Por Sonia Aguilar
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Las palabras que los padres usan con sus hij@s tienen un impacto profundo y duradero en su desarrollo emocional y psicológico.
Los niñ@s, especialmente los más pequeñ@s, absorben no solo lo que se les dice, sino también el tono que utilizan los padres al hablarles.
La semana pasada presencié un momento desagradable en el campo de fútbol que me rompió el corazón.
Después de la práctica de mi hija, un niño de siete años salió llorando porque su padre le dijo que no había jugado bien.
Para el padre, pudo haber sido un simple regaño, una llamada de atención porque no hizo las cosas bien, pero para el pequeño pudo ser una experiencia emocionalmente devastadora.
Cuando un padre le dice a su hijo, “No jugaste bien, no sirves para nada”, el niño no solo escucha una crítica sobre su desempeño en el juego, sino que puede interpretarla como un rechazo hacia él mismo.
A esa edad, los niñ@s aún están desarrollando su autoestima y su sentido de identidad, por lo que los comentarios negativos les afectan profundamente y pueden hacerlos sentir que no valen nada.
El llanto del niñ@ después de la práctica no era solo tristeza por no haber jugado bien; también reflejaba que se sentía incomprendido, poco apoyado e inseguro de sí mismo frente a su padre, la figura más importante de su vida.
Muchas veces, la frustración del padre tiene raíces en su propia infancia, en traumas o experiencias no resueltas de cuando él mismo jugaba fútbol, o tal vez nunca jugó y ahora quiere que su hij@ llene ese vacío, que cumpla el sueño que él no pudo alcanzar.
L@s expert@s en desarrollo infantil señalan que la manera en que los padres comunican expectativas y críticas puede fortalecer o debilitar la confianza de un infante. Las palabras de apoyo y los elogios ayudan a fortalecer la resiliencia y la motivación.
Por ejemplo, en lugar de decir “No jugaste bien”, un padre podría decir:
“Veo que hoy fue difícil, pero me gusta cómo intentaste cada jugada. La próxima vez podemos practicar junt@s algunos tir@s”.
Estas palabras reconocen el esfuerzo del niño y le enseñan que equivocarse es parte del aprendizaje.
Las palabras de los padres son mucho más que simples comentarios: son herramientas que pueden construir o dañar la autoestima y el bienestar emocional de un menor.
Un simple “no jugaste bien” puede convertirse en un recuerdo doloroso de fracaso y tristeza.
Por eso es crucial que los padres sean conscientes del impacto de sus palabras y usen mensajes que refuercen el esfuerzo, la perseverancia y la confianza de sus hij@s.
