Curiosidades que agrandan la leyenda de los Mundiales


Por El Latino Newsroom
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Desde Uruguay 1930 hasta Qatar 2022, los Mundiales han dejado marcas que parecen imposibles de repetir. La primera edición, por ejemplo, se jugó completa en una sola ciudad: Montevideo.


Los 18 partidos se disputaron en tres estadios de la capital uruguaya, una realidad muy distinta a la magnitud del Mundial 2026, que será organizado por México, Estados Unidos y Canadá.


También en 1930 llegó el primer gol mundialista. Lo marcó el francés Lucien Laurent, a los 19 minutos del partido entre Francia y México.


Fue apenas uno de sus dos goles con la selección francesa, pero le bastó para quedarse con un lugar eterno en la historia del torneo.


Entre las historias más curiosas aparece Giuseppe Meazza, capitán de Italia, quien en 1938 convirtió un penal ante Brasil en semifinales después de que, según la leyenda, se le cayeran los pantalones cortos durante la carrera.


Italia ganó ese partido y luego derrotó a Hungría en la final 2-1.


La Segunda Guerra Mundial también dejó su huella en la historia del torneo.


Después de Francia 1938, la Copa del Mundo tuvo una pausa de 12 años porque no se disputaron las ediciones de 1942 y 1946.


El Mundial regresó hasta Brasil 1950, con una de las historias más famosas: el “Maracanazo”.


Alemania y Argentina protagonizan el enfrentamiento más repetido en finales de Copa del Mundo.


Se midieron por el título en 1986, 1990 y 2014, con dos triunfos alemanes y uno argentino.
Es una rivalidad que atraviesa generaciones y resume buena parte de la historia moderna del torneo.


Europa es el continente más ganador, con 12 títulos repartidos entre cinco selecciones, mientras que América acumula 10 coronas entre Brasil, Argentina y Uruguay.


Entre los récords goleadores, pocos nombres pesan tanto como Just Fontaine.


El delantero francés anotó 13 goles en Suecia 1958, la mayor cantidad para un futbolista en una sola Copa del Mundo.


Lo hizo, además, en su única participación mundialista, lo que vuelve su marca todavía más impresionante.


Brasil aparece una y otra vez en la memoria de los Mundiales.


Es el único país que ha participado en todas las ediciones del torneo y también el máximo campeón, con cinco títulos.


La historia también tiene capítulos curiosos fuera de la cancha.


El Trofeo Jules Rimet fue robado en Inglaterra en 1966, antes del Mundial, y recuperado una semana después por un perro llamado Pickles durante un paseo con su dueño.


Años más tarde, en 1983, el trofeo volvió a ser robado en Brasil y nunca fue recuperado.
En asistencia, el partido más multitudinario sigue siendo el famoso “Maracanazo” de 1950.


Más de 173,000 personas asistieron al Maracaná para ver a Uruguay vencer 2-1 a Brasil, aunque se cree que la cifra real pudo acercarse a 200,000.


En el extremo contrario, apenas unas 300 personas acudieron en 1930 al partido entre Rumanía y Perú.


Los Mundiales también han sido escenario de longevidad y juventud.


Norman Whiteside, de Irlanda del Norte, es el jugador más joven en disputar un partido mundialista, con 17 años y 41 días en España 1982.


En el otro extremo está el egipcio Essam El-Hadary, quien jugó en Rusia 2018 con 45 años, convirtiéndose en el futbolista de mayor edad en la historia del torneo.


Entre las curiosidades históricas, Indonesia, bajo el nombre de Indias Orientales Neerlandesas, es el país con menos partidos mundialistas: solo jugó uno, en 1938, y cayó 6-0 ante Hungría.


Sudáfrica, por su parte, sigue siendo el único anfitrión que no logró superar la fase de grupos, en 2010.


El Mundial también ha cambiado con el tiempo.


En 2002, Corea del Sur y Japón organizaron la primera Copa del Mundo compartida entre dos países.


Qatar 2022 también dejó dos curiosidades: fue el primer Mundial jugado en invierno y contó con el primer estadio desmontable, el Estadio 974, construido con contenedores.


En 2026, la historia dará otro salto: será la primera organizada por tres naciones.


Cada récord cuenta una parte de la misma historia: la del torneo donde caben goles imposibles, estadios llenos, héroes inesperados y leyendas inmortales.


Por eso la Copa del Mundo no se agota en el marcador, también vive en esos datos que, con el paso de los años, se vuelven parte de la memoria universal del futbol.