiritual de su pueblo, pero también un país marcado por el trauma y el conflicto. En palabras de Chantal Young: “Cada país tiene sus problemas, pero sentimos que este es nuestro hogar”.
