Por Redacción
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La Unión Europea elevó el tono este sábado frente a las nuevas amenazas arancelarias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vinculadas a su disputa por Groenlandia, y advirtió que responderá de manera “firme, unida y coordinada” ante cualquier intento de presión comercial que vulnere la soberanía europea o el derecho internacional.
La reacción del bloque comunitario marca un giro respecto a la cautela mostrada en anteriores episodios de tensiones comerciales con Washington. Esta vez, la respuesta fue rápida y acompañada de una primera consecuencia política concreta: el Parlamento Europeo decidió congelar la aprobación pendiente del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos, al considerar que no existen condiciones políticas para avanzar mientras persistan las amenazas.
Trump anunció su intención de imponer aranceles de hasta el 25% a países europeos y aliados que participen en maniobras militares en Groenlandia o que rechacen su plan de ampliar la influencia estadounidense sobre la isla ártica, un territorio autónomo bajo soberanía del Reino de Dinamarca. La medida fue calificada por líderes europeos como “inaceptable”, “chantaje” y una violación de las reglas que rigen las relaciones entre aliados.
El Parlamento Europeo congela el acuerdo comercial con Washington
La decisión más inmediata llegó desde el Parlamento Europeo, donde los principales grupos políticos coincidieron en bloquear la ratificación del pacto comercial alcanzado con Estados Unidos el año pasado. El acuerdo contemplaba, entre otros puntos, aranceles cero para determinados productos estadounidenses a cambio de una reducción de las tarifas aplicadas a exportaciones europeas.
“El Partido Popular Europeo apoya el comercio transatlántico, pero bajo amenazas no puede haber ratificación”, afirmó Manfred Weber, presidente del grupo conservador, el mayor de la Eurocámara. Weber señaló que la presión ejercida por la Casa Blanca sobre Groenlandia hace inviable avanzar en la aprobación del acuerdo en este momento.
La posición fue respaldada por los Socialistas y Demócratas y por el grupo liberal Renew Europe. Iratxe García, líder de los socialdemócratas, indicó que “no se pueden aprobar reglamentos comerciales mientras Estados Unidos utiliza los aranceles como herramienta de intimidación política”. En la misma línea, la presidenta de Renew Europe, Valérie Hayer, sostuvo que Europa debe pasar “de la dependencia a la disuasión” en su relación con Washington.
Con la suma de estos grupos, la congelación del proceso legislativo quedó asegurada, dejando en suspenso un pacto que Bruselas consideraba clave para estabilizar las relaciones económicas transatlánticas tras años de tensiones comerciales.
El rechazo parlamentario se suma a las advertencias expresadas por la Comisión Europea, que tiene la competencia exclusiva en materia comercial. En un comunicado conjunto, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, alertaron que los aranceles “socavarían las relaciones transatlánticas” y podrían desencadenar una escalada perjudicial para ambas partes.
“Europa seguirá unida y comprometida con la defensa de su soberanía”, afirmaron. El texto subrayó además el respaldo explícito a Dinamarca y a Groenlandia, insistiendo en que la integridad territorial y la soberanía son principios fundamentales del derecho internacional.
Una respuesta política y diplomática coordinada en Europa
La reacción no se limitó a las instituciones comunitarias. Gobiernos de distintos países europeos, incluidos algunos tradicionalmente cercanos a Trump, se sumaron a las críticas y reclamaron una respuesta colectiva.
El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró que “ninguna intimidación ni amenaza” modificará la posición europea en asuntos como Groenlandia, Ucrania o cualquier otro escenario donde se vea comprometida la soberanía. Francia, junto con Alemania, Suecia, Países Bajos y Finlandia, respaldó una respuesta común si las amenazas se concretan.
Desde Londres, el primer ministro británico, Keir Starmer, afirmó que Groenlandia “es parte del Reino de Dinamarca” y que su futuro corresponde exclusivamente a los groenlandeses y a las autoridades danesas. Aunque adoptó un tono más moderado, Starmer calificó como “completamente errónea” la imposición de aranceles entre aliados por motivos de seguridad colectiva.
El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, fue más directo al rechazar lo que definió como “chantaje”. Señaló que Suecia no aceptará presiones comerciales y confirmó que mantiene conversaciones intensas con socios de la Unión Europea, así como con Noruega y el Reino Unido, para articular una respuesta conjunta.
Incluso Finlandia, cuyo presidente Alexander Stubb ha sido considerado uno de los líderes europeos más próximos a Trump, expresó su rechazo a la estrategia estadounidense. Stubb afirmó que los desacuerdos entre aliados deben resolverse mediante el diálogo y no mediante amenazas económicas.
En paralelo, la Unión Europea convocó una reunión urgente de embajadores de los Estados miembros para analizar posibles contramedidas y coordinar posiciones frente a Washington. Aunque Bruselas evitó detallar qué instrumentos podría activar, fuentes comunitarias señalaron que el bloque dispone de mecanismos comerciales y diplomáticos para responder de manera proporcional.
La tensión se produce en un contexto de creciente presencia militar en el Ártico. En las últimas semanas, Dinamarca y varios de sus aliados reforzaron sus capacidades defensivas en Groenlandia, alegando la necesidad de garantizar la seguridad regional ante el aumento de la competencia estratégica en la zona. Estados Unidos participa en ese despliegue como aliado de la OTAN, pero las autoridades europeas insisten en que las maniobras se realizan con transparencia y no constituyen una amenaza para ningún país.
El ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, expresó sorpresa por el anuncio de Trump, especialmente después de haber mantenido recientemente conversaciones en Washington con altos funcionarios estadounidenses. Rasmussen defendió que el refuerzo militar responde a un interés compartido en la estabilidad del Ártico y recalcó que Dinamarca actúa en coordinación con sus socios de la OTAN, incluido Estados Unidos.
Von der Leyen y Costa reforzaron ese mensaje al recordar que la cooperación transatlántica en el Ártico ha sido tradicionalmente un pilar de la seguridad regional. No obstante, subrayaron que esa cooperación no puede servir como pretexto para cuestionar la soberanía de un territorio ni para imponer condiciones comerciales.
La amenaza arancelaria de Trump reaviva viejos temores en Europa sobre el uso del comercio como arma política y sobre la fiabilidad de Estados Unidos como socio estratégico. Aunque la Unión Europea mantiene su disposición al diálogo, el bloqueo del acuerdo comercial y el tono de las declaraciones reflejan una voluntad clara de marcar límites.
A corto plazo, la escalada añade incertidumbre a una relación ya tensionada por disputas previas en materia de comercio, defensa y política exterior. A medio plazo, refuerza el debate interno en Europa sobre la necesidad de reducir dependencias estratégicas y fortalecer su autonomía económica y geopolítica.
Por ahora, Bruselas apuesta por una respuesta coordinada que combine firmeza y diplomacia, con el mensaje de que la presión comercial no alterará los principios que rigen la política exterior europea ni su apoyo a la soberanía de Dinamarca y Groenlandia.
