Por Redacción
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El gobierno de Nicaragua bloqueó el ingreso de ciudadanos cubanos sin visa, cerrando de facto una de las rutas más utilizadas en los últimos años por migrantes de la isla que buscaban llegar a Estados Unidos. La decisión representa un giro significativo en la política migratoria nicaragüense y añade un nuevo obstáculo para miles de personas que huyen de la crisis económica y energética que atraviesa Cuba.
La medida fue confirmada por autoridades nicaragüenses a The Associated Press y supone la suspensión de una exención que permitía a los cubanos viajar a Nicaragua sin necesidad de visado. Durante más de una década, esa facilidad convirtió al país centroamericano en un punto estratégico para la migración irregular hacia el norte del continente.
Por años, miles de cubanos volaron legalmente a Managua y, una vez allí, continuaron su trayecto con la ayuda de redes de tráfico de personas a través de Centroamérica y México, hasta llegar a la frontera sur de Estados Unidos. Con el nuevo requisito de visa, ese corredor migratorio queda prácticamente clausurado.
El cambio ocurre en un momento de elevada tensión regional, marcado por el endurecimiento de la política exterior y migratoria del presidente estadounidense Donald Trump y por una creciente presión diplomática sobre gobiernos latinoamericanos considerados adversarios de Washington, como Cuba y Nicaragua.
Un golpe a la migración cubana en medio de una crisis profunda
Expertos en migración señalan que Nicaragua había mantenido abiertas sus fronteras a ciudadanos de países como Cuba y Haití como parte de una estrategia política para desafiar a Estados Unidos, facilitando indirectamente la salida de personas afectadas por crisis económicas, sociales y políticas.
Sin embargo, el nuevo cierre sugiere un cambio de cálculo. Analistas interpretan la decisión como una respuesta a la presión creciente de Washington para que los países de la región cooperen con su visión de seguridad hemisférica y control migratorio.
La medida llega además en un contexto especialmente delicado para Cuba. A finales de enero, el presidente Trump amenazó con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a la isla, una advertencia que ha profundizado la escasez de combustible y agravado la crisis energética que ya afecta gravemente a la población cubana.
Esa presión económica ha acelerado el éxodo desde la isla. En los últimos años, Cuba ha registrado cifras históricas de emigración, con cientos de miles de personas abandonando el país por vías legales e irregulares. La falta de alimentos, apagones prolongados, inflación y la reducción de oportunidades laborales han empujado a familias enteras a buscar alternativas fuera del país.
Con Nicaragua fuera del mapa migratorio inmediato, las opciones para los cubanos se reducen de manera drástica. Una de las pocas rutas que permanece abierta es a través de Guyana, un pequeño país sudamericano que no exige visa a los cubanos. Desde allí, muchos migrantes emprenden un recorrido largo y peligroso que incluye cruzar la selva del Darién, una de las regiones más inhóspitas del continente, ubicada entre Colombia y Panamá.
En el pasado, cuando las rutas terrestres se cerraban, algunos cubanos optaron por travesías marítimas extremadamente riesgosas hacia la costa de Florida, en embarcaciones precarias y sin garantías de seguridad, un fenómeno que podría resurgir ante las nuevas restricciones.
Presión de Washington y consecuencias regionales
El endurecimiento de las políticas migratorias nicaragüenses coincide con una etapa de fuerte activismo internacional por parte del gobierno de Trump. Tras una operación militar estadounidense que derivó en la salida del poder del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero, la Casa Blanca intensificó su presión sobre gobiernos aliados o ideológicamente cercanos al chavismo.
Cuba y Nicaragua figuran entre los principales objetivos de esa estrategia. En ese marco, la migración se ha convertido en un instrumento central de negociación y confrontación política en la región.
Mientras tanto, dentro de Estados Unidos, la administración Trump ha reforzado una política migratoria restrictiva que ha limitado de forma significativa el acceso al asilo en la frontera sur. Como resultado, los cruces irregulares han caído a mínimos históricos, según cifras oficiales, aunque organizaciones humanitarias advierten que las medidas no eliminan la migración, sino que la empujan hacia rutas más peligrosas.
Para los migrantes cubanos, el nuevo escenario implica mayores riesgos y menos alternativas legales. Organizaciones defensoras de derechos humanos alertan que el cierre de corredores relativamente estables como el de Nicaragua puede fortalecer a las redes de tráfico de personas y aumentar la vulnerabilidad de quienes intentan salir de la isla.
El impacto de la decisión también se sentirá en los países de tránsito, que podrían experimentar cambios en los flujos migratorios y nuevas presiones sobre sus sistemas de control fronterizo y asistencia humanitaria.
Por ahora, las autoridades nicaragüenses no han indicado si la suspensión de la exención de visa será permanente ni bajo qué condiciones podría revisarse en el futuro. Tampoco está claro cómo se implementará el nuevo requisito ni cuántos cubanos podrían verse directamente afectados en las próximas semanas.
Lo cierto es que el cierre de esta ruta marca un nuevo capítulo en la compleja dinámica migratoria del continente y deja a miles de cubanos enfrentando un panorama aún más incierto en su intento por llegar a Estados Unidos.
