Por Redacción
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y altos funcionarios del gobierno iraní intercambiaron amenazas este viernes en medio de protestas económicas que se expanden en varias zonas de Irán, elevando la tensión entre Washington y Teherán meses después de los bombardeos estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes.
Las manifestaciones, que ya suman seis días consecutivos, han dejado al menos siete muertos, según reportes locales. El detonante principal ha sido el colapso del rial iraní, cuya fuerte devaluación ha profundizado el malestar social y ha llevado a miles de personas a salir a las calles con consignas cada vez más críticas contra la teocracia que gobierna el país.
Se trata de las protestas más numerosas desde 2022, cuando la muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años detenida por la policía de la moral por no llevar correctamente el hijab, desató movilizaciones a nivel nacional. Sin embargo, las actuales manifestaciones aún no alcanzan la magnitud ni la extensión geográfica de aquellas protestas, que pusieron en jaque al liderazgo iraní.
Advertencia de Trump y rápida reacción de Teherán
Trump fue el primero en elevar el tono al publicar un mensaje en su red social Truth Social, donde advirtió a Irán que si “mata violentamente a manifestantes pacíficos”, Estados Unidos “acudirá a su rescate”.
“Estamos listos y preparados para actuar”, escribió el mandatario, sin ofrecer detalles sobre qué tipo de respuesta podría tomar Washington.
La advertencia provocó una respuesta casi inmediata de altos funcionarios iraníes. Ali Larijani, ex presidente del Parlamento y actual secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, acusó a Estados Unidos e Israel de instigar las protestas, una afirmación reiterada por las autoridades iraníes en episodios previos de descontento social.
“Trump debería saber que la intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de Irán solo traerá caos a la región y la destrucción de los intereses estadounidenses”, escribió Larijani en la red social X, que permanece bloqueada dentro del país.
Larijani también advirtió que el pueblo estadounidense debería “cuidar de sus propios soldados”, en aparente referencia a la amplia presencia militar de Washington en Medio Oriente.
Amenazas cruzadas y contexto militar
Las declaraciones se producen en un contexto de alta tensión regional. En junio, Irán lanzó un ataque contra la base aérea estadounidense de Al Udeid, en Qatar, en represalia por bombardeos del Pentágono contra tres instalaciones nucleares iraníes durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán. Aunque no se reportaron heridos, un misil impactó en una estructura del complejo militar.
Ali Shamkhani, asesor del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, lanzó otra advertencia al señalar que “cualquier mano intervencionista que se acerque demasiado a la seguridad de Irán será cortada”.
“El pueblo iraní conoce bien lo que significa ser ‘rescatado’ por Estados Unidos, desde Irak y Afganistán hasta Gaza”, añadió.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, fue aún más lejos al afirmar que todas las bases y fuerzas estadounidenses en la región serían “objetivos legítimos” en caso de una escalada.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmail Baghaei, también reaccionó citando una larga lista de agravios históricos contra Washington, entre ellos el golpe de Estado apoyado por la CIA en 1953, el derribo de un avión comercial iraní en 1988 y el reciente conflicto armado de junio.
Protestas ponen en duda respaldo al gobierno
Las manifestaciones han desafiado la narrativa oficial de que el gobierno cuenta con un amplio respaldo popular tras la guerra. Aunque las autoridades han intentado minimizar el alcance de las protestas, videos difundidos en redes sociales muestran marchas, funerales multitudinarios y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
El viernes se registraron nuevas protestas en Zahedán, capital de la conflictiva provincia de Sistán y Baluchistán, fronteriza con Pakistán. También se realizaron entierros de manifestantes muertos, que derivaron en nuevas movilizaciones.
En uno de los videos, dolientes ahuyentan a miembros de las fuerzas de seguridad durante el funeral de Amirhessam Khodayari, de 21 años, asesinado en la ciudad de Kouhdasht, en la provincia de Lorestan. En las imágenes, el padre del joven niega que su hijo perteneciera a la fuerza paramilitar Basij, como habían afirmado las autoridades. Posteriormente, la agencia semioficial Fars reconoció que existían dudas sobre esa versión oficial.
Crisis económica agrava el descontento
El gobierno civil del presidente reformista Masoud Pezeshkian ha intentado mostrar disposición al diálogo, pero reconoce que tiene un margen de maniobra limitado frente al deterioro económico. El rial se ha desplomado hasta cotizarse en torno a 1,4 millones por dólar, un nivel sin precedentes que detonó las primeras protestas.
Aunque las manifestaciones comenzaron con reclamos económicos, rápidamente incorporaron consignas contra la teocracia y el sistema político del país. Analistas advierten que la situación económica sigue siendo frágil y que Teherán ha tenido dificultades para recuperarse tras la guerra de junio.
Meses después del conflicto, Irán anunció que dejó de enriquecer uranio en todas sus plantas, en un intento por enviar señales de apertura a Occidente para reactivar negociaciones a cambio del levantamiento de sanciones. Sin embargo, esos contactos no se han concretado.
Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, han advertido a Teherán que no reconstruya su programa nuclear, una amenaza que mantiene latente el riesgo de una nueva confrontación.
Expertos señalan que el respaldo explícito de Trump a los manifestantes podría fortalecer la narrativa del gobierno iraní de que las protestas son impulsadas desde el exterior, lo que podría justificar una represión más dura y, paradójicamente, aumentar el riesgo de una intervención estadounidense.
