Por Redacción
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este martes en la Casa Blanca a su homólogo colombiano, Gustavo Petro, en un encuentro que ambos calificaron como cordial y productivo, apenas semanas después de una escalada verbal sin precedentes que incluyó amenazas, sanciones y acusaciones directas entre los dos mandatarios.
La reunión, que se extendió por casi dos horas en el Despacho Oval, marcó un giro abrupto en la relación bilateral. A finales de enero, Trump había acusado públicamente a Petro de permitir el envío de cocaína hacia Estados Unidos y llegó a describirlo como un “hombre enfermo”, además de advertir que Colombia podría enfrentar acciones militares similares a las emprendidas contra Venezuela.
Sin embargo, al término del encuentro, Trump adoptó un tono conciliador y minimizó sus declaraciones previas. “No éramos precisamente los mejores amigos, pero nunca me sentí insultado porque no lo conocía”, dijo a periodistas. “Tuvimos una muy buena reunión. Creo que fue fantástico”.
Petro, por su parte, ofreció una conferencia de prensa separada en la que describió el diálogo como “positivo” y centrado en valores compartidos. “Lo que nos junta es la libertad, y ahí comenzó la conversación”, afirmó el mandatario colombiano, quien destacó la necesidad de una cooperación regional más amplia frente a desafíos comunes como el narcotráfico, la migración y el desarrollo económico.
El encuentro se produjo en un contexto de alta tensión diplomática, luego de que el gobierno estadounidense impusiera sanciones contra Petro, miembros de su familia y un ministro de su gabinete, medidas que debieron ser suspendidas temporalmente para permitir su viaje a Washington.
De los insultos a los gestos simbólicos
Durante la reunión, Trump entregó a Petro una gorra roja con el lema “Make America Great Again”. El presidente colombiano respondió con ironía al señalar que quería añadirle una “s” para transformarlo en “Make the Americas Great Again”, en alusión a la historia, cultura y vínculos económicos compartidos entre América del Norte y del Sur.
Petro también reveló que Trump le obsequió una copia firmada de su libro The Art of the Deal, con la dedicatoria “You’re great”. Más tarde, el mandatario colombiano publicó una fotografía del libro en la red social X y escribió con sarcasmo: “¿Qué me quiso decir Trump con esta dedicatoria? No entiendo mucho el inglés”.
En la agenda del encuentro figuraron temas clave como la lucha contra el narcotráfico, la situación en Venezuela y posibles mecanismos de cooperación regional. Trump aseguró que Petro ha mostrado mayor disposición a colaborar para frenar el flujo de drogas ilegales hacia Estados Unidos, mientras que el mandatario colombiano subrayó que el problema del narcotráfico no puede abordarse únicamente desde una óptica militar.
“Si la gente no tiene con qué comer, no tiene otras opciones en la selva o en las montañas. Entonces lo que habrá es narcotráfico”, dijo Petro, quien insistió en la necesidad de atacar las redes financieras internacionales del crimen organizado. Según relató, incluso entregó a Trump nombres de presuntos grandes capos que, afirmó, residen fuera de Colombia y son conocidos por agencias estadounidenses.
Petro también extendió una invitación a Trump para visitar la ciudad de Cartagena y solicitó su mediación ante una creciente disputa comercial entre Colombia y Ecuador. “Le dije que Cartagena es un lugar bello y agradable para vivir”, comentó.
Un historial reciente marcado por choques diplomáticos
La cordialidad del encuentro contrastó fuertemente con las semanas previas. Antes de viajar a Washington, Petro había acusado a Trump de ser “cómplice de genocidio” por el respaldo de Estados Unidos a Israel en la guerra en Gaza y calificó como un “secuestro” la operación militar estadounidense que culminó con la captura del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro.
En septiembre, Washington incluyó por primera vez en tres décadas a Colombia en la lista de países que no cooperan plenamente en la lucha contra las drogas. Un mes después, el Departamento del Tesoro anunció sanciones contra Petro, su esposa Verónica Alcocer, su hijo Nicolás Petro y el ministro del Interior, Armando Benedetti, bajo acusaciones de vínculos con el comercio internacional de drogas.
La situación se agravó tras la operación militar estadounidense para capturar a Maduro y su esposa, quienes enfrentan cargos federales por conspiración relacionada con el narcotráfico. Tras la destitución del mandatario venezolano, Trump lanzó una advertencia directa a Colombia y a Petro, sugiriendo que podría ser el próximo objetivo.
“Colombia está dirigida por un hombre enfermo que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”, declaró Trump el mes pasado. “Y déjenme decirles que no lo va a hacer por mucho tiempo”.
No obstante, días después, ambos líderes sostuvieron una conversación telefónica que abrió la puerta a la distensión. Trump aseguró entonces que Petro le explicó su postura sobre el tema de las drogas y otros desacuerdos, y lo invitó formalmente a la Casa Blanca.
Una relación estratégica en redefinición
Colombia ha sido históricamente uno de los principales aliados de Estados Unidos en América Latina y está designada como socio estratégico no perteneciente a la OTAN. Durante más de tres décadas, ambos países han cooperado estrechamente en operaciones antidrogas, seguridad y desarrollo rural.
Sin embargo, la relación se ha visto tensionada por el aumento de operaciones militares estadounidenses en el Caribe y el Pacífico oriental contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico. Según datos oficiales, al menos 126 personas han muerto en 36 ataques conocidos, lo que ha generado críticas dentro y fuera de Colombia.
En un gesto diplomático, funcionarios colombianos señalaron que Petro llegó a Washington con obsequios para la primera dama Melania Trump, incluidos una cesta indígena Wounaan de la región del Chocó y un vestido elaborado por artesanos indígenas de Nariño.
Aun así, Trump no recibió personalmente a Petro a su llegada ni posó con él ante la prensa en la entrada principal de la Casa Blanca, una cortesía habitual en visitas de jefes de Estado. El mandatario colombiano ingresó por una entrada lateral, lo que subrayó la cautela que aún rodea la relación bilateral.
Pese a ello, ambos gobiernos coincidieron en que el encuentro representa un primer paso para recomponer los lazos entre Washington y Bogotá, tras meses de declaraciones incendiarias y acciones diplomáticas que pusieron en entredicho una de las alianzas más sólidas de Estados Unidos en la región.
