Por Redacción
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Un creciente cuerpo de evidencia científica apunta a los efectos perjudiciales de los alimentos ultraprocesados en la salud, y un nuevo estudio suma una preocupación adicional: su posible relación con el aumento de grasa dentro de los músculos, un factor asociado a debilidad muscular y enfermedades articulares.
Investigadores analizaron imágenes por resonancia magnética de personas con riesgo de osteoartritis de rodilla y encontraron que quienes consumían mayores cantidades de alimentos ultraprocesados presentaban niveles significativamente más altos de grasa intramuscular, independientemente de su ingesta calórica total.
La imagen de uno de los casos estudiados —una mujer de 62 años cuya dieta consistía en un 87 % de alimentos ultraprocesados— mostraba un patrón similar al marmoleo de la carne, con vetas de grasa infiltradas entre las fibras musculares. Según los expertos, este tipo de acumulación puede tener consecuencias importantes para la salud.
“La dieta de esta participante consistía principalmente en cereales fríos, dulces de chocolate o barras de caramelo, refrescos regulares o bebidas azucaradas embotelladas”, explicó la doctora Zehra Akkaya, autora principal del estudio e investigadora en la Universidad de California en San Francisco.
El impacto silencioso en los músculos y las articulaciones

La presencia de grasa dentro del músculo no es solo un hallazgo visual. Diversos estudios han demostrado que esta infiltración puede interferir con la función muscular, debilitando las fibras e impidiendo su regeneración adecuada.
“Las células grasas debilitan los músculos al actuar como un obstáculo para el crecimiento”, explicó Akkaya. Esta condición no solo reduce la fuerza física, sino que también puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades como la osteoartritis de rodilla, una de las afecciones articulares más comunes en el mundo.
Los músculos del muslo desempeñan un papel clave en la estabilidad de la rodilla. Cuando pierden fuerza o calidad, aumenta el estrés mecánico sobre la articulación, especialmente en personas con sobrepeso u obesidad.
“Los músculos del muslo son cruciales para la estabilidad de la articulación de la rodilla, y cualquier pérdida de fuerza o tono puede aumentar el estrés mecánico sobre la articulación”, señaló Akkaya.
El estudio analizó a 615 personas con una edad promedio de 60 años y un índice de masa corporal (IMC) cercano al sobrepeso. Ninguno de los participantes presentaba signos iniciales de osteoartritis, lo que hace aún más preocupante el hallazgo: la degradación muscular puede comenzar antes de que aparezcan síntomas clínicos evidentes.
Otra participante del estudio, de 61 años, cuya dieta incluía aproximadamente un 29 % de alimentos ultraprocesados, también mostró signos de grasa intramuscular, aunque en menor grado. Este contraste refuerza la relación entre el consumo de estos productos y la calidad muscular.
“Fue especialmente preocupante porque estas personas, escaneadas en un momento en que no presentaban signos de osteoartritis de rodilla, ya mostraban una calidad muscular comprometida”, añadió Akkaya.
Más allá de las calorías: el rol de los ultraprocesados
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la cantidad total de calorías consumidas no fue el principal factor determinante en la acumulación de grasa muscular. En cambio, la calidad de los alimentos —específicamente el grado de procesamiento— parece desempeñar un papel clave.
“A lo largo del estudio, cuanto más alimentos ultraprocesados consumía una persona, más grasa intramuscular tenía en los músculos del muslo, independientemente de la ingesta calórica”, afirmó el doctor Thomas Link, coautor del estudio y profesor de radiología musculoesquelética.
Los alimentos ultraprocesados incluyen productos industriales con múltiples ingredientes, como aditivos, conservantes, azúcares añadidos y grasas refinadas. Entre ellos se encuentran refrescos, snacks empaquetados, comidas listas para calentar, dulces y muchos productos etiquetados como “convenientes” o “rápidos”.
Más del 50 % de las calorías consumidas por adultos en Estados Unidos proviene de este tipo de alimentos, una cifra que aumenta a más del 60 % en niños, según datos de salud pública.
La doctora Miriam Bredella, experta en radiología y metabolismo que no participó en el estudio, advirtió que la acumulación de grasa en los músculos no se limita a una sola parte del cuerpo.
“Es un proceso sistémico, por lo que no ocurre solo en el muslo. Puedes observar otros músculos, como las pantorrillas, los hombros y el abdomen, y se verán similares”, explicó.
Bredella también destacó que una menor calidad muscular puede tener implicaciones graves en diferentes contextos clínicos.
“Si estás hospitalizado, la debilidad muscular aumenta el tiempo de estancia. Si te sometes a una cirugía, es un predictor negativo de los resultados”, dijo. “En pacientes con cáncer, por ejemplo, aumenta las complicaciones quirúrgicas y la recurrencia del tumor”.
Aunque el estudio no establece una relación causal directa, los expertos coinciden en que la asociación es lo suficientemente fuerte como para justificar cambios en los hábitos alimenticios.
Cómo mejorar la salud muscular y reducir riesgos
A pesar de los hallazgos preocupantes, los especialistas subrayan que es posible revertir o mejorar la calidad muscular mediante cambios en el estilo de vida, especialmente en etapas tempranas.
“Si tienes infiltración grasa en el músculo y comienzas a hacer ejercicio y a comer de forma saludable, definitivamente puedes mejorar la calidad muscular”, aseguró Bredella.
El ejercicio físico, particularmente el de bajo impacto, es clave. Actividades como el uso de máquina elíptica, entrenamiento de fuerza y ejercicios específicos para piernas pueden fortalecer los músculos sin dañar las articulaciones.
“No recomendamos ejercicios de alto impacto porque pueden dañar la articulación de la rodilla. Los ejercicios de bajo impacto son los mejores”, indicó Link.
Entre los ejercicios recomendados se encuentran las sentadillas contra la pared, subir escalones, elevaciones de pierna y levantamientos de talones, todos orientados a fortalecer los músculos que rodean la rodilla.
En cuanto a la alimentación, los expertos aconsejan priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados, como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. También recomiendan leer cuidadosamente las etiquetas de los productos y evitar aquellos con listas largas de ingredientes artificiales.
“Los músculos necesitan suficiente proteína, pero recurrir a barras de proteína ultraprocesadas y suplementos no es la solución”, advirtió Bredella. “Muchas de estas barras están llenas de azúcar y no son realmente saludables, a pesar de lo que dicen sus etiquetas”.
Reducir el consumo de bebidas azucaradas, preparar comidas en casa y optar por opciones naturales al comer fuera son medidas simples que pueden marcar una diferencia significativa en la salud a largo plazo.
El estudio se suma a una creciente evidencia que vincula los alimentos ultraprocesados con diversas enfermedades crónicas, incluyendo obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y depresión. Ahora, la posible relación con la calidad muscular abre una nueva línea de preocupación para la salud pública.
Aunque aún se requieren más investigaciones para comprender completamente el impacto de estos alimentos en el organismo, los expertos coinciden en que reducir su consumo es una decisión clave para proteger no solo el peso corporal, sino también la funcionalidad y la calidad de vida a largo plazo.
