Por El Latino Newsroom
El presidente Donald Trump enfrenta una nueva etapa de su mandato después de que los votantes otorgaran a los demócratas el control de ambas cámaras del Congreso en las elecciones intermedias del 3 de noviembre.
El resultado representa un duro revés para el Partido Republicano y anticipa dos años de enfrentamientos políticos, investigaciones legislativas y mayores obstáculos para impulsar la agenda presidencial.
Aunque Trump había anticipado la posibilidad de perder las mayorías legislativas, el desenlace electoral lo coloca en una posición más vulnerable. Tras una década como figura dominante del Partido Republicano, el mandatario deberá compartir el poder con una oposición fortalecida, mientras sus propios aliados comienzan a evaluar quién podría sucederlo en las elecciones presidenciales de 2028.
La nueva composición del Congreso amenaza con complicar los últimos dos años de su administración. Los demócratas han prometido investigar las actuaciones del presidente y de altos funcionarios, mientras que la Casa Blanca estudia recurrir con mayor frecuencia a las facultades ejecutivas para avanzar en políticas que difícilmente obtendrían respaldo legislativo.
El escenario también podría llevar a Trump a concentrarse en asuntos internacionales y proyectos personales, áreas en las que conserva mayor margen de acción. Entre sus prioridades figuran la guerra con Irán, las negociaciones sobre Ucrania y Rusia, y las obras que impulsa en Washington.
Pese al revés electoral, el presidente no ha dado señales de querer reducir su influencia. Por el contrario, sus declaraciones recientes reflejan su intención de mantener el control del movimiento político que construyó y participar en la selección del próximo candidato republicano.
Investigaciones demócratas y una Casa Blanca bajo presión
Una de las principales consecuencias de la victoria demócrata será la apertura de investigaciones legislativas sobre las decisiones de Trump y de integrantes de su administración. Los nuevos responsables de las comisiones en la Cámara de Representantes tendrán facultades para solicitar documentos, convocar audiencias y emitir citaciones.
Robert Garcia, quien se perfila como próximo presidente demócrata de la Comisión de Supervisión de la Cámara, resumió la postura de su partido con un mensaje publicado después de conocerse los resultados: “Consigan abogados”.
La Casa Blanca lleva meses considerando la posibilidad de enfrentar una nueva ola de investigaciones. Sin embargo, varios asesores señalaron que los preparativos no avanzaron con la intensidad prevista durante la campaña, debido a que los principales funcionarios concentraron sus esfuerzos en conservar las mayorías republicanas.
La secretaria general de la Casa Blanca, Susie Wiles, habría insistido en mantener la atención en las elecciones. Según un asesor citado en las conversaciones internas, su mensaje era: “Vamos a ganar y vamos a dedicar toda nuestra energía a ganar”.
Otros funcionarios sostuvieron que Wiles sí pidió discretamente a la Oficina del Asesor Jurídico prepararse para posibles investigaciones, aunque sin permitir que esa labor interfiriera con la campaña.
“Prepararse discretamente para ese escenario no significa ponerlo en marcha”, explicó uno de los funcionarios.
La administración también ha reforzado su equipo legal. La Oficina del Asesor Jurídico incorporó a 15 abogados durante los últimos meses para atender posibles investigaciones de supervisión. Algunos funcionarios, además, contrataron abogados particulares o evaluaron adquirir seguros que cubran los gastos legales que podrían surgir si son investigados.
La preocupación responde, en parte, a la experiencia del primer mandato de Trump, cuando varios integrantes de su Gobierno enfrentaron elevados costos legales durante las investigaciones relacionadas con el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
También se han discutido posibles indultos preventivos para empleados de la administración. Trump ha conversado sobre esa posibilidad con el asesor jurídico de la Casa Blanca, Will Scharf, y otros colaboradores, aunque todavía no existe una decisión definitiva.
El presidente, que enfrentó dos juicios políticos durante su primer mandato, parece anticipar un escenario complicado. “Ya pasó por esto una vez, por supuesto que espera lo peor”, comentó una fuente cercana al Gobierno.
No obstante, Trump aseguró el miércoles que no está preocupado por la posibilidad de enfrentar otro proceso de destitución. Durante una comparecencia en las obras del nuevo salón de baile de la Casa Blanca, afirmó que un juicio político sin fundamento podría perjudicar a los demócratas.
“Creo que destruiría al Partido Demócrata si hicieran eso. Un juicio político sin motivo alguno. ¿Por qué? ¿Por tener un país exitoso?”, declaró.
La derrota también ha generado cuestionamientos dentro del Partido Republicano. Trump ha señalado que las pérdidas responden a factores históricos, como la tendencia de los partidos gobernantes a retroceder en las elecciones intermedias, y ha criticado a algunos candidatos por su falta de popularidad y capacidad para recaudar fondos.
En privado, el mandatario también habría expresado su molestia con republicanos que cuestionaron su estrategia de convertir la contienda en una evaluación de su liderazgo. Algunos asesores atribuyen los resultados negativos a la guerra con Irán y consideran que el presidente podría buscar responsables dentro de su propio equipo.
