Trump intensifica amenazas sobre Groenlandia y no descarta tomarla por la fuerza

Por Redacción
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Las declaraciones, realizadas el viernes ante periodistas en la Casa Blanca, provocaron una reacción inmediata de líderes políticos de Groenlandia y de aliados europeos, quienes advirtieron sobre las graves consecuencias geopolíticas que tendría cualquier intento de anexión forzada del territorio semiautónomo administrado por Dinamarca.


Los principales partidos políticos de Groenlandia, incluyendo tanto al oficialismo como a la oposición, emitieron un comunicado conjunto en el que rechazaron de forma categórica las declaraciones del mandatario estadounidense.


“No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses. El futuro de Groenlandia debe ser decidido por el pueblo groenlandés”, señalaron los líderes políticos, en un inusual frente común ante la presión externa.


El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, junto con otros cuatro dirigentes partidarios, reiteró el viernes por la noche que el territorio no está en venta y anunció que se adelantará una sesión del parlamento local, el Inatsisartut, para debatir la respuesta oficial a las amenazas del Gobierno de Trump. La fecha de la reunión aún no ha sido confirmada.


Dinamarca, que mantiene la soberanía formal sobre Groenlandia, también ha reiterado en múltiples ocasiones que la isla no está disponible para negociación. Funcionarios daneses han advertido que cualquier intento de adquisición forzada violaría el derecho internacional y los principios fundamentales de la alianza transatlántica.


Las amenazas de Trump han generado inquietud entre los aliados europeos y dentro de la OTAN, bloque militar del que forman parte tanto Estados Unidos como Dinamarca. Aunque aún no está claro cómo respondería la alianza ante una eventual intervención militar estadounidense, varios gobiernos europeos han advertido que una acción de ese tipo tendría consecuencias profundas.


En una declaración conjunta, líderes de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia y España afirmaron que Groenlandia “pertenece a su propio pueblo” y subrayaron que cualquier cambio en su estatus debe realizarse conforme a la voluntad democrática de sus habitantes.


Trump, no obstante, intentó matizar su discurso con elogios hacia Dinamarca, al tiempo que insistía en su amenaza. “Me gustaría llegar a un acuerdo por las buenas, pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas. Y, por cierto, también soy fan de Dinamarca. Han sido muy amables conmigo. Soy un gran admirador”, afirmó.


Funcionarios de la Casa Blanca han reconocido que se han discutido diversas opciones para colocar a Groenlandia bajo control estadounidense, sin descartar explícitamente el uso de la fuerza. El territorio es considerado estratégicamente clave por su ubicación en el Ártico, su proximidad a rutas marítimas emergentes y la presencia de recursos naturales críticos.


Trump también fue consultado sobre informes que indican que Estados Unidos estaría considerando ofrecer pagos directos a los groenlandeses como incentivo para integrarse al país. El presidente evitó confirmar la información, señalando únicamente que “todavía no está hablando de dinero para Groenlandia”.


La posibilidad de compensaciones económicas ha sido recibida con escepticismo y rechazo entre los habitantes de la isla. En Nuuk, la capital, residentes consultados por medios internacionales dejaron claro que el dinero no cambiaría su postura.


“No, gracias. Es absolutamente seguro que no queremos eso”, dijo Simon Kjeldskov, residente de Nuuk. Otra habitante, Juno Michaelsen, fue aún más tajante: “Sea cual sea la cantidad, diremos que no. Nos pertenece a nosotros y solo a nosotros”.


Para muchos groenlandeses, el debate va más allá de consideraciones económicas o estratégicas y se centra en el derecho a la autodeterminación, un tema sensible en una región con una larga historia de colonialismo y control externo.


En medio de la escalada verbal, los principales representantes diplomáticos de Groenlandia y Dinamarca en Washington se reunieron el jueves con funcionarios de la Casa Blanca. El embajador danés, Jesper Møller Sørensen, y el jefe de la representación de Groenlandia en Estados Unidos, Jacob Isbosethsen, sostuvieron encuentros con asesores de Trump, según diplomáticos familiarizados con las conversaciones.


Aunque no trascendieron detalles oficiales de las reuniones, las gestiones reflejan la creciente preocupación de Copenhague y Nuuk ante la posibilidad de que el conflicto escale más allá del plano retórico.


Analistas internacionales advierten que una acción unilateral de Estados Unidos podría provocar una de las crisis más graves en la historia reciente de la OTAN, debilitando la cohesión del bloque en un momento de tensiones globales con Rusia y China, precisamente los actores que Trump dice querer contener.


A pesar de la presión internacional, el presidente estadounidense reiteró su argumento central: que Groenlandia representa un punto estratégico indispensable para la seguridad nacional de Estados Unidos y que permitir que otros actores ganen influencia en la región sería inaceptable.


Mientras tanto, en Groenlandia crece el consenso político y social en defensa de la soberanía local, incluso entre partidos con profundas diferencias ideológicas. La convocatoria anticipada del parlamento regional apunta a una respuesta institucional coordinada frente a una de las mayores amenazas externas que ha enfrentado el territorio en décadas.