Trump activa por primera vez tribunal especial para solicitar la deportación de presuntos “terroristas extranjeros”


Por Max Vásquez
El Latino


En un movimiento sin precedentes dentro de su política de inmigración, la administración del presidente Donald Trump presentó por primera vez una solicitud ante el Tribunal para la Deportación de Terroristas Extranjeros (Alien Terrorist Removal Court, ATRC), una corte federal creada por el Congreso en 1996 que nunca antes había recibido un caso.


La petición fue presentada el pasado miércoles por el Departamento de Justicia, que busca la deportación de una persona cuya identidad permanece bajo reserva. El breve documento divulgado por el tribunal no revela el nombre del inmigrante ni los hechos específicos que sustentan la solicitud.


El Tribunal para la Deportación de Terroristas Extranjeros fue establecido hace casi 30 años como un mecanismo especial para que el gobierno pudiera solicitar la expulsión de personas consideradas una amenaza para la seguridad nacional.


Sin embargo, desde su creación permanecía completamente inactivo.


De acuerdo con el Federal Judicial Center, nunca había recibido una petición ni celebrado una audiencia hasta esta semana.


El tribunal está integrado por cinco jueces federales, designados por el presidente de la Corte Suprema, John Roberts.


Tras recibir la solicitud del gobierno, la jueza principal del tribunal, Joan Ericksen, celebró una audiencia el jueves para revisar el caso.


En una resolución escrita, Ericksen explicó que el tribunal tenía dudas sobre la relación entre las acciones atribuidas al inmigrante y las disposiciones legales invocadas por el Departamento de Justicia para justificar la deportación.


Según la magistrada, las respuestas presentadas durante la audiencia convencieron al tribunal de que el gobierno debía contar con más tiempo para fortalecer y desarrollar sus argumentos antes de continuar con el procedimiento.


La jueza no rechazó la petición, pero dejó claro que el caso requiere un análisis jurídico más detallado.


La utilización de este tribunal se suma a la estrategia de la administración Trump para ampliar las herramientas legales disponibles para acelerar deportaciones, particularmente en casos relacionados con seguridad nacional.


Durante el último año, el gobierno también recurrió a la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 (Alien Enemies Act) para deportar a migrantes venezolanos acusados de pertenecer a organizaciones criminales que las autoridades consideran grupos terroristas.


Esa decisión provocó múltiples impugnaciones judiciales y abrió un debate sobre el alcance de las facultades del Poder Ejecutivo en materia migratoria.


Curiosamente, la posibilidad de utilizar esta corte especial ya había sido planteada el año pasado durante una audiencia relacionada con las deportaciones de migrantes venezolanos.


En ese momento, el juez federal James Boasberg, del Distrito de Columbia, señaló que el Tribunal para la Deportación de Terroristas Extranjeros parecía ser el foro legal adecuado cuando el gobierno argumenta que existe un riesgo para la seguridad nacional.


Boasberg recordó entonces que el Congreso creó específicamente esa instancia judicial para atender este tipo de casos, aunque reconoció que nunca había sido utilizada.


A diferencia de los procedimientos tradicionales de inmigración, el Tribunal para la Deportación de Terroristas Extranjeros opera bajo un esquema poco común y con un alto grado de confidencialidad.


La legislación permite que el gobierno presente pruebas relacionadas con inteligencia y seguridad nacional, mientras que algunos aspectos del proceso pueden mantenerse reservados para proteger información considerada sensible.


Hasta ahora, el tribunal era prácticamente desconocido debido a que nunca había intervenido en un caso desde su creación.


La decisión de la administración Trump de recurrir por primera vez a este mecanismo podría abrir una nueva etapa en el uso de herramientas legales extraordinarias para sustentar deportaciones relacionadas con presuntas amenazas a la seguridad nacional y, al mismo tiempo, generar nuevos debates sobre el equilibrio entre la protección del país y las garantías del debido proceso para los inmigrantes.