La disputa legal entre Blake Lively y Justin Baldoni escala con la aparición de Taylor Swift

Por Redacción
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Documentos judiciales recientemente desclasificados en un tribunal federal de Manhattan revelan intercambios de mensajes privados en los que Swift aparece como parte del círculo de apoyo de Lively durante y después del rodaje de It Ends with Us, una adaptación cinematográfica de la novela homónima publicada en 2024.


Los nuevos documentos, obtenidos por medios estadounidenses a través del proceso judicial, ofrecen una ventana poco habitual a las conversaciones personales de Lively con amigas cercanas mientras, según la actriz, enfrentaba situaciones de acoso sexual y represalias profesionales durante la producción de la película. Baldoni ha negado esas acusaciones y sostiene que las demandas en su contra carecen de sustento legal.


El caso, que ya había atraído una atención considerable por involucrar a figuras prominentes de Hollywood, vuelve a colocarse en el centro del debate público por la dimensión que adquiere al mencionar a una de las artistas más influyentes del mundo del entretenimiento.


De acuerdo con los documentos judiciales, Lively compartió con Swift y otras amigas detalles de lo que describió como un ambiente problemático durante el rodaje de It Ends with Us. En uno de los intercambios citados en la presentación legal, Lively se refirió a Baldoni como un “director tonto”, expresión utilizada en el contexto de su frustración por la dinámica laboral que, según ella, se vivía en el set.


Un año después, cuando la controversia comenzó a hacerse pública, Lively y Swift retomaron el tema en nuevos mensajes. En uno de ellos, Swift habría escrito a Lively que “esta perra sabe que algo se acerca porque ya sacó su pequeño violín”,

acompañando el comentario con una captura de pantalla de una publicación de People Magazine que citaba declaraciones de Baldoni sobre haber sido “sexualmente traumatizado” en el pasado. En los documentos, Swift comparó la situación con “una película de terror que nadie sabe que está ocurriendo”.


Los abogados de Lively sostienen que estos mensajes refuerzan su versión de que las preocupaciones sobre el comportamiento de Baldoni fueron expresadas en tiempo real y compartidas con personas de confianza mucho antes de que se hicieran públicas. “La evidencia recientemente desclasificada muestra que las preocupaciones de la Sra. Lively y otras personas fueron documentadas desde la primavera de 2023 y que Wayfarer Studios las entendió como preocupaciones de acoso sexual”, afirmó Sigrid McCawley, integrante del equipo legal de la actriz.


Según esa versión, la productora Wayfarer Studios, cofundada por Baldoni, no solo se habría negado a investigar formalmente las denuncias internas, sino que habría intentado desacreditar a Lively y a otras personas que expresaron inquietudes.

McCawley aseguró que la evidencia apunta a un patrón de represalias contra quienes hablaron.


La defensa de Baldoni rechaza esas afirmaciones. Bryan Feldman, abogado del director y de Wayfarer, sostuvo que “la evidencia no respalda las afirmaciones desde el punto de vista legal” y que una lectura completa de los mensajes “deja la verdad abundantemente clara”. Añadió que su cliente confía en que el proceso judicial permitirá limpiar su nombre.


Swift, por su parte, no ha hecho comentarios públicos sobre el caso. Sus representantes fueron contactados por medios estadounidenses, pero no respondieron a las solicitudes de declaraciones hasta el momento.


La disputa legal se originó en diciembre de 2024, cuando Lively presentó una queja ante el Departamento de Derechos Civiles de Estados Unidos, acusando a Baldoni de acoso sexual y represalias. Ese tipo de denuncias suele mantenerse confidencial, pero el contenido de la queja fue citado posteriormente en un reportaje del New York Times que examinó las dinámicas internas del rodaje y lo que describió como una estrategia para desacreditar a la actriz.


Tras la publicación de ese artículo, Baldoni demandó al New York Times, alegando que la historia estaba plagada de inexactitudes y tergiversaciones y que se basaba en una narrativa interesada promovida por Lively. Más adelante, Lively presentó una demanda directa contra Baldoni y Wayfarer Studios.


El conflicto escaló cuando Baldoni respondió con una demanda por US$ 400 millones contra Lively y su esposo, el actor Ryan Reynolds, acusándolos de difamación y de haber “secuestrado” la película con la intención de destruir su carrera profesional. En junio de 2025, un juez federal desestimó esas demandas, tanto contra la pareja como contra el New York Times.


Dos meses después, el diario neoyorquino presentó una demanda contra Wayfarer Studios para recuperar los honorarios legales incurridos durante el proceso. En paralelo, el caso principal continuó su curso en los tribunales. En diciembre de 2025, el juicio de la demanda de Lively contra Baldoni fue pospuesto del 9 de marzo al 18 de mayo de 2026.


El nombre de Swift apareció por primera vez en los registros judiciales en mayo de 2025, cuando se reveló que había sido citada en el marco de la demanda de Baldoni, debido a que su nombre figuraba en intercambios de mensajes incluidos como evidencia. Baldoni solicitó tiempo adicional para interrogar a la cantante, pero un juez rechazó esa petición en septiembre del mismo año.


La relación entre Lively y Swift es conocida desde hace años. La actriz dirigió el video musical de “I Bet You Think About Me (Taylor’s Version) (From the Vault)”, y ambas han sido vistas juntas en múltiples eventos públicos. Swift también es madrina de las tres hijas mayores de Lively y Reynolds, un hecho confirmado públicamente por el actor en noviembre de 2024. La pareja tiene además un hijo nacido en 2023.


Los documentos judiciales también sugieren que Lively no fue la única integrante del elenco en expresar incomodidad durante el rodaje. Entre los mensajes incluidos figura uno atribuido a la actriz Jenny Slate, quien habría escrito que la experiencia fue “realmente desagradable y perturbadora” y que no era la única que se sentía así. Los representantes de Slate tampoco han emitido comentarios públicos.


Más allá de los detalles personales que han salido a la luz, el caso plantea preguntas más amplias sobre el manejo de denuncias de acoso en la industria cinematográfica, el rol de las productoras frente a quejas internas y los límites entre la vida privada de figuras públicas y los procesos judiciales.


Mientras el litigio avanza hacia una fecha de juicio reprogramada para 2026, la aparición del nombre de Taylor Swift añade una nueva capa de atención mediática a un conflicto que ya se había convertido en uno de los más observados de Hollywood en los últimos años. Para Lively, los documentos buscan reforzar su credibilidad y mostrar consistencia en su relato. Para Baldoni, la defensa insiste en que las pruebas no sostienen las acusaciones.


El desenlace del caso, aún lejano, podría tener implicaciones que vayan más allá de las partes involucradas, en un contexto en el que la industria del entretenimiento continúa enfrentando un escrutinio creciente sobre las dinámicas de poder, la responsabilidad corporativa y la protección de quienes denuncian abusos.