La dama blanca del lago Stow


Por Luis A. Cervantes
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Allí buscó una banca junto al lago Stow y se sentó para pasar un rato agradable.
En ese momento, aquellos desalmados pusieron en marcha su macabro plan. Dos mujeres y un hombre, fingiendo amabilidad, se sentaron en la banca junto a ella y comenzaron a hacerle agradable plática.


Poco más de una hora después, ya se habían ganado su confianza y le ofrecieron comprarle una refrescante limonada que un par de niños vendían en un puesto callejero.


Inocentemente, aceptó, ignorando que los vendedores de limonada formaban parte de la banda.


De un bolsillo de su pantalón, uno de los pequeños sacó un frasco y vertió varias gotas del brebaje en el vaso donde sirvió la limonada para Mery.


Sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo, la joven alcanzó a beber poco más de la mitad antes de caer desmayada. Sus agresores se apresuraron a colocar una manta sobre el césped para acostarla, simulando que estaba dormida.


Luego sacaron al bebé de la carriola y se alejaron tranquilamente del lugar, sin levantar la mínima sospecha del crimen que estaban cometiendo.


Después de un par de horas, Mery despertó, pero tardó varios minutos en recuperar por completo el sentido.


Aturdida, se puso de pie y corrió hasta la carriola para asegurarse de que su hijo estaba bien.


Un grito desgarrador estremeció el lugar cuando la aterrada madre se dio cuenta de que alguien se lo había llevado.


Primero a paso lento y después corriendo, recorrió todas las veredas del parque, preguntando a cada persona que encontraba si sabían dónde estaba su bebé.


Cada vez que alguien le respondía que no, su frustración aumentaba y su desesperación se convertía en furia, al extremo de arañar el rostro de quienes se cruzaban en su camino.


Víctima de un repentino frenesí de locura, la mujer se lanzó al lago con la esperanza de encontrar en el fondo a su criatura, pero después de sumergirse por tercera vez, no volvió a salir con vida.


El tiempo pasó y el caso del rapto quedó archivado como no resuelto, y seis meses después, cobijada por el manto de la impunidad, la banda regresó al parque en busca de otra víctima.


En esta ocasión, sin embargo, las cosas no resultarían como esperaban.


Apenas los tres robachicos pusieron un pie dentro del parque, se les acercó una dama vestida de blanco, preguntándoles si habían visto a su hijo.


Una de las mujeres, sin prestarle mucha atención, le respondió que no.
Aquella respuesta desató el horror: la Dama de Blanco, con una fuerza sobrehumana, la tomó del brazo y la arrastró hasta el fondo del lago, junto con el hombre que trató de ayudarla, cobrándoles con su vida una vieja deuda.


Acto seguido, la Dama de Blanco regresó para concluir su venganza.
Para ella era claro que el resto de la banda también merecía morir, pero solo consiguió ahogar a uno de los pequeños.


El otro niño, junto con una de las mujeres, logró salir del parque antes de convertirse en víctima de la furia de la Dama Blanca.


Los aterrados sobrevivientes denunciaron lo ocurrido a la policía.


Las investigaciones llevaron a los detectives hasta la guarida de la banda, donde descubrieron a seis niños secuestrados.


La mujer capturada fue condenada a 35 años en la prisión de Alcatraz.


Desde la pequeña ventana de su celda, la mujer podía ver a lo lejos el parque donde vivía la Dama de Blanco, la cual cada noche la visitaba en sueños para atormentarla.
Rápidamente enloqueció y, después de un par de semanas en prisión, se suicidó.


Muchos aseguran que, al caer el sol, una Dama de Blanco deambula por las veredas del parque Golden Gate preguntando por su hijo.


Si alguna vez llegas a encontrártela, no digas nada y corre tan rápido como puedas, porque si le respondes que no, podría ser tu último día en esta tierra.