Por Redacción
Redaccion@latinocc.com
La escalada del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel ha entrado en una nueva fase de tensión, marcada por amenazas directas contra objetivos civiles y un impacto creciente en la economía global. Funcionarios iraníes advirtieron que “sitios recreativos y turísticos” podrían convertirse en blancos, mientras el país asegura que continúa produciendo misiles pese a semanas de ataques aéreos.
Las declaraciones se producen casi tres semanas después del inicio de la guerra, el 28 de febrero, cuando fuerzas estadounidenses e israelíes comenzaron una ofensiva contra instalaciones militares, energéticas y nucleares iraníes. Desde entonces, los combates han causado la muerte de altos líderes políticos y militares en Teherán y han debilitado partes clave de su infraestructura estratégica.
A pesar de ello, autoridades iraníes sostienen que mantienen capacidad ofensiva. El portavoz militar Abolfazl Shekarchi advirtió que los enemigos de Irán ya no podrán considerarse seguros en espacios públicos, lo que ha elevado el temor a posibles ataques fuera del Medio Oriente, una táctica que el país ha utilizado en el pasado a través de actores aliados.
Mientras tanto, el gobierno israelí, encabezado por Benjamin Netanyahu, afirma haber destruido gran parte de la fuerza aérea iraní y debilitado significativamente su marina. Sin embargo, Teherán rechaza estas afirmaciones y asegura que su producción de misiles continúa “sin problemas”, incluso en condiciones de guerra.
La incertidumbre también rodea el liderazgo iraní tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei en un ataque aéreo al inicio del conflicto. Su sucesor, Mojtaba Jamenei, ha mantenido un perfil bajo, aunque recientemente emitió un mensaje en el que llamó a privar de “seguridad” a los adversarios del país.
Ataques a infraestructura energética elevan tensión regional
En paralelo, Irán ha intensificado sus ataques contra instalaciones energéticas en países del Golfo Pérsico. Este viernes, drones impactaron la refinería de Mina Al-Ahmadi en Kuwait, una de las más grandes de la región, provocando incendios y afectando su capacidad operativa.
Otros incidentes se reportaron en Bahréin y Arabia Saudí, donde se interceptaron drones dirigidos a zonas petroleras. En Dubái, explosiones sacudieron la ciudad cuando sistemas de defensa aérea respondieron a proyectiles en pleno Eid al-Fitr, una de las festividades más importantes del islam.
En estrecho de Ormuz, una vía clave por la que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, la situación también genera preocupación. El control iraní sobre este paso estratégico incrementa el riesgo de interrupciones en el suministro global de energía.
Impacto económico global y temor a crisis energética
El conflicto ya está teniendo repercusiones significativas en los mercados internacionales. El precio del crudo Brent ha superado los 100 dólares por barril, acumulando un aumento de más del 47% desde el inicio de la guerra.
Este incremento amenaza con reavivar la inflación global, afectando no solo el costo del combustible, sino también el precio de alimentos y bienes de consumo. Materias primas esenciales como el helio —clave en la fabricación de chips— y el azufre, utilizado en fertilizantes, también enfrentan posibles interrupciones en su suministro.
Asia figura entre las regiones más vulnerables, debido a su alta dependencia del petróleo y gas que transitan por el Golfo. Sin embargo, los efectos se extienden a nivel global, en un momento en que muchas economías aún enfrentan dificultades para estabilizar precios.
Un conflicto sin salida clara
Hasta ahora, no existe claridad sobre cómo podría concluir la guerra. Estados Unidos e Israel han ofrecido distintas justificaciones para la ofensiva, desde frenar el programa nuclear iraní hasta fomentar un eventual cambio de régimen en Teherán.
Sin embargo, no hay señales públicas de un levantamiento interno en Irán, y persisten dudas sobre el alcance real del daño a sus capacidades militares.
En el terreno, el conflicto continúa cobrando vidas. Más de 1.300 personas han muerto en Irán, mientras que en Israel se reportan al menos 15 fallecidos por ataques con misiles. En Cisjordania también se registraron víctimas, y el enfrentamiento se ha extendido a Líbano y Siria, ampliando el riesgo de una guerra regional de mayor escala.
