Por Max Vásquez
redaccion@latinocc.com
La Copa del Mundo de 2026, que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, enfrenta una creciente ola de enojo entre aficionados de distintos países por el alto precio de los boletos, la falta de claridad en la asignación de asientos y el uso de tarifas dinámicas que, para muchos, han convertido al torneo en uno de los más excluyentes de la historia reciente.
El malestar tiene cifras contundentes y no es para menos, la Football Supporters Europe (FSE), sostiene que un aficionado que quiera seguir a su selección desde el inicio de la fase de grupos hasta una eventual final tendría que pagar al menos $6,900 dólares a través de asignaciones oficiales de federaciones y clubes de seguidores, una cantidad que representa casi cinco veces el costo equivalente en el Mundial de Qatar 2022.
Así, para una familia de cuatro personas, el gasto sólo por las entradas mas económicas podría acercarse a los $30,000 dólares.
La final del 19 de julio en el área de Nueva York-Nueva Jersey concentra buena parte de la molestia. FSE y Euroconsumers denunciaron ante la Comisión Europea que el boleto más barato para ese partido arrancó en 4,185 dólares, unas siete veces más que la entrada más económica para la final de Qatar 2022.
Esta semana el boleto más barato en el sitio de la FIFA cuesta ya más de $15 mil dólares, por lo que FSE y Euroconsumers sostienen que esos precios no solo rompen con precedentes recientes, sino que alejan a una parte importante de la afición tradicional.
Es por ello que la vía legal ya entro al campo, puesto que hace sólo un par de semanas la FSE y Euroconsumers presentaron una denuncia ante la Comisión Europea en la que acusan a la FIFA de abusar de su posición dominante en la venta de entradas. Entre sus principales reclamos figuran la publicidad engañosa, la tarificación dinámica, la falta de transparencia sobre la ubicación de los asientos y reglas de venta que consideran opacas para el consumidor.
ENGAÑADOS
Uno de los casos que mejor ilustra ese desencanto es el de Aaron Levinson, un aficionado del Galaxy de Los Ángeles que llevaba años esperando asistir al Mundial en casa.
Después de pagar alrededor de $1,700 dólares por cada boleto de cuatro que compró en una de las categorías más económicas disponibles, además de casi $250 dólares por estacionamiento, descubrió semanas más tarde que sus asientos estaban muy lejos del campo, en una esquina del nivel superior del SoFi Stadium.
Su frustración no fue solo por el precio, sino por no saber de antemano exactamente dónde se sentaría.
Ese caso no parece aislado, ya que much@s aficionad@s han denunciado que la FIFA vendió boletos por categorías sin especificar con claridad la ubicación exacta de los asientos.
Cuando finalmente se revelaron, much@s compradores descubrieron que incluso entradas de categorías altas correspondían a zonas lejanas o esquinas, mientras que localidades más cercanas al campo se ofrecieron después a precios todavía mayores.
La FIFA ha defendido el sistema argumentando que todos recibieron asientos acordes con la categoría adquirida o superiores, y que las nuevas opciones de primera fila formaron parte de una fase posterior de ventas.
La controversia también golpea la promesa de accesibilidad que suele acompañar a cada Mundial.
Los grupos de aficionados sostienen que la FIFA anunció boletos desde 60 dólares para la fase de grupos, pero que esas entradas estuvieron prácticamente agotadas antes de que la venta se abriera al público general.
En su denuncia, piden congelar los precios en niveles previamente anunciados y obligar a la FIFA a transparentar cuántos boletos quedan realmente disponibles por categoría antes de cada nueva fase de venta.
A eso se suma otro dato que alimenta la preocupación: todavía quedaban entradas disponibles para más de un tercio de los partidos de la fase de grupos y varios paquetes de hospitalidad seguían sin vender, pese al discurso optimista del controversial presidente de la FIFA, Gianni Infantino, sobre la demanda general del torneo.
Ese dato ha llevado a much@s aficionad@s a preguntarse si el precio excesivo podría terminar afectando incluso la ocupación de algunos estadios.
La FIFA, sin embargo, sostiene que la demanda sigue siendo fuerte.
Reuters reportó en diciembre que el organismo recibió cinco millones de solicitudes en las primeras 24 horas de una de sus fases de venta, con peticiones provenientes de más de 200 países y territorios, si embargo ahora parece indicar que las cifras eran falsas.
El enojo ha alcanzado también la esfera política en Estados Unidos, donde decenas de legisladores pidieron a la FIFA revisar el modelo de precios y recordaron la promesa de un torneo “inclusivo”, mientras en algunas sedes también crecieron las críticas por el costo del transporte y el estacionamiento.
Para much@s hinchas, el problema ya no se limita al boleto: asistir a un partido del Mundial 2026 puede implicar gastos adicionales que disparan aún más una experiencia que antes estaba al alcance de muchas más familias.
Para la FIFA, la apuesta parece ser que la demanda terminará acomodándose a la oferta.
Para miles de aficionados alrededor del mundo, en cambio, el torneo ya comenzó dejando una sensación amarga: la de que el Mundial más grande de la historia también puede convertirse en uno de los más difíciles de vivir desde la tribuna.
