Por Redacción
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Un número creciente de ciudadanos de Estados Unidos está explorando la posibilidad de obtener la ciudadanía de Canadá, impulsado por cambios recientes en la legislación canadiense y por un clima político que muchos describen como cada vez más incierto.
La tendencia ha cobrado fuerza tras una reforma legal que amplió significativamente los criterios de elegibilidad, permitiendo a millones de estadounidenses con ascendencia canadiense reclamar la ciudadanía, incluso si esa conexión se remonta a varias generaciones.
El aumento en las solicitudes refleja no solo un interés migratorio tradicional, sino también una estrategia preventiva. Para muchos solicitantes, la ciudadanía canadiense representa una opción de respaldo ante posibles escenarios de inestabilidad política, económica o social en Estados Unidos.
Cambios legales abren la puerta a millones
La expansión del acceso a la ciudadanía se produjo tras una decisión judicial que invalidó restricciones previas en la ley canadiense, específicamente la conocida como “regla de la primera generación”, que limitaba la transmisión de ciudadanía a hijos nacidos fuera del país.
Con la reforma, ahora es posible heredar la ciudadanía a través de una línea familiar más amplia, incluyendo abuelos o incluso ancestros más lejanos, siempre que se pueda demostrar la continuidad del vínculo.
Este cambio ha tenido un impacto inmediato en la demanda. Expertos en inmigración reportan un aumento sostenido en las consultas desde finales de 2024, un fenómeno que, según especialistas, no tiene precedentes recientes.
Cassandra Fultz, consultora de inmigración con sede en Ottawa, indicó que su volumen de casos provenientes de Estados Unidos se multiplicó por diez, pasando de alrededor de 10 solicitudes mensuales a cerca de 100.
“Normalmente el interés aumenta después de elecciones y luego disminuye. Pero esta vez no ha bajado. Se ha mantenido constante”, explicó.
Datos oficiales también reflejan esta tendencia. Las solicitudes de documentos históricos necesarios para probar ascendencia canadiense, como certificados de nacimiento, matrimonio o defunción, se han disparado en instituciones archivísticas.
Actualmente, el tiempo de procesamiento para solicitudes de ciudadanía ronda los 10 meses, con decenas de miles de casos en espera.
Motivaciones: entre identidad, oportunidades y temor

Las razones detrás de este aumento son diversas. Para algunos, se trata de reconectar con sus raíces familiares o acceder a oportunidades educativas y laborales en Canadá. Sin embargo, para otros, el impulso es claramente político.
El regreso al poder del presidente Donald Trump ha sido un factor clave para muchos solicitantes, especialmente aquellos que expresan preocupación por la polarización, la violencia política o cambios en políticas migratorias y de seguridad.
Ellen Robillard, residente del estado de Nueva York, decidió iniciar el proceso tras años de considerar la opción. Su madre nació en Canadá, lo que ahora le permite acceder a la ciudadanía junto a su hijo.
Robillard afirma que la decisión está motivada en parte por el entorno político actual y por experiencias personales, incluyendo amenazas en redes sociales relacionadas con su activismo político.
“Ya no reconozco mi mundo”, señaló, describiendo un creciente sentimiento de desilusión.
Otros casos reflejan preocupaciones más amplias sobre seguridad y estabilidad. Rachel Rabb, ciudadana estadounidense que reside en América Latina, comenzó a investigar su ascendencia canadiense tras la reelección de Trump.
Rabb, quien tiene ascendencia afroamericana y europea, expresó temor por la violencia racial y la inseguridad, factores que influyeron en su decisión de considerar a Canadá como una posible alternativa.
“Es un momento muy aterrador”, afirmó, señalando que incluso personas que no son inmigrantes pueden ser blanco de discriminación o violencia.
Ciudadanía “por si acaso”
A pesar del aumento en solicitudes, muchos de los interesados no planean mudarse de inmediato. En cambio, buscan asegurar la ciudadanía como una medida preventiva.
Especialistas describen este fenómeno como una estrategia de “plan B”, en la que los solicitantes desean mantener abierta la posibilidad de trasladarse en caso de que las condiciones en Estados Unidos se deterioren.
“Muchas personas solo quieren tener la opción disponible”, explicó Fultz.
Esta tendencia también incluye a quienes tienen motivaciones culturales o personales. Algunos estadounidenses buscan fortalecer su conexión con su herencia canadiense, aprender más sobre la historia de sus familias o integrarse en comunidades con raíces compartidas.
Timothy Beaulieu, residente de New Hampshire, descubrió su ascendencia franco-canadiense en la adultez y ha desarrollado un fuerte vínculo con la cultura del país. Ha viajado a varias regiones de Canadá y participa activamente en iniciativas culturales.
Para él, la ciudadanía no responde a una crisis política, sino a un sentido de identidad.
Debate en Canadá sobre la reforma
El aumento en solicitudes también ha generado debate dentro de Canadá. Algunos ciudadanos han expresado preocupación por la posibilidad de que personas con vínculos lejanos obtengan ciudadanía sin una conexión directa con el país.
Críticos argumentan que esto podría beneficiar a extranjeros con menos compromiso con Canadá, mientras que inmigrantes que residen y trabajan en el país enfrentan procesos largos y complejos..
Sin embargo, expertos legales subrayan que la reforma responde a una decisión judicial que consideró inconstitucional la legislación anterior por ser discriminatoria.
El cambio también ha permitido restituir la ciudadanía a los llamados “canadienses perdidos”, personas que la habían perdido o nunca la obtuvieron debido a normas antiguas.
“Un canadiense es un canadiense”, afirmó Fultz, destacando que la ley busca garantizar igualdad en el acceso a la ciudadanía.
El aumento sostenido en solicitudes podría tener implicaciones tanto para Canadá como para Estados Unidos. Por un lado, Canadá podría beneficiarse de la llegada de profesionales altamente calificados. Por otro, el fenómeno refleja una creciente inquietud entre sectores de la población estadounidense.
Analistas señalan que esta tendencia podría mantenerse si persisten las tensiones políticas y sociales, especialmente de cara a futuras elecciones y decisiones de política interna.
Mientras tanto, para muchos solicitantes, el objetivo no es abandonar su país de inmediato, sino prepararse para un futuro incierto.
“Es simplemente saber que tengo una opción”, resumió Robillard.
