Por Luis Cervantes
redaccion@latinocc.com
El pasado sábado 31 de enero, alrededor de doscientas personas se congregaron en el centro de Solvang para participar en una manifestación pacífica en solidaridad con Groenlandia, luego de que Donald Trump reavivara declaraciones en las que sugería que Estados Unidos debería “adquirir” el territorio autónomo danés.
La manifestación, convocada por un grupo de activistas locales, se llevó a cabo en el emblemático Solvang Park, una plaza pública en el corazón de la ciudad, conocida por su herencia danesa, su arquitectura de estilo europeo y su fuerte identidad cultural escandinava.
Solvang fue fundada a inicios del siglo XX por inmigrantes daneses, y hasta hoy se mantiene como un vibrante punto de referencia para la cultura nórdica en la Costa Oeste.
“Un asunto que toca nuestras raíces”
Gary Caris, uno de los organizadores del evento, explicó que la manifestación nació de la preocupación compartida entre l@s residentes locales, por lo que consideraron un intento imperialista y ofensivo hacia una nación aliada.
“Creo que nuestro punto de vista sobre el problema tiene validez, ya que nosotr@s tenemos una perspectiva única debido a nuestros profundos lazos culturales con Dinamarca”, declaró Caris.
“Pensamos que este tema puede unir a la mayor parte de la comunidad local y a comunidades vecinas, ya que somos muchos los que hemos expresado profunda preocupación por la amenaza perenne contra un aliado de los Estados Unidos. Creemos que es un tema que puede unir a tod@s, sin importar en qué punto del espectro político estés”, añadió.
Desde días antes, la convocatoria se difundió por redes sociales, panfletos y cadenas de mensajes en escuelas, cafeterías y negocios del centro de la ciudad.
El llamado resonó con fuerza entre familias, estudiantes, empresari@s y visitantes que reconocen la herencia escandinava no solo como parte del pasado de la ciudad, sino como un componente vivo de su identidad actual.
CARTELES, APLAUSOS Y UN MENSAJE CLARO

A las 11:00 de la mañana, los manifestantes comenzaron a llegar al parque.
Much@s llevaron pancartas elaboradas por ellos mismos, con mensajes como “Hands off Greenland”, “Respeten nuestra herencia” y “No a la compra de culturas”.
Otr@s optaron por portar los carteles oficiales impresos por l@s organizadores, con las banderas de Dinamarca, Groenlandia y Estados Unidos entrelazadas en señal de unidad.
De manera organizada, los participantes se alinearon sobre las banquetas de la avenida Mission Drive, frente al parque, una de las calles más transitadas del pueblo.
El objetivo era hacer visible su mensaje tanto a peatones como a los conductores que pasaban.
Los resultados fueron evidentes: alrededor de seis de cada diez automovilistas respondieron tocando el claxon en señal de respaldo, mientras que numerosos transeúntes aplaudieron o se acercaron a preguntar más sobre el motivo de la manifestación.
No faltaron algunos gestos de desaprobación por parte de un puñado de personas que, desde sus vehículos, mostraron el pulgar hacia abajo o lanzaron comentarios críticos.
Sin embargo, l@s organizadores destacaron el respeto y la actitud cívica general con la que se desarrolló la protesta.
“Vivimos en un país democrático, donde todas las opiniones deben poder expresarse sin miedo. Hoy vinimos a defender nuestras raíces y a enviar un mensaje de respeto hacia Groenlandia, que no es una mercancía ni un territorio por negociar”, comentó una de las asistentes, Anette Nielsen, residente de Solvang y nieta de inmigrantes daneses.
Otro de los discursos recordó que Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, con su propio parlamento y una identidad única, y que cualquier intento de compra por parte de otra nación no solo es jurídicamente inviable, sino moralmente cuestionable.
Luego, se guardó un breve momento de silencio como gesto simbólico en favor de la autodeterminación de los pueblos, poco después del mediodía, la concentración se disolvió en calma, entre agradecimientos, sonrisas y abrazos.
“Nos vamos con la satisfacción de haber hecho algo. No podemos quedarnos callados mientras se ponen en riesgo los valores que más apreciamos: la libertad, la dignidad y la soberanía”, expresó Marta Pedersen, una de las participantes.
Más allá de la protesta
Aunque se trató de una manifestación simbólica y pacífica, los organizadores esperan que sirva como punto de partida para generar más conciencia sobre los desafíos globales relacionados con el respeto entre naciones y culturas.
“La historia de Solvang es la historia de miles de familias que vinieron con sueños y tradiciones. Y esas tradiciones incluyen el respeto al otro”, concluyó Caris.
Solvang, ese pequeño rincón de Dinamarca en California, dejó claro que la identidad no se vende, ni se negocia. Se celebra, se defiende y se honra.
