​Investigación en Oregon evalúa la responsabilidad penal de los padres tras mortífero tiroteo escolar en Bend

​Por El Latino Newsroom

​Bajo las leyes vigentes en el estado de Oregon, es ilegal que cualquier persona menor de 18 años posea un arma de fuego, salvo excepciones estrictas. Sin embargo, el atacante logró armarse con una escopeta de corredera y decenas de cartuchos antes de irrumpir en el recinto escolar. La tragedia dejó un saldo desgarrador de cuatro personas muertas —tres niños y una maestra— antes de que el agresor fuera abatido a tiros en el lugar por el padre de un alumno. Durante el ataque, otro estudiante y un docente resultaron lesionados.

​El jefe del Departamento de Policía de Bend, Mike Krantz, declinó ofrecer detalles específicos sobre el rastreo del armamento, limitándose a precisar que los hallazgos forman parte de una “investigación criminal en curso”. No obstante, fuentes policiales cercanas a la investigación confirmaron que el arma utilizada en la agresión había sido comprada originalmente por la madre del adolescente.

​Especialistas en derecho penal coinciden en que los investigadores locales están siguiendo la pauta establecida en procesamientos recientes a nivel nacional. “Sin duda, esto podría derivar en una situación como la que hemos visto recientemente en los últimos años en Georgia y también en Michigan, donde algunos padres han sido acusados penalmente”, señaló Andrew McCabe, analista sénior de las fuerzas del orden. La prioridad de los agentes se centra en esclarecer el nivel de custodia sobre el armamento y el conocimiento previo de la familia sobre los riesgos que representaba el menor.

​Asimismo, la analista de seguridad nacional Juliette Kayyem enfatizó que los fiscales enfocarán sus esfuerzos en resolver preguntas clave de negligencia. “¿Cómo tuvo acceso a las armas? ¿Qué sabían los padres?”, cuestionó Kayyem, al subrayar que el patrón de investigación buscará determinar si existió omisión en la custodia del equipo mortífero.

​El caso de Bend se suma a una tendencia legal en crecimiento en Estados Unidos que busca expandir los límites de la responsabilidad penal parental para prevenir futuras tragedias en centros educativos. Precedentes recientes en Michigan y Georgia han demostrado que los progenitores pueden ser condenados a severas penas de prisión si se comprueba una negligencia grave en la supervisión de armamento y en la atención a la salud mental de sus hijos.

​En Michigan, James y Jennifer Crumbley, padres del autor de un tiroteo escolar cometido a los 14 años, fueron declarados culpables de homicidio involuntario y condenados a penas de entre 10 y 15 años de prisión. De manera similar, en Georgia, Colin Gray —padre del joven de 14 años Colt Gray— fue hallado culpable de homicidio y sentenciado a 15 años de cárcel tras comprobarse que le compró un rifle estilo AR-15 a su hijo a pesar de que el menor había sido investigado previamente por las autoridades debido a amenazas en línea.

​La fiscalía en esos juicios argumentó con éxito que regalar armas o dejarlas sin asegurar a menores con inestabilidad emocional constituye negligencia criminal. Al referirse al veredicto contra Gray, el fiscal del distrito del condado de Barrow, Brad Smith, enfatizó ante los medios que “este juicio versó sobre las acciones, las decisiones y la responsabilidad de este acusado”.

​En la actualidad, otro caso similar se encuentra pendiente en Wisconsin, donde Jeffrey Rupnow, de 44 años, enfrenta tres cargos por delitos graves por permitir presuntamente que su hija de 15 años tuviera acceso libre a armas de fuego antes de perpetrar un ataque escolar. Para los fiscales de la nación, impulsar estas imputaciones busca enviar una señal contundente sobre el almacenamiento seguro de armamento en los hogares.

​En el ámbito local de Oregon, los agentes judiciales han comenzado a reconstruir la historia previa del atacante, identificado por las autoridades como Griffin J. John II, de 16 años. El sospechoso era un antiguo alumno con necesidades especiales de la escuela Silver Rail. Años atrás, la madre del menor ofreció declaraciones a un medio televisivo local destacando que su hijo requería integrarse a programas especializados diseñados para niños con “desafíos conductuales y de habilidades sociales intensivos”, expresando en ese momento que “será estupendo para mi hijo recibir la ayuda que necesita de los profesores cualificados”.

​Tras el tiroteo, las fuerzas de seguridad ejecutaron una orden de registro e incautaron computadoras y dispositivos electrónicos en la residencia familiar para extraer datos e historial de navegación. Paralelamente, los padres del adolescente han prestado declaración e interactuado de manera colaborativa con los detectives a cargo del caso.

​Abordada brevemente por los medios de comunicación en las afueras de su residencia, la madre del joven manifestó que no detectaron señales de alerta previas que anticiparan el desenlace violento y se negó a detallar la forma en que el menor tomó el arma. “Lo siento muchísimo, ojalá hubiera podido hacer algo. Lamento su pérdida”, declaró visiblemente consternada.

​Desde el punto de vista estrictamente legal, adquirir un arma de fuego no constituye una falta por sí sola. La exfiscal de Chicago y agente especial del FBI, Katherine Schweit, aclaró que “la compra, en sí misma, no es necesariamente impropia”. Por ello, la fiscalía necesitará reunir elementos probatorios sólidos sobre la conducta del entorno familiar.

​Para sostener una acusación formal por homicidio o negligencia, la investigación deberá comprobar que los adultos conocían la vulnerabilidad del menor y que, pese a dicho conocimiento, facilitaron o descuidaron el acceso al arma. Como concluyó el analista Andrew McCabe, “son cosas difíciles de probar a posteriori. Así que tendremos que ver qué resultados arroja la investigación”.