De Santa Bárbara a Mammoth Lakes y Oakland, atravesando Yosemite y regresando por las carreteras de California, la nueva pickup deportiva de Ford demostró que su menor altura no es una extravagancia de diseño: transforma la manera en que se conduce.
Por Carlos Hernández
redaccion@latinocc.com
A más de 6,000 pies de altura, con una curva cerrada apareciendo detrás de otra y el precipicio recordando que aquello no era una autopista, la Ford Maverick Lobo comenzó a explicar por qué Ford decidió acercar una pickup al suelo en lugar de levantarla.
Habíamos dejado atrás Santa Bárbara, Ventura, Valencia, Palmdale, Bishop y Mammoth Lakes. Ahora atravesábamos el Parque Nacional Yosemite rumbo al Área de la Bahía, y aquella pickup negra cargada con cuatro personas y el equipaje de unas vacaciones estaba enfrentando la parte más demandante de una prueba que terminaría acumulando más de 400 millas.
En algunos tramos de montaña, las curvas podían tomarse hasta alrededor de 50 mph cuando las condiciones lo permitían.
La Maverick Lobo entraba, se apoyaba y cambiaba de dirección sin la inclinación de carrocería que normalmente asociamos con una pickup.
La sensación desde el volante era casi contradictoria: uno veía una caja en el espejo retrovisor, pero el vehículo se comportaba mucho más cerca de un crossover deportivo.
Ese fue el momento en que la Lobo sobrepasó mis expectativas.
UNA PICKUP QUE SE PEGA AL PAVIMENTO

Nuestra Maverick Lobo 2026 llegó en Shadow Black, con doble cabina, motor 2.0 litros EcoBoost, tracción integral y una configuración mecánica desarrollada específicamente para darle un carácter más deportivo.
Ford redujo la altura de manejo y modificó suspensión y dirección. Además, la Lobo utiliza una unidad trasera de doble embrague, modos de manejo seleccionables y paletas de cambio detrás del volante. La ficha de nuestra unidad confirma también los rines negros de aluminio de 19 pulgadas.
Nada de eso tendría demasiado valor si solamente funcionara bien durante 20 minutos en una carretera sinuosa.
Esta prueba duró dos semanas.
Desde Santa Bárbara tomamos la US-101 hacia Ventura y después la 126 rumbo a Santa Clarita y Valencia.
El recorrido continuó hacia Palmdale para incorporarnos al corredor de la Highway 14 y posteriormente a la US-395, que nos llevó por Bishop hasta Mammoth Lakes.
Ese cambio constante de carreteras resultó ideal para evaluar la Maverick Lobo.
En las vías grandes y abiertas mantuvo sin esfuerzo velocidades de entre 65 y 80 mph.
A 70 o 75 mph, la dirección se siente firme y este pickup permanece estable, sin requerir pequeñas correcciones constantes para conservar la trayectoria.
A 80 mph, donde las condiciones de tránsito lo permitieron, tampoco apareció esa ligereza de dirección que puede restar confianza en algunos vehículos altos, la Lobo simplemente se asentaba sobre el pavimento.
Y después llegaron los ascensos.
DE LA 395 A LA SIERRA

