María Corina Machado confía en una transición democrática en Venezuela, pero evita definir su futuro político


Por Redacción
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Machado habló en la Fundación Heritage, un centro de pensamiento conservador en Washington, un día después de reunirse con Trump y con legisladores estadounidenses en el Capitolio. Sus declaraciones se produjeron en medio de un escenario geopolítico complejo, en el que Estados Unidos parece apostar, al menos de manera provisional, por una figura vinculada al chavismo para liderar la transición venezolana, dejando a la principal figura de la oposición democrática en una posición incierta.


La dirigente, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2025, sostuvo que mantiene una “confianza profunda” en que Venezuela avanzará hacia una transición ordenada y democrática, pero reconoció los enormes desafíos que supone reconstruir un sistema político tras más de dos décadas de control autoritario. Al ser consultada sobre un cronograma para elecciones libres o sobre su retorno al país, se limitó a decir que volverá “tan pronto como sea posible”.


Las declaraciones de Machado reflejan el delicado equilibrio que intenta mantener ante la estrategia de Washington. Mientras ella busca reposicionar a la oposición venezolana como un actor legítimo y preparado para gobernar, la Casa Blanca ha enviado señales de que, por ahora, considera a la actual presidenta interina, Delcy Rodríguez —una figura clave del chavismo— como la persona más capacitada para estabilizar el país tras la caída del expresidente Nicolás Maduro.


Ese mensaje se reforzó con la confirmación de que el director de la CIA, John Ratcliffe, se encontraba en Caracas reuniéndose con Rodríguez al mismo tiempo que Machado sostenía encuentros en Washington. Para analistas políticos, la coincidencia de ambos movimientos evidencia una estrategia estadounidense centrada en la estabilidad inmediata, incluso si ello implica marginar temporalmente a la oposición que asegura haber ganado las elecciones presidenciales de 2024.


Machado rechazó la idea de que exista una confrontación personal entre ella y Rodríguez o que la decisión de Trump represente un desaire directo a su movimiento político. “Esto no tiene nada que ver con una tensión o una elección entre Delcy Rodríguez y yo”, afirmó, sin ofrecer mayores explicaciones. En cambio, reiteró que su proyecto político cuenta con un mandato popular y subrayó el historial de violaciones de derechos humanos del gobierno chavista.


“Lo único que tienen es terror”, dijo al referirse a las estructuras de poder que, según ella, han sostenido al régimen durante más de 25 años.


Sin embargo, también reconoció la complejidad del momento político. Admitió que desmantelar un aparato estatal que ha contado con el respaldo de aliados como Rusia e Irán será un proceso difícil y prolongado. “Nos esperan tiempos difíciles”, señaló, en una de las pocas frases que reflejó abiertamente los obstáculos que enfrenta la oposición venezolana.


Durante su intervención pública, Machado evitó detallar los contenidos de su reunión con Trump o las demandas específicas que planteó al mandatario estadounidense. En un aparente gesto de deferencia, afirmó que no consideraba necesario presionar al presidente con peticiones concretas sobre Venezuela.


“Creo que no necesito instar al presidente sobre cosas específicas”, dijo, una postura que contrastó con la expectativa de sectores opositores que esperaban un pronunciamiento más firme sobre la necesidad de elecciones libres, el desmantelamiento del aparato represivo o la liberación de presos políticos.


Trump, por su parte, ha hablado poco sobre un calendario electoral en Venezuela, aunque ha sido más explícito sobre su interés en reactivar la industria petrolera del país. Su administración impulsa planes para que compañías estadounidenses participen en la recuperación de la deteriorada infraestructura energética venezolana, afectada por años de sanciones, falta de inversión y mala gestión.


La estrategia de Washington combina incentivos económicos con presión política. Estados Unidos mantiene un bloqueo sobre el petróleo venezolano y ha amenazado con nuevas acciones militares para garantizar la cooperación del gobierno interino. Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses analizan la posibilidad de reabrir la embajada de Estados Unidos en Caracas, cerrada durante el primer mandato de Trump, como parte de un eventual restablecimiento de relaciones diplomáticas.


En ese contexto, Machado viajó a Washington con el objetivo de reactivar el apoyo internacional a la democracia venezolana que Trump había mostrado en el pasado. Durante su reunión en la Casa Blanca, le entregó al presidente la medalla del Premio Nobel de la Paz que recibió en 2025, un gesto simbólico que generó controversia, ya que el Instituto Nobel ha aclarado que el galardón no puede ser compartido ni transferido.


Trump, quien ha manifestado en repetidas ocasiones su interés en recibir el Nobel de la Paz, dijo que Machado le dejó la medalla para que él la conserve. “Creo que es una mujer estupenda”, afirmó el mandatario. “Y volveremos a hablar”.


Pese a los gestos diplomáticos, los esfuerzos de Machado no han logrado modificar de manera sustancial la percepción de la Casa Blanca de que Rodríguez es la figura más viable para liderar el país en esta etapa. Trump incluso ha cuestionado públicamente la capacidad de Machado para gobernar, asegurando que “no tiene el apoyo interno ni el respeto dentro del país”.


Estas declaraciones contrastan con el papel que Machado desempeñó antes de las elecciones presidenciales de 2024, cuando recorrió Venezuela movilizando a millones de ciudadanos cansados de más de dos décadas de gobierno de un solo partido. Tras ser inhabilitada para competir, un exdiplomático poco conocido, Edmundo González, ocupó su lugar en la boleta electoral. Aunque amplios sectores de la comunidad internacional consideraron creíble la evidencia de una victoria opositora, las autoridades electorales controladas por el chavismo proclamaron ganador a Maduro.


Tras los comicios, Machado se vio obligada a mantenerse en la clandestinidad, pero prometió continuar la lucha política hasta lograr la restauración de la democracia. Su reaparición pública en diciembre de 2025, cuando viajó a Noruega para recibir el Premio Nobel de la Paz, marcó su primera salida del país en más de una década.
Desde entonces, ha intensificado su actividad internacional, consciente de que el respaldo externo sigue siendo un factor clave para presionar por cambios en Venezuela. Sin embargo, su situación actual evidencia las limitaciones de esa estrategia cuando los intereses geopolíticos de Estados Unidos priorizan la estabilidad y el control energético por encima de una transición liderada por la oposición.


Machado insistió en que la sociedad venezolana no está fracturada por tensiones raciales, religiosas o regionales, y rechazó la idea de que su movimiento carezca de capacidad para ejercer autoridad sobre las fuerzas de seguridad. Aun así, admitió que reconstruir el país requerirá desmontar una estructura de poder profundamente arraigada.


Mientras tanto, la oposición venezolana enfrenta el desafío de mantener la cohesión interna y la legitimidad ante una comunidad internacional que observa con cautela los próximos pasos de Washington. Para muchos venezolanos, la promesa de una transición democrática sigue siendo una aspiración lejana, atrapada entre cálculos políticos, intereses económicos y decisiones tomadas fuera de sus fronteras.