Aunque no se ha anunciado una reorganización del personal, varios funcionarios ya exploran oportunidades profesionales fuera de la Casa Blanca.
Decretos, conflictos internacionales y la carrera por el liderazgo republicano
Con los demócratas al frente del Congreso, la administración Trump enfrenta mayores dificultades para aprobar nuevas leyes. Por esa razón, sus asesores prevén que el presidente recurrirá todavía más a las órdenes ejecutivas y otras facultades del Poder Ejecutivo.
El subsecretario general de la Casa Blanca, Stephen Miller, y el director de presupuesto, Russell Vought, han encabezado buena parte de la estrategia para implementar políticas presidenciales sin depender de la aprobación legislativa.
Entre las medidas que estudia el Gobierno figuran cambios en las normas de visados, nuevas restricciones migratorias, aranceles a las importaciones y modificaciones regulatorias. También se analizan acciones relacionadas con el gasto federal.
Sin embargo, el margen de maniobra no será ilimitado. Una mayoría demócrata en el Senado podría bloquear nombramientos presidenciales, incluidos los candidatos a puestos judiciales. Además, las reglas del filibusterismo parlamentario establecen que buena parte de las iniciativas legislativas importantes necesita el respaldo de 60 senadores.
Trump ha dejado claro que utilizará su poder de veto para frenar propuestas que considere contrarias a sus compromisos políticos. Antes de las elecciones incluso publicó una imagen de una gorra roja con la palabra “VETO”.
“Supongo que me convertiré en el ‘señor Veto’”, comentó en un pódcast del New York Post. No obstante, también dejó abierta la posibilidad de negociar con los demócratas.
“Soy una persona a la que le gusta hacer las cosas, y hay cuestiones en las que podemos colaborar”, declaró a Fox News el martes por la noche, al mencionar la inmigración como un posible ámbito de entendimiento.
La política exterior será otro de los espacios en los que Trump podría concentrar sus esfuerzos. Tras reducir temporalmente su protagonismo durante la campaña electoral, la guerra con Irán y el conflicto entre Rusia y Ucrania volverán a ocupar un lugar central en la agenda presidencial.
Los negociadores estadounidenses e iraníes no consiguieron alcanzar un acuerdo durante los últimos días, y algunos asesores consideran que Trump podría ordenar nuevos ataques una vez concluida la temporada electoral. Sin embargo, dentro de su equipo existen diferencias sobre la conveniencia de una acción militar inmediata o de prolongar las negociaciones.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, también enfrenta cuestionamientos. Algunos aliados del presidente consideran que podría convertirse en un objetivo de las investigaciones demócratas y de eventuales iniciativas de destitución. Trump ha consultado a personas cercanas sobre su desempeño, aunque públicamente lo ha defendido y descartado cambios inmediatos en el gabinete.
La guerra con Irán se ha convertido en un problema político para el mandatario, quien había prometido evitar que Estados Unidos quedara involucrado en conflictos prolongados en el extranjero. La guerra en Ucrania también representa una promesa pendiente, después de que Trump asegurara que podría ponerle fin desde el inicio de su mandato.
En paralelo, Washington prepara nuevas conversaciones entre Ucrania y Rusia, mientras se contempla una reunión entre Trump, el presidente ruso, Vladímir Putin, y el mandatario chino, Xi Jinping, en Shenzhen, China.
El futuro del Partido Republicano será otro de los grandes desafíos del presidente. Después de más de una década de dominio político, Trump comienza a enfrentar una transición interna en la que otros dirigentes buscan posicionarse como posibles candidatos para 2028.
Entre los nombres que aparecen con mayor frecuencia figuran el vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio. Vance fue elegido como compañero de fórmula de Trump en 2024, en parte por su capacidad para representar la continuidad del movimiento MAGA. Rubio, por su parte, también cuenta con respaldo dentro del círculo presidencial.
Trump no ha anunciado públicamente a quién apoyará. Según personas familiarizadas con las conversaciones, quiere observar cómo evolucionan las primeras etapas de las primarias antes de tomar una decisión. Algunos asesores consideran que el respaldo presidencial podría llegar durante los primeros meses de 2027.
El mandatario ha comenzado a mostrarse más dispuesto a hablar sobre la sucesión política, aunque insiste en que todavía es temprano para mencionar nombres.
“No quiero hablar de nombres concretos porque todavía es demasiado pronto para hacerlo”, afirmó el martes. “Aún queda mucho camino por recorrer, pero supongo que ya va siendo hora”.
La derrota electoral ha acelerado las discusiones sobre el futuro del Partido Republicano y el papel que desempeñará Trump cuando deje la Casa Blanca. Sin embargo, el presidente no parece dispuesto a retirarse de la escena política.
Durante un mitin en Iowa, recordó a sus seguidores que faltan poco más de dos años para concluir su mandato. Ante los abucheos de la multitud, respondió con una frase que refleja su intención de conservar influencia incluso después de abandonar el cargo:
“Pero voy a tener mucho poder cuando me vaya”.
