Mundial bajo fuego en Jalisco


Por Redacción
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La violencia se desató tras un operativo del Ejército mexicano en el que fue abatido un alto líder del narcotráfico, identificado por autoridades como uno de los capos más influyentes del país. El hecho provocó bloqueos, incendios de vehículos y enfrentamientos en distintos puntos del área metropolitana, generando incertidumbre entre residentes y comerciantes.


Para Pérez, el episodio evidenció lo que considera una incapacidad gubernamental para garantizar servicios básicos y seguridad en una ciudad que en pocos meses recibirá a miles de visitantes extranjeros. “Si no pueden asegurar agua constante en algunas colonias, ¿cómo van a proteger un evento internacional?”, cuestionó.


México se prepara para ser coanfitrión del Mundial de 2026 junto con Estados Unidos y Canadá. Guadalajara, una de las principales ciudades del país, fue seleccionada como sede por su infraestructura deportiva y capacidad hotelera. Sin embargo, los recientes episodios de violencia han puesto bajo la lupa la estrategia de seguridad en la región.


Jalisco es considerado bastión del Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más poderosas de México. Durante años, el grupo ha mantenido una presencia dominante en el estado, disputando territorios y rutas de tráfico con otros cárteles y desafiando a las fuerzas federales.


Especialistas en seguridad advierten que los operativos contra líderes criminales suelen desencadenar reacciones violentas. Tras la muerte del capo, se reportaron incendios de vehículos en avenidas principales y disparos en zonas residenciales, escenas que contrastan con la imagen turística que las autoridades buscan proyectar de cara al Mundial.


Funcionarios estatales y federales han reiterado que el torneo contará con un amplio despliegue de seguridad. Han señalado que México tiene experiencia organizando eventos internacionales y que se implementarán protocolos especiales para proteger a visitantes y delegaciones deportivas.


Sin embargo, comerciantes y vecinos expresan dudas. El sector turístico depende en gran medida de la percepción de seguridad. Restaurantes, hoteles y pequeños negocios temen que imágenes de violencia circulando en medios internacionales afecten reservas y planes de viaje.


Analistas económicos sostienen que el Mundial representa una oportunidad para dinamizar la economía local, generar empleos temporales y atraer inversiones en infraestructura. Pero advierten que esos beneficios podrían verse opacados si no se controla la violencia.


Las autoridades mexicanas han defendido la estrategia de seguridad basada en operativos focalizados contra objetivos prioritarios del crimen organizado.

Argumentan que la captura o abatimiento de líderes debilita estructuras criminales a largo plazo, aunque reconocen que pueden producirse brotes de violencia inmediatos.


El gobierno estatal afirmó que los disturbios fueron contenidos en cuestión de horas y que no se registraron ataques directos contra instalaciones relacionadas con el Mundial. Además, subrayó que el estadio y las zonas turísticas cuentan con vigilancia permanente.


A nivel federal, funcionarios destacaron la coordinación con fuerzas armadas y cuerpos de inteligencia para prevenir nuevos incidentes. También señalaron que se trabaja en campañas para reforzar la confianza de turistas nacionales e internacionales.


No obstante, expertos en derechos humanos recuerdan que la militarización de la seguridad pública ha sido objeto de críticas en México. Organizaciones civiles han documentado casos de abusos y advierten que la estrategia debe acompañarse de fortalecimiento institucional, prevención social y combate a la impunidad.


En Guadalajara, la vida cotidiana continúa entre contrastes. Mientras brigadas municipales limpian restos de vehículos incendiados, hoteles promocionan paquetes especiales para el Mundial y restaurantes ajustan menús con la expectativa de un aumento de visitantes.


Pérez dice que quiere creer en el potencial del evento. Reconoce que el Mundial podría traer prosperidad a su negocio y a la ciudad. Pero insiste en que la seguridad no puede depender solo de operativos reactivos.


La situación en Jalisco refleja un dilema más amplio que enfrenta México: cómo equilibrar la proyección internacional de un país anfitrión de uno de los eventos deportivos más importantes del mundo con los desafíos persistentes del crimen organizado.


Con el reloj avanzando hacia 2026, autoridades federales y estatales enfrentan la presión de demostrar que pueden garantizar un entorno seguro para millones de aficionados. La expectativa es alta y la atención internacional, inevitable.


Mientras tanto, residentes como Pérez observan con cautela. Para ellos, el Mundial simboliza tanto una oportunidad como una prueba decisiva sobre la capacidad del Estado para recuperar espacios dominados por la violencia.