Por El Latino Newsroom
El fenómeno climático de El Niño comenzó oficialmente en el océano Pacífico ecuatorial, según confirmaron científicos estadounidenses, lo que incrementa las preocupaciones sobre un posible aumento de las temperaturas globales y una nueva ola de fenómenos meteorológicos extremos en distintas regiones del planeta.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó que las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico central y oriental han alcanzado niveles suficientes para declarar el inicio de este patrón climático natural, conocido por alterar los sistemas meteorológicos globales y elevar temporalmente la temperatura promedio del planeta.
Expertos advierten que este episodio podría convertirse en uno de los más intensos registrados en las últimas décadas. Si se combina con el calentamiento global provocado por las actividades humanas, existe el riesgo de que los años 2026 y especialmente 2027 registren temperaturas récord, además de impactos significativos sobre la agricultura, los recursos hídricos, la seguridad alimentaria y las economías de numerosos países.
Un fenómeno que llega tras el fin de La Niña
La declaración oficial de El Niño era ampliamente esperada por la comunidad científica. Durante los últimos meses, los meteorólogos observaron un rápido incremento de las temperaturas oceánicas tras la finalización de La Niña, el fenómeno opuesto que suele enfriar partes del Pacífico y moderar las temperaturas globales.
Según NOAA, las aguas superficiales del Pacífico tropical ya superan en más de medio grado Celsius el promedio histórico utilizado para identificar la llegada de El Niño.
Además, los especialistas detectaron cambios en los patrones de viento sobre el océano, una señal clave de que la atmósfera está respondiendo al calentamiento de las aguas y de que el fenómeno se encuentra plenamente establecido.
Lo que más llama la atención de los investigadores no es únicamente la aparición de El Niño, sino la confianza que muestran los modelos climáticos sobre su posible intensidad.
Las proyecciones más recientes indican una probabilidad del 63% de que el fenómeno alcance la categoría de “muy fuerte” entre finales de 2026 e inicios de 2027. De confirmarse este escenario, podría ubicarse entre los eventos más intensos observados desde mediados del siglo XX.
Los registros históricos muestran que los episodios de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 fueron los más potentes desde que comenzaron las mediciones modernas. Algunos modelos meteorológicos desarrollados en Estados Unidos y Europa incluso sugieren que las temperaturas del Pacífico tropical podrían elevarse más de tres grados Celsius por encima del promedio habitual, una cifra excepcional.
Sin embargo, los científicos subrayan que la intensidad del calentamiento oceánico no siempre se traduce de manera uniforme en impactos climáticos idénticos alrededor del mundo.
La NOAA ha recomendado prudencia al interpretar las proyecciones, señalando que incluso los episodios más fuertes pueden producir resultados distintos dependiendo de la región y de otros factores atmosféricos que interactúan simultáneamente.
Un planeta más cálido amplifica los riesgos
La preocupación principal de los expertos radica en que El Niño se desarrolla en un contexto de calentamiento global sin precedentes.
Durante las últimas décadas, la acumulación de gases de efecto invernadero ha elevado la temperatura promedio del planeta, creando una base térmica mucho más alta sobre la cual actúan fenómenos naturales como El Niño.
Adam Scaife, responsable de predicciones climáticas de mediano y largo plazo de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, explicó que la combinación de ambos factores podría producir niveles de calor nunca antes registrados.
“El actual fenómeno de El Niño se suma a un calentamiento global considerable”, señaló el científico.
De acuerdo con los especialistas, un evento intenso de El Niño suele incrementar la temperatura media global del aire alrededor de 0,2 grados Celsius debido a la liberación de calor acumulado en las aguas del Pacífico hacia la atmósfera.
Aunque esa cifra puede parecer pequeña, representa un impulso significativo cuando se añade a un planeta que ya experimenta temperaturas récord.
El año 2024 fue el más cálido registrado a nivel mundial, mientras que 2025 se ubicó entre los tres años más calurosos de la historia moderna, incluso después del efecto moderador asociado a La Niña.
Por ello, diversos investigadores consideran probable que los próximos meses marquen nuevos récords de temperatura global.
Las proyecciones apuntan a que 2027 podría superar nuevamente el umbral de 1,5 grados Celsius de calentamiento respecto a los niveles preindustriales, una referencia utilizada por la comunidad científica para evaluar los riesgos asociados al cambio climático.
Los efectos de El Niño suelen sentirse con especial intensidad en regiones tropicales y subtropicales.
En América del Sur, las inundaciones representan una amenaza recurrente para zonas del norte de Perú y el sur de Ecuador. En África Oriental también pueden registrarse lluvias más intensas, mientras que otras áreas enfrentan condiciones completamente opuestas.
Australia, Indonesia y partes del norte de Sudamérica suelen experimentar sequías más severas y un mayor riesgo de incendios forestales durante episodios fuertes de El Niño.
Estas condiciones pueden reducir las cosechas, afectar la producción de alimentos y provocar aumentos en los precios agrícolas a nivel internacional.
Los impactos también alcanzan a Centroamérica. Aunque El Niño suele disminuir la actividad de huracanes en el Atlántico, la reducción de las lluvias puede generar problemas para los sistemas agrícolas y aumentar el riesgo de sequías prolongadas.
Liz Stephens, profesora especializada en riesgos climáticos de la Universidad de Reading, señaló que una menor frecuencia de tormentas no necesariamente representa una ventaja para todos los países.
“Aunque esto pueda parecer positivo, para Centroamérica conlleva una reducción significativa de las precipitaciones y la posibilidad de sufrir sequías”, indicó.
Las consecuencias sociales podrían ser especialmente graves en comunidades que ya enfrentan condiciones climáticas adversas.
Mohamed Adow, director de la organización climática Power Shift Africa, advirtió que millones de personas podrían verse afectadas por pérdidas de cultivos, inseguridad alimentaria y mayores dificultades económicas.
“La declaración de un episodio de El Niño no es un simple pronóstico meteorológico más; para millones de personas representa una señal de alarma”, afirmó.
Mientras tanto, otras agencias meteorológicas internacionales continúan monitoreando la evolución del fenómeno.
La Agencia Meteorológica de Japón coincide con NOAA en que ya existen condiciones propias de El Niño y considera muy probable que persista durante los próximos meses.
Australia, por su parte, mantiene criterios más estrictos para realizar una declaración oficial y aún no ha confirmado formalmente el inicio del evento, aunque reconoce que el Pacífico tropical se encuentra acercándose rápidamente a los umbrales necesarios.
Los científicos recuerdan que El Niño aparece de forma natural cada dos a siete años y suele durar aproximadamente doce meses. Aunque todavía no existe evidencia concluyente de que el cambio climático esté aumentando la frecuencia de estos episodios, sí existe consenso en que un planeta más cálido amplifica sus consecuencias y aumenta los riesgos asociados a eventos extremos.
Con el océano Pacífico calentándose rápidamente y los modelos climáticos proyectando una elevada intensidad, los próximos meses serán observados de cerca por gobiernos, agricultores, organismos de emergencia y científicos de todo el mundo que intentan prepararse para los posibles impactos de uno de los fenómenos climáticos más influyentes del planeta.
