Real Madrid y Chelsea reanudan la Champions en una temporada marcada por despidos y apuestas de alto riesgo en los banquillos

Por Redacción
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Real Madrid y Chelsea, dos de las instituciones más influyentes del fútbol europeo, vuelven a escena con técnicos que debutan en el torneo continental bajo circunstancias complejas. Ambos clubes decidieron prescindir de entrenadores consolidados y apostar por figuras con escasa experiencia en el máximo nivel, una estrategia que mezcla urgencia, riesgo y la expectativa de un golpe de timón inmediato.


De los 36 equipos que participan en esta edición de la Champions League, 11 han cambiado de entrenador durante la temporada. Nueve de esos movimientos fueron despidos, una cifra que ilustra la volatilidad de los proyectos deportivos incluso en clubes con presupuestos multimillonarios y plantillas de élite. En ese contexto, la reanudación del torneo europeo no solo pone en juego puntos y clasificaciones, sino también la viabilidad de decisiones tomadas bajo presión institucional.


En el caso del Real Madrid, la salida de Xabi Alonso hace apenas una semana sorprendió por el momento elegido y por la situación deportiva del equipo. Aunque el club se encontraba séptimo en la tabla de la fase de liga de la Champions y aún con margen para asegurar su clasificación, la dirigencia optó por un cambio abrupto tras solo siete meses de gestión. La decisión reabrió el debate sobre la tolerancia al error en los grandes clubes y el peso simbólico del banquillo blanco.


El reemplazo fue Álvaro Arbeloa, exjugador del club y técnico con trayectoria limitada, que dirigirá apenas su tercer partido como entrenador principal cuando el Madrid reciba al Mónaco en el Santiago Bernabéu. Arbeloa asume el cargo con el antecedente inevitable de Zinedine Zidane, quien fue nombrado a mitad de temporada en enero de 2016 y condujo al club a una histórica racha de tres títulos consecutivos de la Liga de Campeones. Sin embargo, las comparaciones también subrayan lo excepcional de aquel caso y el alto riesgo que implica repetir la fórmula.


Chelsea, por su parte, continúa una dinámica de inestabilidad que ha caracterizado al club londinense en los últimos años. La directiva decidió prescindir de Enzo Maresca, el técnico que había llevado al equipo a conquistar el Mundial de Clubes, y nombró en su lugar a Liam Rosenior. El nuevo entrenador llega desde el Estrasburgo, club satélite del Chelsea dentro del mismo grupo propietario, donde había logrado un destacado desempeño en la Conference League.


Rosenior afrontará su debut en la Champions cuando el Chelsea reciba al Pafos de Chipre, otro club que también llega con nuevo técnico. La coincidencia de cambios en ambos banquillos añade un elemento de incertidumbre a un partido que, en otras circunstancias, podría parecer desigual en el papel. Sin embargo, en una temporada marcada por transiciones forzadas, la jerarquía histórica no siempre se traduce en estabilidad competitiva.


El fenómeno de los despidos no se limita a Madrid y Londres. Mónaco, rival del Real Madrid esta semana, destituyó a Adi Hütter en octubre y recurrió a Sébastien Pocognoli, quien había sido campeón de la liga belga con Union Saint-Gilloise. Pafos también cambió de entrenador luego de que el español Juan Carlos Carcedo dejara el cargo para regresar al Spartak de Moscú, siendo reemplazado por Albert Celades, exjugador del Real Madrid y con experiencia previa en selecciones juveniles de España.


Otros clubes históricos tampoco escaparon a la tendencia. Ajax, Atalanta, Benfica, Club Brujas, Juventus y Bayer Leverkusen figuran entre los equipos que decidieron cambiar de técnico en plena campaña. En el caso del Leverkusen, el despido de Erik ten Hag se produjo incluso antes del inicio formal de la Champions, evidenciando la fragilidad de los proyectos deportivos frente a resultados inmediatos.


Benfica protagonizó uno de los movimientos más llamativos al despedir a Bruno Lage apenas un día después de perder en casa ante Qarabag en su debut europeo. Su sustituto fue José Mourinho, dos veces campeón de la Champions, quien había sido despedido recientemente por el Fenerbahce tras quedar eliminado en la fase previa del torneo, precisamente ante el propio Benfica. El cruce de destinos subraya la circularidad del mercado de entrenadores en el fútbol de élite.


