Tras ataques iraníes a infraestructura energética, Israel evita escalar conflicto mientras suben los precios del petróleo


Por Redacción
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Los ataques, en represalia por una ofensiva israelí contra un importante yacimiento de gas iraní, han impulsado los precios del combustible y tensado aún más el suministro mundial de energía, ya afectado por la incertidumbre en torno al estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo global.


El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que su país no atacará nuevamente el yacimiento de gas iraní, tras una solicitud del presidente estadounidense Donald Trump, en un aparente intento por evitar una mayor escalada.


Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, tras acciones conjuntas de Estados Unidos e Israel, varios altos líderes iraníes han muerto en ataques aéreos y, según autoridades israelíes, las capacidades militares de Irán se han visto significativamente reducidas, aunque estas afirmaciones no han sido verificadas de forma independiente.


La ofensiva iraní ha alcanzado instalaciones clave en países del Golfo, incluidos Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, lo que provocó condenas generalizadas y advertencias sobre una “peligrosa escalada” por parte de la Liga Árabe.


Autoridades saudíes informaron que una refinería en la ciudad portuaria de Yanbu, en el mar Rojo, fue alcanzada por drones iraníes. Arabia Saudí había comenzado a redirigir exportaciones de petróleo hacia esa zona para evitar el estrecho de Ormuz, lo que subraya la vulnerabilidad de las rutas energéticas.


En Qatar, uno de los mayores exportadores de gas natural licuado del mundo, misiles iraníes impactaron instalaciones en Ras Laffan, causando daños extensos y afectando la capacidad de suministro incluso a futuro.


También se reportaron ataques a refinerías en Kuwait y operaciones de gas en Abu Dabi, mientras que embarcaciones en la región sufrieron daños, incluyendo un buque incendiado frente a las costas de Emiratos Árabes Unidos.


En Israel, múltiples oleadas de misiles iraníes obligaron a millones de personas a refugiarse, causando daños en infraestructura, incluida una refinería en la ciudad de Haifa, aunque sin víctimas significativas reportadas.


El impacto económico fue inmediato. El crudo Brent superó brevemente los 119 dólares por barril, con un aumento de más del 60% desde el inicio del conflicto, mientras los precios del gas natural en Europa se han duplicado en el último mes.


El conflicto ha intensificado la retórica y las acciones militares en ambos bandos. El gobierno estadounidense ha señalado como objetivos la degradación del programa nuclear y las capacidades de misiles de Irán, así como la eliminación de altos mandos militares.


El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, insinuó que más líderes iraníes podrían ser blanco de ataques, particularmente miembros de la Guardia Revolucionaria y la fuerza Basij.


Por su parte, el general Dan Caine indicó que fuerzas estadounidenses continúan operaciones en territorio iraní, incluyendo ataques a instalaciones subterráneas y operaciones navales en el estrecho de Ormuz.


Irán, ahora bajo el liderazgo del hijo del fallecido líder supremo, mantiene su capacidad de lanzar misiles y drones, y ha prometido continuar sus ataques. El presidente iraní advirtió sobre “consecuencias incontrolables” tras el bombardeo israelí al yacimiento de gas South Pars, una de las principales fuentes energéticas del país.


En Washington, Donald Trump aseguró que Estados Unidos no desplegará tropas terrestres en Irán, pero advirtió que responderá con fuerza si continúan los ataques contra infraestructura energética en la región.


El costo humano del conflicto sigue aumentando. Más de 1.300 personas han muerto en Irán desde el inicio de la guerra, mientras que en Israel se han reportado al menos 15 fallecidos por ataques con misiles. En Líbano, los enfrentamientos han desplazado a más de un millón de personas, en medio de ataques contra el grupo Hezbollah.


Además, al menos 13 militares estadounidenses han muerto, y el Pentágono ha solicitado aproximadamente 200.000 millones de dólares adicionales para financiar las operaciones, reflejando la magnitud creciente del conflicto.