Por Redacción
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Las largas filas en los aeropuertos de Estados Unidos comenzaron a disminuir este lunes luego de que miles de trabajadores de la Administración de Seguridad del Transporte empezaran a recibir pagos atrasados tras más de un mes sin salario, en medio del cierre parcial del gobierno federal.
Durante las últimas semanas, pasajeros en distintos aeropuertos enfrentaron tiempos de espera de hasta cuatro horas debido a la escasez de personal. Sin embargo, la situación empezó a mejorar a medida que más agentes regresaron a sus puestos tras recibir compensaciones pendientes.
En el Aeropuerto Intercontinental George Bush, uno de los más afectados, los tiempos de espera se redujeron a unos 75 minutos en la madrugada del lunes. Aunque todavía por encima de lo habitual, la cifra representa una mejora significativa frente a las demoras registradas días antes.
En otras ciudades importantes como Nueva York, Los Ángeles y Washington, las filas disminuyeron a menos de 30 minutos e incluso a apenas unos minutos en algunos puntos de control. En el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles y el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington, los pasajeros lograron pasar seguridad en menos de 10 minutos.
El cambio coincide con el inicio del pago retroactivo a unos 61.000 empleados de la TSA, quienes habían acumulado más de 1.000 millones de dólares en salarios no pagados desde el inicio del cierre parcial del gobierno el 14 de febrero. La falta de ingresos obligó a muchos trabajadores a ausentarse o buscar empleos alternativos, lo que agravó el caos en los aeropuertos.
Un agente en Houston explicó que el pago recibido le permitirá cubrir necesidades básicas como alimentos, combustible y medicamentos. Otros empleados esperan ponerse al día con alquileres atrasados para evitar desalojos.
A pesar de la mejora, persisten dudas sobre la estabilidad del sistema. Algunos trabajadores informaron que aún no han recibido la totalidad de sus salarios, mientras que otros cuestionan si los próximos pagos se realizarán con normalidad.
Además, la TSA enfrenta una reducción permanente de personal. Alrededor de 500 empleados han renunciado desde el inicio del cierre gubernamental, lo que podría afectar la capacidad operativa en el corto plazo.
Datos del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos muestran que el ausentismo también ha disminuido. Mientras más de 3.500 agentes faltaron al trabajo en días recientes, esa cifra bajó a cerca de 2.800 durante el fin de semana, lo que contribuyó a aliviar la presión en los controles de seguridad.
Sin embargo, expertos advierten que el impacto del cierre podría prolongarse. En el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta, uno de los más transitados del mundo, las autoridades dejaron de publicar tiempos de espera y recomendaron a los viajeros llegar con hasta cuatro horas de anticipación, pese a que las filas parecían más cortas.
Representantes sindicales señalaron que el pago retroactivo no resuelve los problemas estructurales que enfrenta la agencia. “Nuestras finanzas están arruinadas”, dijo un líder sindical, al describir el impacto económico que han sufrido miles de empleados tras semanas sin ingresos.
El presidente Donald Trump ordenó recientemente reanudar los pagos sin esperar la aprobación del Congreso, en un intento por aliviar la crisis operativa en los aeropuertos. No obstante, el episodio ha vuelto a poner en evidencia la vulnerabilidad de los trabajadores federales durante los cierres gubernamentales.
Aunque las condiciones mejoran, autoridades y expertos coinciden en que la normalización total del sistema aeroportuario podría tardar semanas, dependiendo de la estabilidad laboral y financiera de la fuerza laboral de seguridad.
