Del Imperio romano a Nueva Orleans: así cambia el roscón de Reyes en el mundo


Por Redacción
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El origen de este postre es común y se remonta a la antigua Roma, donde una sencilla torta marcaba el final del invierno y celebraba el renacer de la luz. Siglos después, el dulce sobrevivió a cambios religiosos, conquistas y migraciones, hasta convertirse en una tradición global que aún resiste la creciente popularidad del panetone italiano.


El antecedente del roscón se encuentra en las Saturnales, fiestas paganas celebradas en la antigua Roma entre el 17 y el 23 de diciembre en honor al dios Saturno. Durante esos días, se rompían las jerarquías sociales: los esclavos gozaban de libertad temporal y se compartían tortas redondas elaboradas con ingredientes sencillos como higos, dátiles, miel y calabaza.


Hacia el siglo III, se incorporó una haba seca en el interior del dulce. Quien la encontraba era considerado afortunado y, según algunas crónicas, podía librarse de trabajar durante el resto de las festividades. Con la expansión del cristianismo en el siglo IV, estas celebraciones paganas fueron desapareciendo, y el dulce quedó relegado en gran parte de Europa.


La tradición resurgió siglos después, asociada a la Epifanía del Niño Jesús el 6 de enero. En Francia, el roscón no solo sobrevivió, sino que se refinó y se integró en las mesas de la nobleza. En España, llegó con la corte de Felipe V en el siglo XVIII, influenciada por la gastronomía francesa, y se consolidó como uno de los símbolos más reconocibles de las fiestas navideñas.


En España, el roscón de Reyes se elabora con una masa dulce tipo bollo, aromatizada con cítricos y agua de azahar, y decorada con frutas confitadas, azúcar y almendras. Tradicionalmente no llevaba relleno, aunque desde finales del siglo XX se popularizaron versiones con nata, trufa, mazapán o cabello de ángel. En su interior se esconden un haba seca y una figurita: quien encuentra el haba paga el roscón y quien halla la figura es coronado rey o reina.


En Francia, la versión más común es la galette des Rois, un hojaldre relleno de frangipane, una crema de almendras, sin agujero central. Dentro se esconde una fève o haba, y la tradición dicta que el comensal más joven se coloque bajo la mesa para asignar las porciones al azar, evitando favoritismos.


Italia ofrece su propia variante con la focaccia della Befana, típica del Piamonte. Este dulce, de masa similar al brioche, recuerda la leyenda de la Befana, una anciana que reparte regalos a los niños el día de Reyes. Suele decorarse con azúcar y frutos secos y mantiene la costumbre de esconder un haba o una figurita como símbolo de buena fortuna.


En Portugal, el bolo Rei es muy similar al roscón español, pero incorpora vino de Oporto para aromatizar la masa. Introducido a finales del siglo XIX, el dulce sobrevivió incluso a la abolición de la monarquía en 1910, a pesar de su nombre real. Se consume durante toda la temporada navideña y mantiene la tradición de penalizar a quien encuentra el haba con la compra del roscón del año siguiente.


Con la colonización española, la tradición del roscón cruzó el Atlántico y se adaptó a los ingredientes y costumbres locales. En México, la rosca de Reyes es uno de los símbolos gastronómicos más importantes del calendario. Aunque su masa es similar a la española, se decora con costrones de azúcar y mantequilla, frutas secas y, tradicionalmente, acitrón, un dulce elaborado con la pulpa de la biznaga, un cactus hoy protegido por ley.


En lugar del haba, la rosca mexicana esconde figuras del Niño Jesús. Quien la encuentra se convierte en su padrino y asume el compromiso de organizar la celebración del Día de la Candelaria el 2 de febrero, donde se comparten tamales y atole, una bebida de origen prehispánico hecha a base de maíz.


En Estados Unidos, la tradición se mantiene viva en Nueva Orleans con el King Cake, una herencia directa de la influencia francesa en Luisiana. Este roscón, elaborado a partir de un rollo de canela, se cubre con azúcar glas de colores púrpura, verde y dorado, que simbolizan justicia, fe y poder. En su interior se oculta una figurita de un bebé, y quien la encuentra debe organizar la siguiente celebración del Mardi Gras o comprar el próximo pastel.


En los últimos años, el panetone italiano ha ganado terreno en mercados como España y América Latina, impulsado por la globalización gastronómica y la innovación de pasteleros artesanos. Sin embargo, datos de asociaciones del sector indican que el roscón de Reyes mantiene su liderazgo como el dulce más consumido en torno al 6 de enero.


En España, se estima que cada temporada se consumen alrededor de 30 millones de roscones, más de uno por hogar. Además, su consumo se ha desestacionalizado y ya no se limita exclusivamente a la víspera de Reyes, una señal de que la tradición, lejos de desaparecer, continúa adaptándose a los nuevos hábitos de consumo.


Desde una torta romana compartida entre campesinos hasta un pastel multicolor en Nueva Orleans, el roscón de Reyes sigue siendo un símbolo de celebración, comunidad y herencia cultural. Más allá de sus variantes, mantiene intacto su significado: reunirse alrededor de la mesa para cerrar el ciclo de las fiestas y dar la bienvenida a un nuevo año.