La US-395 permitió exigir otra parte de su personalidad.
Con cuatro ocupantes y equipaje, el motor turboalimentado de 2.0 litros nunca transmitió la impresión de estar trabajando al límite durante los ascensos.
La entrega de potencia es progresiva y suficiente para recuperar velocidad después de reducir el ritmo o realizar un adelantamiento cuando hay espacio y condiciones seguras.
Aquí también comienza a entenderse la ventaja de no conducir una pickup grande.
La Maverick mide lo suficiente para ofrecer una cabina funcional y una caja útil, pero no obliga al conductor a administrar constantemente su volumen.
En carreteras estrechas resulta fácil determinar dónde están las ruedas, cuánto espacio queda hacia el centro del camino y cuánto margen existe del lado contrario.
Después de centenares de millas, esa característica disminuye la fatiga.
YOSEMITE FUE EL EXAMEN
Desde Mammoth Lakes continuamos hacia Lee Vining para entrar a Yosemite por Tioga Pass y cruzar el parque rumbo al Oeste, allí desaparecieron las largas rectas.
La Highway 120, conocida dentro del parque como Tioga Road, atraviesa uno de los terrenos más espectaculares y exigentes del recorrido.
Hay cambios de elevación hasta llegar a los 9,000 pies de altura, curvas consecutivas, zonas estrechas y sectores donde la atención no puede abandonarse ni por un instante, porque se va al filo de picos de más de 8 mil pies de altura.
Fue también el mejor escenario para comprobar la puesta a punto de la Lobo.
Al entrar en una curva, la parte delantera responde inmediatamente a la dirección.
La carrocería se inclina poco y, al volver al acelerador, la camioneta recupera velocidad sin sentirse lenta o forzada esto gracias al paquete LOBO, ya que recordemos que es un paquete inspirado en uno de los autos modificados de la película Gast and the Furious.
Es así como también su centro de gravedad bajo se convirtió aquí en una ventaja real, no en una especificación para la publicidad.
En curvas que permitían velocidades cercanas a las 50 mph, incluso por encima de los 6,000 pies de elevación, la Lobo se mantuvo sorprendentemente neutral.
No había que esperar a que la carrocería terminara de asentarse antes de preparar la siguiente curva, eso creánme que genera confianza.
No estamos hablando de conducir Yosemite como una pista, una carretera pública jamás debe tratarse así, sino de evaluar cómo responde un vehículo cuando la topografías del camino exige frenarlo, hacerlo girar, estabilizarlo y volver a acelerar repetidamente durante millas.
MANEJABILIDAD CONFIRMADA
Después de Mammoth, Yosemite y Oakland todavía quedaba el recorrido de regreso, para entonces ya habíamos acumulado suficientes horas como para encontrar esas pequeñas deficiencias que rara vez aparecen durante una prueba corta, pero la Maverick Lobo continuó sorprendiendo.
La suspensión deportiva es firme, como corresponde a su planteamiento, aunque no llegó a convertirse en un castigo después de varias horas.
Esa es una distinción importante. Ford consiguió controlar los movimientos de la carrocería sin convertirla en una pickup incómoda para viajar.
También apareció una cualidad menos emocionante, pero fundamental en 1,500 millas sobre todo en esta crisis económica que vive el país: el consumo.
La etiqueta EPA de esta unidad establece 24 mpg combinadas, 21 mpg en ciudad y 30 mpg en carretera.
En un recorrido de semejante distancia, su eficiencia resultó una de las sorpresas de la prueba de manejo y sin lugar a dudas una de las características principales de este modelo Ford.
La Lobo permite mantener ritmos normales de autopista sin que su motor turbo y sistema de tracción integral, conviertan cada parada en una visita obligatoria a la gasolinera.
VACACIONES EN LA CAMA
La otra mitad de esta prueba viajaba detrás de nosotros, éramos cuatro personas.
La doble cabina ofreció el espacio necesario para que una familia de cuatro pudiera realizar un recorrido de varios días sin convertir el asiento trasero en extensión del área de carga.
Las cuatro maletas y otros artículos de vacaciones fueron en la cama, u aquí un accesorio aparentemente sencillo terminó siendo indispensable.
Nuestra unidad llevaba una cubierta rígida plegable para la caja, con precio de $1,260. Cerrada, permitió utilizar la cama prácticamente como una enorme cajuela exterior.
El equipaje permaneció contenido y cubierto, y no tuvimos que recurrir constantemente a amarres para impedir que las pertenencias se desplazaran o quedaran expuestas.
La Lobo logra así algo difícil en muchos modelos durante el día podía disfrutarse en una carretera de montaña y con un desempeño más al de un sedán potente, pero al detenernos, seguía siendo la pickup que transportaba las vacaciones de cuatro personas con más que suficiente espacio.
UNA CABINA PARA RECORRER MILLAS

Adentro, nuestra unidad incorporaba asientos ActiveX en Navy Pier y Black Onyx, pantalla central de 13.2 pulgadas, cuadro digital de 8 pulgadas, SYNC 4, módem 5G, acceso inteligente con encendido por botón y almacenamiento debajo de la banca trasera.
Los asientos con emblema LOBO incrustado y costura en amarillo, merecen atención porque una evaluación real cambia después de tres o cuatro horas continuas, ofreciendo buen soporte sin obligarnos a buscar constantemente una posición diferente.
La visibilidad hacia adelante es amplia y las dimensiones compactas ayudan especialmente en estacionamientos, y carreteras donde una pickup de tamaño completo comienza a sentirse innecesariamente grande.
Nuestra Maverick Lobo estaba equipada con Ford Co-Pilot360 Assist 2.0, además de asistencia de precolisión con frenado automático de emergencia, cámara de reversa, monitoreo de presión de neumáticos y el sistema de bolsas de aire Safety Canopy.
Durante los largos tramos por la US-101, Highway 126, Highway 14 y US-395, donde mantuvimos velocidades de entre 65 y 80 mph según las condiciones y límites de cada carretera, este tipo de asistencia cobra especial importancia.
Después de varias horas al volante, una advertencia ante un vehículo que reduce repentinamente la velocidad al frente puede proporcionar esos instantes adicionales que permiten reaccionar; si el conductor no responde a tiempo, el sistema de precolisión está diseñado para apoyar con frenado automático de emergencia.
El monitoreo de presión de los neumáticos también adquiere otro significado en un recorrido de esta magnitud.
Después de cientos de millas, cambios de temperatura y ascensos desde prácticamente el nivel del mar hasta zonas superiores a los 6,000 pies, conocer el estado de las llantas desde el vehículo aporta tranquilidad antes de continuar hacia el siguiente tramo.
Y ese quizá sea el aspecto más acertado del paquete de seguridad de la Lobo: la tecnología acompaña sin quitar protagonismo al manejo.
HECHA EN HERMOSILLO
La Maverick Lobo tiene además una conexión mexicana importante.
Nuestra unidad fue ensamblada en Hermosillo, Sonora, su precio base es de $41,425 y llevaba, entre otros extras, techo corredizo eléctrico, cubierta rígida de caja, rines negros de 19 pulgadas y revestimiento de cama.
Con opciones y el cargo de destino de $1,845, el precio sugerido de la unidad probada alcanza los $46,020.
A ese precio, la Lobo deja de ser simplemente una pickup compacta económica, tiene que justificar la diferencia con algo más.
Después de 1,500 millas, lo hizo.