La lista de clubes en riesgo de seguir el mismo camino podría ampliarse pronto. Tottenham enfrenta una semana clave y no se descarta que se sume a los cambios antes de la última jornada de la fase de liga. En un torneo donde la clasificación directa a octavos de final exige regularidad y resultados sostenidos, cada partido adquiere un peso decisivo para la continuidad de los cuerpos técnicos.


En contraste con ese panorama de inestabilidad, algunos clubes destacan por su continuidad. Arsenal e Inter de Milán protagonizan el duelo de mayor perfil de la semana entre líderes de la Premier League y la Serie A, respectivamente. Ambos equipos han mantenido a sus entrenadores y muestran proyectos consolidados que se reflejan en el rendimiento europeo.


El Arsenal de Mikel Arteta es el único equipo que ha ganado sus seis partidos en la fase de liga hasta ahora. Su visita a San Siro revive el recuerdo de su única derrota en la edición pasada, cuando un penal de Hakan Çalhanoğlu fue decisivo a favor del Inter. Esta vez, los londinenses llegan con una plantilla más madura y con la ambición de confirmar su candidatura al título.


El Inter, dirigido por Cristian Chivu en su primera temporada al frente del equipo, tuvo un inicio sólido, pero sufrió tropiezos recientes ante Atlético de Madrid y Liverpool. El club italiano necesita evitar una tercera derrota consecutiva para mantenerse en la lucha por un lugar directo en los octavos de final. La temporada pasada, 16 puntos fueron suficientes para asegurar una plaza entre los ocho primeros y evitar la ronda de playoffs.


Más allá de los banquillos, la reanudación de la Champions también pone el foco en los desafíos logísticos del nuevo formato del torneo. Uno de los desplazamientos más llamativos de la semana será el del Manchester City, que deberá viajar al Círculo Ártico para enfrentar al Bodø/Glimt en Noruega.


El sorteo del calendario, realizado en agosto en el clima veraniego de Mónaco, dejó abierta una incógnita clave: qué equipo tendría que afrontar un partido en condiciones invernales extremas. La respuesta recayó en el Manchester City, campeón europeo de 2023, que jugará con temperaturas apenas por debajo del punto de congelación en un horario vespertino. Para Erling Haaland, delantero noruego del club inglés, el entorno no será desconocido, aunque sí exigente para un equipo acostumbrado a condiciones más templadas.


A diferencia de la tensión vivida en la temporada anterior, cuando el City necesitó ganar en la última jornada para clasificar a los playoffs, el conjunto inglés llega con mayor tranquilidad. Sus 13 puntos lo ubican cuarto en la tabla, en una posición favorable para avanzar sin sobresaltos.


El calendario también presenta particularidades para los clubes del extremo oriental de Europa. Qarabag y Kairat Almaty disputarán ambos partidos en casa esta semana debido a la diferencia horaria que impide que sean locales en la última jornada. La UEFA estableció que los 18 partidos del 29 de enero comiencen simultáneamente para garantizar la integridad deportiva, lo que supondría horarios poco razonables en regiones como Kazajistán.


Por esa razón, Kairat recibirá al Club Brujas en un horario temprano para los estándares europeos, mientras que Qarabag hará lo propio ante el Eintracht Frankfurt. Estas decisiones reflejan los ajustes necesarios en un torneo que busca equilibrio competitivo en un continente con múltiples husos horarios y realidades climáticas diversas.


En este contexto, la Champions League regresa no solo como una competencia deportiva, sino como un reflejo de las tensiones estructurales del fútbol moderno. La presión por resultados inmediatos, la rotación constante de entrenadores y la adaptación a un formato más extenso y exigente configuran un escenario en el que cada decisión puede tener consecuencias duraderas.


Para clubes como Real Madrid y Chelsea, la apuesta por técnicos novatos representa tanto una oportunidad como un riesgo considerable. El desenlace de estas decisiones comenzará a medirse esta semana, cuando la pelota vuelva a rodar y el margen de error se reduzca al mínimo en el torneo más prestigioso del fútbol europeo.