​Informe de Copernicus advierte sobre una transformación sin precedentes en los océanos por el cambio climático

​Por El Latino Newsroom

La décima edición del Informe sobre el Estado de los Océanos del servicio europeo Copernicus, basada en más de cuatro décadas de registros satelitales, boyas y sensores marinos, concluyó que las masas de agua de la Tierra se están calentando a un ritmo alarmante, desencadenando transformaciones sistémicas para las cuales la sociedad global aún no se encuentra preparada.

​El análisis detalla que la tasa de calentamiento oceánico se ha duplicado en los últimos 20 años, alcanzando máximos históricos de temperatura en la superficie marina durante 2023, 2024 y nuevamente en 2026. Debido a que las masas de agua absorben aproximadamente el 90% del exceso de calor atrapado en la atmósfera por la quema de combustibles fósiles, el balance térmico acumulado el año pasado sumó 23 zettajulios adicionales. Esta magnitud equivale a la energía liberada por 12 explosiones atómicas por segundo a lo largo de un año entero, o a unas 40 veces el consumo energético global de la humanidad registrado en 2025.

​Al describir el alcance de los hallazgos, Pierre Bahurel, director general de Mercator Ocean International —la institución de investigación sin fines de lucro responsable de la elaboración de la publicación—, sostuvo que el océano se está transformando ante nuestros ojos, señalando que el calentamiento, el incremento en el nivel del mar y la degradación de los ecosistemas son señales interconectadas de un cambio significativo y a largo plazo. A este escenario estructural se suma la presencia de un fenómeno de El Niño de gran magnitud en el océano Pacífico, cuya intensidad proyectada amenaza con exacerbar las anomalías térmicas globales.

​La acumulación de calor e hidrocarburos en la hidrosfera ha traído consigo alteraciones químicas y físicas profundas, destacando el incremento del 17% en la acidificación de las aguas desde 1985. Denominada por la comunidad científica como el gemelo malvado del cambio climático, la acidificación dificulta la formación de conchas y estructuras calcáreas en especies clave como moluscos, crustáceos y arrecifes de coral. Paralelamente, el nivel medio del mar ha crecido a un ritmo de 3,8 milímetros anuales desde 1999, acumulando una subida de casi 102 milímetros que pone en riesgo directo a cientos de millones de personas en áreas costeras.

​El impacto del calentamiento es especialmente severo en las regiones polares y en los mares cerrados de Europa. En el Ártico, donde la temperatura de la superficie del agua ha subido 4,2 grados Celsius (7,6 grados Fahrenheit) en cuatro décadas, el nivel medio mensual de hielo marino ha perdido unos 486.000 kilómetros cuadrados por década, un área equivalente a la superficie de España cada diez años. Por su parte, regiones como el mar Mediterráneo y el mar Negro sufrieron olas de calor marinas sin precedentes durante 2024, con duraciones superiores a un mes e incrementos de hasta 4,6 grados Celsius (8,3 grados Fahrenheit) sobre los promedios históricos.

​Respecto a las implicaciones ecológicas en el hemisferio sur, la investigadora Blanca Fernández-Álvarez, coautora del documento e integrante del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, indicó que no se trata de olas de calor aisladas, sino que se producen en un contexto de calentamiento oceánico sostenido que está cambiando las condiciones que experimentan los ecosistemas marinos. Muestra de ello fue el mínimo histórico de hielo en la Antártida registrado en 2022, el cual provocó el primer fracaso reproductivo masivo documentado de los pingüinos emperador.

​Los efectos directos de la inestabilidad oceánica sobre la infraestructura humana han quedado patentes en episodios recientes. El informe cita eventos de gran severidad como la tormenta Louis en 2024, la cual generó oleajes de hasta ocho metros de altura en las costas de España, cobrándose vidas humanas, dejando cortes masivos de energía y provocando severos daños materiales. Asimismo, vientos prolongados en el golfo de Botnia desplazaron tales volúmenes de agua que el nivel del mar cayó más de 1,5 metros, paralizando el transporte marítimo comercial entre Suecia y Finlandia durante 18 horas.

​Las naciones más vulnerables ante la intensificación de las marejadas, los ciclones y la degradación de las barreras de coral siguen siendo los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo. Para estas comunidades, las alteraciones marinas representan una crisis económica y de subsistencia inmediata que prefigura los desafíos que deberán afrontar paulatinamente el resto de las zonas costeras del planeta si no se implementan medidas drásticas de mitigación y adaptación.

​Al evaluar las repercusiones geopolíticas y de seguridad para las islas y costas mundiales, la asesora sénior de Mercator Ocean International y coautora del estudio, Karina von Schuckmann, enfatizó que para los estados insulares el cambio oceánico no es un problema medioambiental lejano, sino un desafío económico, de desarrollo y de seguridad inmediato, constituyendo además una advertencia de lo que muchas otras zonas costeras tendrán que afrontar en el futuro. Ante este panorama, los científicos hicieron un llamado urgente a los gobiernos a consolidar sistemas permanentes de vigilancia marina que permitan prever y mitigar el impacto de estas transformaciones.