Por Redacción
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El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, informó el viernes que fuerzas militares estadounidenses llevaron a cabo un ataque nocturno contra una embarcación sospechosa de traficar drogas en el mar Caribe, dejando seis personas muertas. El hecho eleva a al menos 46 el número de fallecidos desde el inicio de la ofensiva contra los cárteles del narcotráfico.
Hegseth señaló en una publicación en redes sociales que la embarcación era operada por miembros del grupo criminal Tren de Aragua, una organización nacida en Venezuela y con presencia en varios países de la región. El ataque, precisó, se realizó en aguas internacionales.
EE.UU. intensifica su ofensiva antinarcóticos en el Caribe
El reciente ataque forma parte de una escalada militar que Washington ha mantenido desde septiembre, cuando comenzaron los operativos marítimos. En las últimas semanas, el ritmo de las operaciones se ha acelerado: de uno cada varias semanas a tres en la última semana, lo que refleja la creciente presión del gobierno estadounidense contra las redes de narcotráfico.
Dos de los ataques recientes se llevaron a cabo en el Pacífico oriental, lo que amplía el radio de acción del ejército estadounidense y evidencia una estrategia más agresiva frente a los grupos vinculados al tráfico de drogas.
Un video de 20 segundos divulgado en redes sociales muestra el momento del ataque: un bote pequeño aparentemente detenido en el agua, seguido por el impacto de un proyectil que provoca una explosión masiva. El clip termina antes de que se disipen los restos del bote, sin que se pueda confirmar visualmente la magnitud del daño.
Hegseth destacó que esta fue la primera operación nocturna en el marco de la campaña, y advirtió que las fuerzas estadounidenses continuarán actuando con la misma intensidad. “Si eres un narcoterrorista que trafica drogas en nuestro hemisferio, te trataremos como tratamos a Al-Qaeda”, afirmó. “Día o noche, rastrearemos tus redes, cazaremos a tu gente y te eliminaremos”.
Tensiones con Venezuela y presencia militar creciente
El ataque ocurre pocas horas después de que Estados Unidos enviara bombarderos supersónicos hasta la costa de Venezuela, una maniobra que elevó la tensión en la región. Observadores internacionales interpretan el movimiento como una señal de presión hacia el gobierno de Nicolás Maduro, acusado por Washington de narcoterrorismo y corrupción.
El aumento de la actividad militar estadounidense en el Caribe y en aguas cercanas a Venezuela ha generado especulaciones sobre los posibles objetivos de la administración Trump. Analistas sugieren que los recientes ataques podrían tener un doble propósito: golpear las rutas del narcotráfico y reforzar la presión política sobre el régimen de Maduro.
Desde 2020, Estados Unidos ha mantenido una política de “máxima presión” contra Caracas, que incluye sanciones económicas, bloqueos financieros y recompensas por la captura de altos funcionarios venezolanos acusados de vínculos con el narcotráfico.
Aunque el Pentágono ha insistido en que los operativos buscan únicamente frenar el flujo de drogas hacia territorio estadounidense, algunos críticos advierten que la creciente presencia militar podría derivar en una confrontación directa con Venezuela o con grupos armados asociados a su gobierno.
Funcionarios venezolanos no emitieron declaraciones inmediatas tras el ataque, pero en ocasiones anteriores han denunciado que Washington utiliza la lucha antidrogas como pretexto para operaciones de carácter político y militar en la región.
Mientras tanto, la campaña impulsada por Hegseth sigue sumando víctimas y extendiendo su alcance geográfico. Con 10 ataques confirmados desde septiembre, el operativo refleja una nueva fase en la estrategia antinarcóticos de Estados Unidos, que combina inteligencia, vigilancia aérea y poder militar para neutralizar embarcaciones sospechosas antes de que alcancen la costa.
Fuentes del Departamento de Defensa aseguraron que los ataques continuarán “hasta desmantelar por completo las rutas marítimas del narcotráfico”. Sin embargo, expertos advierten que estas tácticas podrían tener efectos colaterales, incluyendo el aumento de la violencia y el desplazamiento de las operaciones ilegales hacia otras zonas del continente.
