¿Puede México reducir su dependencia económica de Estados Unidos en medio de tensiones políticas?


Por Redacción
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Actualmente, cerca del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, lo que equivale a ocho de cada diez dólares que México obtiene por ventas al exterior. Esta concentración ha reavivado el debate sobre la necesidad de diversificar la economía, especialmente bajo el contexto de políticas proteccionistas impulsadas por el presidente Donald Trump y su presión en temas como migración y seguridad.


La discusión cobra relevancia en un momento clave: la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), un acuerdo que representa cerca del 30% del producto interno bruto global y que será renegociado para adaptarse a nuevas realidades económicas y geopolíticas.


La dependencia económica entre México y Estados Unidos no es reciente. Se trata de una relación construida a lo largo de siglos, desde conflictos territoriales en el siglo XIX hasta la consolidación de Estados Unidos como potencia global en el siglo XX.


En distintos momentos históricos, esta relación ha generado tensiones dentro de México. Episodios como la Revolución Mexicana, la expropiación petrolera de 1938 y el levantamiento zapatista de 1994 reflejan, en parte, una resistencia a lo que sectores consideran una subordinación económica y política frente a su vecino del norte.


Sin embargo, en las últimas décadas, la integración se ha profundizado. El auge de las cadenas de suministro y fenómenos como el nearshoring —que ha llevado a empresas globales a instalarse en México para estar cerca del mercado estadounidense— han incrementado la dependencia, incluso cuando la diversificación se vuelve más urgente.


Además del comercio, otros factores refuerzan esta interdependencia. Las remesas enviadas por millones de mexicanos desde Estados Unidos superaron los US$61.000 millones en 2025, convirtiéndose en una fuente clave de ingresos. Asimismo, una parte importante de la deuda externa mexicana está denominada en dólares, lo que amplifica su exposición a la economía estadounidense.


Para la presidenta Claudia Sheinbaum, el desafío consiste en equilibrar esta relación sin comprometer el crecimiento económico ni la estabilidad financiera del país, especialmente frente a un socio comercial dominante.


Expertos coinciden en que reducir la dependencia de Estados Unidos es deseable, pero complejo. La cercanía geográfica, la integración industrial y el tamaño del mercado estadounidense hacen difícil una desvinculación significativa en el corto plazo.


Algunas propuestas apuntan a fortalecer sectores estratégicos en los que México podría volverse indispensable para Estados Unidos. Esto incluye la producción de minerales críticos como el litio, la fabricación de insumos farmacéuticos y el desarrollo de industrias agrícolas de alto valor.


Otra estrategia se centra en el fortalecimiento del mercado interno. Impulsar el consumo, la inversión productiva y los servicios permitiría diversificar las fuentes de crecimiento económico y reducir la vulnerabilidad ante fluctuaciones externas.


En este contexto, el llamado “Plan México” impulsado por el gobierno busca atraer inversiones por más de US$277.000 millones y generar alrededor de 1,5 millones de empleos. Entre sus objetivos destacan la sustitución de importaciones, el fortalecimiento de cadenas productivas nacionales y el desarrollo de mercados regionales.


A nivel internacional, México también explora nuevas alianzas comerciales. Acuerdos con la Unión Europea y su participación en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) abren oportunidades para diversificar exportaciones hacia Asia y otros mercados.


Sin embargo, especialistas advierten que más que una relación de dependencia absoluta, existe una interdependencia. Estados Unidos también depende de México para exportar productos agrícolas y manufacturas, lo que limita su margen de maniobra.


La renegociación del TMEC será clave para definir el rumbo de esta relación. En su primer mandato, Trump accedió a renovar el acuerdo pese a sus críticas, pero su postura actual, más proteccionista, genera incertidumbre sobre posibles cambios en las reglas comerciales.


Para México, el reto será negociar condiciones más equilibradas sin afectar una relación que, pese a sus tensiones, sigue siendo fundamental para su economía.