Acusan a Trump de distorsionar la guerra entre México y Estados Unidos para justificar una política más agresiva en América Latina

Por Redacción
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El documento, publicado el lunes para conmemorar un aniversario más del conflicto armado entre ambos países, describe la guerra de 1846–1848 como una “legendaria victoria” que aseguró el suroeste de Estados Unidos, reafirmó su soberanía y expandió la promesa de independencia a lo largo del continente. El texto establece paralelismos entre ese episodio histórico y las actuales políticas del gobierno estadounidense, que, según el comunicado, buscan garantizar la seguridad del hemisferio.


“Guiado por nuestra victoria en los campos de México hace 178 años, no he escatimado esfuerzos para defender nuestra frontera sur contra la invasión, mantener el estado de derecho y proteger nuestra patria de las fuerzas del mal, la violencia y la destrucción”, señala el comunicado, que no está firmado y no menciona a México de manera directa como nación soberana.


La publicación generó reacciones inmediatas tanto en círculos académicos como políticos, al considerar que omite elementos fundamentales del contexto histórico, como el papel central de la esclavitud en la expansión territorial de Estados Unidos y las consecuencias devastadoras del llamado “Destino Manifiesto” para comunidades indígenas y poblaciones desplazadas.


Alexander Aviña, profesor de historia latinoamericana en la Universidad Estatal de Arizona, afirmó que el comunicado minimiza deliberadamente la violencia que acompañó la expansión territorial estadounidense hasta el Pacífico. Según el académico, el lenguaje utilizado busca presentar una guerra de conquista como un acto defensivo, alineado con la narrativa actual del gobierno de Trump.


“Este es un ejemplo bastante claro de imperialismo estadounidense contra su vecino del sur”, señaló Aviña. “Lo que hace el gobierno de Trump es abrazar ese capítulo como algo positivo y reinterpretarlo de forma históricamente imprecisa para justificar políticas contemporáneas”.


Aviña agregó que la retórica coincide con un momento en el que Washington ha intensificado su intervención en asuntos latinoamericanos, desde presiones diplomáticas hasta amenazas de acciones militares, particularmente contra México y otros países de la región.


Las críticas se multiplicaron en redes sociales, donde académicos y usuarios cuestionaron el tono triunfalista del comunicado y su aparente intento de normalizar una visión expansionista del pasado.


En México, la presidenta Claudia Sheinbaum fue consultada sobre el tema durante su conferencia matutina. La mandataria reaccionó con una sonrisa antes de subrayar la importancia de defender la soberanía nacional. “Hay que defender la soberanía siempre”, dijo, sin profundizar en el contenido del comunicado.


Sheinbaum mantiene una relación delicada con la Casa Blanca, marcada por tensiones en temas como migración, seguridad y cooperación regional. En ocasiones anteriores, ha respondido de forma moderada, aunque no exenta de ironía, a declaraciones del presidente Trump, como cuando el mandatario estadounidense rebautizó al Golfo de México como el “Golfo de Estados Unidos”.


La guerra entre México y Estados Unidos, librada entre 1846 y 1848, se originó en disputas fronterizas no resueltas y en la anexión de Texas por parte de Estados Unidos en 1845. En los años previos al conflicto, un número creciente de estadounidenses se había asentado en territorios que entonces pertenecían a México.


México había abolido la esclavitud, mientras que en Estados Unidos persistía un profundo debate sobre su expansión. Historiadores coinciden en que uno de los motores del conflicto fue el interés de sectores estadounidenses por adquirir nuevos territorios donde pudiera mantenerse el sistema esclavista.


Tras la derrota militar, México cedió más de 1.36 millones de kilómetros cuadrados de territorio, incluyendo áreas que hoy conforman Arizona, California, Nevada, Nuevo México, Utah, Texas y partes de Colorado. La cesión territorial transformó de manera definitiva el mapa político de América del Norte.


El conflicto también tuvo repercusiones internas en Estados Unidos. Texas se convirtió en un punto estratégico durante la Guerra Civil, y décadas más tarde el expresidente Ulysses S. Grant describió la guerra con México como “una de las más injustas jamás libradas por una nación más fuerte contra una más débil”.


La guerra dio origen, además, a la propia Associated Press, fundada cuando varios periódicos de Nueva York financiaron un sistema de mensajería para transmitir más rápidamente las noticias del frente.


A más de un siglo y medio de distancia, el conflicto sigue siendo un punto sensible en la relación bilateral. Cada vez que Trump sugiere la posibilidad de acciones militares contra cárteles mexicanos o presiona públicamente al gobierno mexicano, las referencias históricas resurgen como recordatorio de una herida aún abierta.


Albert Camarillo, profesor de historia en la Universidad de Stanford, describió el comunicado de la Casa Blanca como una versión “distorsionada, ahistórica e imperialista” de la guerra. A su juicio, el texto encaja con una estrategia más amplia del presidente Trump para moldear el lenguaje y la narrativa histórica del gobierno federal.


“El objetivo no es la precisión histórica, sino reforzar una visión de ‘Estados Unidos Primero’ que legitime decisiones de política exterior en todo el continente”, explicó Camarillo.


El académico señaló que el gobierno ha ordenado modificaciones en exhibiciones del Instituto Smithsonian, argumentando que busca “restaurar la verdad y la cordura” en la historia estadounidense. Al mismo tiempo, se han eliminado de sitios web oficiales documentos, registros y datos considerados incómodos, incluidos aquellos relacionados con la esclavitud, la destrucción de culturas indígenas y el cambio climático.


Trump también ha instruido a las agencias federales a retirar cualquier material que, según su criterio, “desacredite inapropiadamente” a figuras del pasado o del presente, una medida que historiadores consideran un intento de blanquear episodios clave de la historia nacional.


“Este comunicado va en línea con muchos otros esfuerzos por replantear la historia y borrar generaciones de estudios académicos”, afirmó Camarillo. “No se trata solo del pasado, sino de cómo se justifica el presente”.


Para analistas, el uso del pasado como herramienta política no es nuevo, pero advierten que el tono adoptado por la actual administración podría profundizar las tensiones con América Latina en un momento de alta sensibilidad regional.


Mientras tanto, el comunicado de la Casa Blanca continúa generando debate sobre los límites entre la memoria histórica, la narrativa oficial y el impacto que ambas pueden tener en la política exterior y en las relaciones entre Estados Unidos y sus vecinos del sur.