Por El Latino Newsroom
La Copa Mundial de la FIFA 2026 promete ser el torneo más grande en la historia del fútbol, con sedes distribuidas entre Estados Unidos, Canadá y México, un formato ampliado a 48 selecciones y millones de aficionados siguiendo cada partido. Sin embargo, para algunos de los seguidores más fieles del deporte, el evento también representa una experiencia cada vez más costosa y complicada, al punto de llevarlos a renunciar a viajar.
Mientras cientos de miles de aficionados se preparan para cruzar océanos y fronteras para apoyar a sus selecciones nacionales, otros han decidido quedarse en casa debido a los altos precios de las entradas, los elevados costos de transporte y alojamiento, así como las preocupaciones relacionadas con las políticas migratorias y el ingreso a Estados Unidos.
La situación ha generado inquietud entre seguidores experimentados que han asistido a múltiples Copas del Mundo y que consideran que el torneo de 2026 será uno de los menos accesibles para el aficionado promedio.
Aficionados veteranos reconsideran el viaje
Entre quienes han decidido limitar o cancelar sus planes de viaje se encuentra Mike Wilson, un profesional de tecnología residente en Londres que ha asistido a cuatro Copas del Mundo durante las últimas dos décadas.
Wilson asegura que el entusiasmo por el fútbol sigue intacto, pero que los costos asociados al torneo en Norteamérica terminaron pesando más que el deseo de viajar. En lugar de seguir a su selección en los estadios, planea observar parte de la competencia desde Europa.
Casos similares se repiten entre aficionados de distintos países.
El médico argentino Emiliano Becerra, acostumbrado a acompañar a la selección albiceleste durante las fases decisivas de los torneos internacionales, indicó que asistirá únicamente a los primeros encuentros antes de regresar a Argentina. Los gastos de traslado entre ciudades y el costo total del viaje hicieron inviable permanecer durante todo el campeonato.
También está el caso de Peter Bergakker, un aficionado neerlandés que viajó hasta Sudáfrica para presenciar la final de la Copa del Mundo de 2010. A pesar de su historial como seguidor de la selección de Países Bajos, aseguró que esta vez no viajará a Estados Unidos sin importar cuán lejos llegue el equipo.
Las experiencias de estos aficionados reflejan una preocupación creciente entre quienes tradicionalmente han formado parte del ambiente mundialista. Muchos consideran que la combinación de precios elevados y complejidades logísticas ha transformado la experiencia del torneo.
La Copa Mundial de 2026 contará con 16 ciudades sede distribuidas a lo largo de tres países, una expansión sin precedentes que incrementa significativamente las distancias entre algunos partidos.
Para los aficionados que desean seguir a sus selecciones durante varias etapas de la competencia, esto implica vuelos internos costosos, traslados prolongados y gastos adicionales en hospedaje.
Entradas, transporte y políticas migratorias generan preocupación
Uno de los principales factores señalados por los aficionados es el precio de las entradas.
Aunque la FIFA ha defendido su estrategia de comercialización argumentando que existe una demanda extraordinaria, numerosos seguidores consideran que los boletos han alcanzado niveles difíciles de asumir para muchas familias.
A esto se suman los altos costos de alojamiento en ciudades anfitrionas y el incremento de las tarifas aéreas durante el torneo.
Las preocupaciones no son únicamente económicas.
Algunos aficionados internacionales también han expresado incertidumbre sobre los requisitos migratorios para ingresar a Estados Unidos. Las políticas de control fronterizo implementadas durante los últimos años han generado dudas entre viajeros provenientes de determinados países, quienes temen enfrentar procesos más estrictos de revisión o posibles complicaciones para obtener visas.
La situación resulta particularmente relevante para aficionados que planean viajes de corta duración exclusivamente para asistir a partidos.
Expertos en turismo deportivo señalan que la combinación de factores económicos y regulatorios podría modificar el perfil tradicional del aficionado mundialista.
Mientras en torneos anteriores muchos seguidores acompañaban a sus selecciones durante varias semanas, ahora algunos optan por asistir únicamente a uno o dos encuentros o seguir la competencia desde sus países de origen.
Pese a estas preocupaciones, los organizadores esperan cifras récord de asistencia y audiencia.
La FIFA ha promocionado el Mundial 2026 como el evento futbolístico más grande de todos los tiempos, con una expansión histórica que busca aumentar la participación global y generar ingresos sin precedentes para el organismo rector del fútbol.
Sin embargo, algunos observadores consideran que el crecimiento constante del torneo podría estar alejándolo de una parte de su esencia tradicional.
La ampliación del número de selecciones, la dispersión geográfica de las sedes y el incremento de los costos han alimentado un debate sobre si el campeonato sigue siendo accesible para los aficionados que históricamente han acompañado a sus equipos alrededor del mundo.
A un año de la fase decisiva del torneo, todavía no está claro cuántos seguidores han decidido quedarse en casa. Lo que sí parece evidente es que, para una parte de los aficionados más leales, asistir al Mundial 2026 representa un desafío económico y logístico mucho mayor que en ediciones anteriores.
Mientras millones de personas se preparan para celebrar la fiesta más importante del fútbol, otros la seguirán desde lejos, convencidos de que el sueño mundialista se ha vuelto demasiado costoso.
