Estudio vincula algunos conservantes alimentarios con un mayor riesgo de cáncer y reabre el debate sobre los aditivos


Por El Latino Newsroom


La investigación, publicada en la revista médica The BMJ, analizó datos de aproximadamente 100.000 participantes de la cohorte francesa NutriNet-Santé, una de las mayores bases de datos sobre alimentación y salud en Europa. Los investigadores siguieron a los participantes durante un promedio de siete años y medio para evaluar los efectos de diversos conservantes presentes en alimentos de consumo cotidiano.


Los resultados muestran asociaciones entre una mayor ingesta de ciertos aditivos y un incremento modesto en el riesgo de cáncer en general, así como de cáncer de mama y próstata. Entre los conservantes señalados se encuentran el sorbato potásico, el metabisulfito potásico, el nitrito sódico, el nitrato potásico, el ácido acético y el eritorbato sódico.


Los autores enfatizaron que el estudio es observacional y que, por tanto, no demuestra una relación causal directa. Sin embargo, sostienen que los hallazgos justifican nuevas investigaciones para determinar con mayor precisión el impacto de estos compuestos en la salud humana.


Aunque el aumento del riesgo observado fue relativamente pequeño, los investigadores consideran que podría tener importancia desde una perspectiva de salud pública debido a la exposición masiva de la población.


Según los datos analizados, el riesgo absoluto de desarrollar cáncer a los 60 años sería de aproximadamente 13,3 % entre quienes consumen mayores cantidades de conservantes, frente a 12,1 % entre quienes presentan una menor exposición. Esto equivale a unos 12 casos adicionales por cada 1.000 personas.


Expertos que acompañaron la publicación mediante un editorial destacaron la calidad metodológica del estudio, pero insistieron en que los resultados deben interpretarse con cautela debido a que otros factores podrían influir en las asociaciones observadas.


Aun así, señalaron que las conclusiones coinciden con evidencia previa que sugiere beneficios de priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados.


Los investigadores evaluaron 58 conservantes distintos, muchos de ellos identificados por los conocidos códigos europeos que comienzan con la letra “E”.


Entre ellos se encuentran los sorbatos, utilizados para evitar el crecimiento de hongos y levaduras; los sulfitos, comunes en vinos y productos procesados; y los nitratos y nitritos, empleados frecuentemente en carnes curadas y embutidos.


Uno de los principales desafíos para los científicos fue separar el posible efecto de los conservantes del impacto asociado a los alimentos que los contienen. Por ejemplo, las carnes procesadas ya han sido vinculadas anteriormente con un mayor riesgo de cáncer, independientemente de los aditivos que incorporan.


Pese a ello, el análisis detectó asociaciones consistentes que merecen seguimiento, especialmente en el caso de los nitratos y nitritos, sustancias que pueden transformarse en el organismo en nitrosaminas, compuestos considerados potencialmente cancerígenos.


El estudio clasificó los conservantes en dos grandes categorías.


Por un lado, los conservantes no antioxidantes, diseñados para impedir el crecimiento de microorganismos, mostraron las asociaciones más claras con el aumento del riesgo de cáncer. En este grupo se incluyen sorbatos, sulfitos, nitratos, nitritos y acetatos.


Por otro lado, los conservantes antioxidantes, cuya función principal es evitar la oxidación de los alimentos, no mostraron una relación significativa con el cáncer en términos generales.


La principal excepción fue el eritorbato sódico (E316), utilizado habitualmente para mantener el color de productos cárnicos procesados como salchichas, embutidos y hamburguesas, que sí apareció asociado con una mayor incidencia de cáncer.


Especialistas consultados por diversos medios científicos consideran que los hallazgos podrían impulsar nuevas evaluaciones regulatorias sobre algunos conservantes.


No obstante, recuerdan que muchos de estos aditivos desempeñan funciones esenciales para la seguridad alimentaria. En algunos casos ayudan a prevenir el crecimiento de bacterias peligrosas, incluyendo microorganismos responsables de enfermedades graves como el botulismo.


Por ello, los expertos advierten que cualquier cambio regulatorio deberá equilibrar los posibles riesgos asociados al consumo prolongado de ciertos conservantes con los beneficios que aportan para la conservación y seguridad de los alimentos.


Mientras continúan las investigaciones, los especialistas recomiendan mantener patrones alimentarios basados en alimentos frescos, frutas, verduras, legumbres y productos mínimamente procesados, siguiendo modelos como la dieta mediterránea.


También aconsejan revisar las etiquetas nutricionales y limitar el consumo frecuente de productos ultraprocesados, una recomendación respaldada por numerosos estudios sobre salud pública.


Los investigadores concluyen que sus resultados representan una señal de alerta que merece atención científica, aunque subrayan que aún se requieren más estudios para confirmar si algunos conservantes contribuyen directamente al desarrollo del cáncer.