Tras la captura de Maduro, Trump lanza advertencias a la región y eleva la tensión con Colombia y México

Por Redacción
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Horas después del operativo militar que terminó con el arresto de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, el presidente Donald Trump defendió la acción y lanzó un mensaje directo a otros gobiernos de la región: lo ocurrido en Caracas podría repetirse en otros países si Washington considera que sus intereses están en riesgo.


“Esta operación exitosa debe servir como advertencia”, dijo Trump ante la prensa. “Lo que le pasó a Maduro le puede pasar a cualquiera que amenace la soberanía de Estados Unidos o ponga en peligro la vida de nuestros ciudadanos”.


Las declaraciones del mandatario, acompañadas de duras acusaciones de narcotráfico, narcoterrorismo y tráfico de armas contra el liderazgo venezolano —señalamientos que Caracas rechaza—, reavivaron el debate sobre hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos en el hemisferio occidental y qué pueden esperar países clave como Colombia y México.


El presidente estadounidense no limitó sus advertencias a Venezuela. Durante el fin de semana, Trump volvió a confrontar públicamente al presidente colombiano Gustavo Petro, con quien mantiene una relación tensa desde el inicio de su segundo mandato en enero de 2025. Trump aseguró que Petro “tiene que cuidarse” y lo acusó de permitir la existencia de fábricas de cocaína en Colombia.


Un día después, redobló el ataque al afirmar que Petro es “un hombre al que le gusta producir cocaína y venderla a Estados Unidos”, y añadió que esa situación “no va a durar mucho tiempo”.


Petro respondió de inmediato a través de la red social X, donde exigió a Trump que deje de “calumniarlo” y rechazó cualquier vínculo entre su gobierno y el narcotráfico. La Cancillería colombiana también emitió un comunicado en el que calificó las declaraciones del presidente estadounidense como inaceptables.


México tampoco quedó al margen. En una entrevista con Fox News, Trump describió a la presidenta Claudia Sheinbaum como “una buena mujer”, pero afirmó que está “muy asustada de los cárteles” y sugirió que Estados Unidos “tiene que hacer algo” ante la situación de seguridad en el país vecino.


Sheinbaum respondió el lunes durante su conferencia matutina al rechazar cualquier intervención extranjera. “Cooperación, sí; subordinación e intervención, no”, dijo, subrayando que México es un país soberano y que cualquier colaboración con Estados Unidos debe darse en términos de respeto mutuo.


Las declaraciones cruzadas alimentaron la incertidumbre sobre si Washington podría repetir una operación militar como la de Venezuela en otros países de la región.


Especialistas consultados por medios internacionales consideran poco probable que Estados Unidos lance en el corto plazo una acción militar directa en Colombia o México. Sin embargo, coinciden en que el precedente venezolano hace imposible descartar ese escenario durante el resto del mandato de Trump.


“La regla general con el presidente Trump es que las opciones nunca están fuera de la mesa”, afirmó Katherine Thompson, analista del Cato Institute. Según la experta, una intervención militar en países aliados representaría una escalada significativa para Estados Unidos, tanto por el costo en recursos como por el impacto político regional.


Renata Segura, directora del Programa para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, coincidió en que un ataque directo no es previsible en el corto plazo, pero sostuvo que los gobiernos de Petro y Sheinbaum “tienen razones para estar preocupados”.


En caso de una escalada, explicó Segura, el objetivo no sería capturar a los mandatarios —que no enfrentan órdenes de arresto en Estados Unidos, como sí ocurría con Maduro—, sino atacar infraestructuras vinculadas al narcotráfico.


“Lo que estamos viendo es la aplicación práctica de la doctrina de seguridad nacional que Trump presentó recientemente”, dijo Segura. “Esa doctrina deja claro que Estados Unidos considera a América Latina como su área de influencia y que no tendrá reparos en intervenir militarmente si lo estima necesario”.


Trump ha colocado el combate al narcotráfico en el centro de su política hacia la región, un enfoque que afecta de manera directa a Colombia y México, principales países de origen y tránsito de las drogas que llegan al mercado estadounidense.
Tensiones diplomáticas y límites difusos para la estrategia de EE.UU.


Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca para su segundo mandato, las relaciones con Colombia y México han atravesado momentos de fricción. Con Sheinbaum, el vínculo ha sido descrito por ambos gobiernos como respetuoso, aunque marcado por desacuerdos sobre migración, seguridad y soberanía.


Con Petro, la relación ha sido más conflictiva. Las diferencias se han profundizado por temas como política migratoria, aranceles y cooperación antidrogas, al punto de generar choques diplomáticos abiertos en los últimos meses.


Tras la captura de Maduro, Colombia y México se sumaron a un comunicado conjunto con Brasil, Chile, Uruguay y España en el que rechazaron el operativo estadounidense en Venezuela. El texto calificó la acción como un precedente “sumamente peligroso” para la paz y la seguridad regional, y advirtió sobre los riesgos para la población civil.


Pese a las críticas, Trump ha insistido en que actuó dentro de sus facultades legales y ha dejado claro que no piensa frenar su estrategia. Algunos gobiernos han planteado llevar el tema al Consejo de Seguridad de la ONU, aunque analistas consideran poco probable que de ese foro surja una medida capaz de limitar las acciones de Washington.


Para Segura, el principal factor que podría frenar nuevas operaciones militares no sería la presión internacional, sino la reacción de la opinión pública estadounidense. “Trump es un presidente muy sensible a cómo lo perciben los votantes”, dijo. “Si estas acciones empiezan a afectar su popularidad o a los republicanos en las elecciones, ahí sí podría haber un cambio”.


Thompson, por su parte, advirtió que el debate sobre la estrategia de Estados Unidos en el hemisferio apenas comienza. “No me preocuparía por mañana”, dijo, “pero en las próximas semanas y meses veremos una discusión más profunda sobre cuál es el verdadero plan de largo plazo de Washington para América Latina”.


La captura de Maduro, más allá de su impacto inmediato en Venezuela, ha abierto una etapa de incertidumbre regional en la que Colombia y México observan con cautela los próximos movimientos de un presidente estadounidense que ha demostrado estar dispuesto a cruzar líneas que antes parecían impensables.