Director de la OMS visita Congo mientras crece alarma por brote de ébola y crisis sanitaria


Por Redacción
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La visita del máximo responsable de la OMS ocurre en un momento crítico para las autoridades sanitarias congoleñas, que enfrentan uno de los escenarios más complejos de salud pública de los últimos años debido a la propagación del virus Bundibugyo, una rara cepa de ébola para la que actualmente no existe una vacuna aprobada ni tratamientos específicos autorizados.


El epicentro del brote se encuentra en la provincia de Ituri, una región marcada por décadas de violencia armada, desplazamientos masivos y profundas carencias en infraestructura sanitaria, factores que han dificultado significativamente la respuesta médica y humanitaria.


“Venir aquí es realmente mostrarle a la comunidad que no está sola”, declaró Tedros a periodistas tras aterrizar en el país.


El director de la OMS afirmó que su presencia busca respaldar al personal médico que trabaja en condiciones extremadamente difíciles y fortalecer la confianza de las comunidades locales, muchas de las cuales mantienen una profunda desconfianza hacia las autoridades y los equipos de salud internacionales.


“Dar órdenes desde mi cómoda oficina en Ginebra es fácil, pero le estoy pidiendo a mis colegas que trabajen con la comunidad y le estoy pidiendo a las comunidades que se protejan”, agregó.


La emergencia sanitaria ha puesto en evidencia las graves limitaciones del sistema de salud congoleño, especialmente en zonas rurales donde los hospitales carecen de equipos básicos para tratar enfermedades altamente contagiosas.


Trabajadores sanitarios han denunciado la falta de mascarillas, trajes de protección, medicamentos y equipos de aislamiento. En algunas áreas afectadas, médicos y enfermeros se han visto obligados a utilizar mascarillas médicas vencidas mientras atienden a pacientes sospechosos de portar el virus.


La situación ha generado alarma entre organizaciones internacionales de salud, que advierten que la falta de recursos aumenta el riesgo de contagio entre personal médico y comunidades vulnerables.


Según cifras de la OMS, hasta el martes se habían registrado 1.077 casos sospechosos y al menos 238 muertes relacionadas con el brote.


Las autoridades sanitarias temen que las cifras reales sean más elevadas debido a las dificultades para acceder a ciertas zonas controladas por grupos armados y a la resistencia de algunas comunidades a reportar casos o permitir intervenciones médicas.


En varias localidades, familias han ocultado enfermos por miedo a ser aisladas o por desconfianza hacia el sistema sanitario, una situación que complica los esfuerzos de rastreo epidemiológico y contención del virus.


El brote actual corresponde a la variante Bundibugyo del ébola, identificada por primera vez en Uganda en 2007. A diferencia de otras cepas del virus, esta variante no cuenta todavía con vacunas o tratamientos aprobados internacionalmente, lo que limita considerablemente las herramientas disponibles para contener la enfermedad.


El ébola es una enfermedad viral grave que provoca fiebre hemorrágica y puede transmitirse mediante contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas. Los síntomas incluyen fiebre alta, vómitos, diarrea, debilidad intensa y hemorragias internas o externas.


Los brotes de ébola suelen generar temor entre la población debido a su alta tasa de mortalidad y rapidez de propagación, especialmente en regiones con sistemas de salud frágiles.


Además de la emergencia médica, las autoridades enfrentan graves problemas de seguridad en el este de Congo, donde operan numerosos grupos armados que han sembrado violencia durante años.


La presencia de milicias en la región ha complicado el traslado de suministros médicos y limitado el acceso de equipos sanitarios a comunidades afectadas por el brote.
Organizaciones humanitarias advierten que trabajadores de salud y personal de ayuda internacional continúan enfrentando amenazas, ataques y restricciones de movilidad mientras intentan contener la epidemia.


La violencia también ha provocado desplazamientos masivos de población, aumentando el riesgo de propagación del virus hacia nuevas regiones dentro y fuera del país.
En respuesta a la crisis, la Unión Europea envió ayuda médica de emergencia a la provincia de Ituri, mientras Estados Unidos anunció una asignación adicional de 80 millones de dólares para fortalecer la respuesta sanitaria.


Con el nuevo paquete de asistencia, el compromiso financiero total de Washington para combatir el brote supera los 112 millones de dólares.


Las autoridades congoleñas han pedido mayor apoyo internacional, señalando que el sistema de salud del país no cuenta con suficientes recursos para enfrentar simultáneamente la epidemia y la crisis de seguridad.


El ministro de Salud Pública del Congo, Samuel Roger Kamba Mulamba, indicó que la prioridad inmediata es fortalecer los centros de tratamiento, mejorar el rastreo de contactos y aumentar la capacidad de diagnóstico en las zonas más afectadas.


La OMS elevó recientemente su evaluación de riesgo del brote y mantiene vigilancia especial ante la posibilidad de propagación transfronteriza hacia países vecinos como Uganda, donde anteriormente también se registraron casos de la variante Bundibugyo.


Expertos en salud pública recuerdan que el control de brotes de ébola depende no solo de recursos médicos, sino también de la cooperación comunitaria y de la estabilidad política y social en las regiones afectadas.


Durante epidemias anteriores en Congo, la desinformación y las teorías conspirativas alimentaron ataques contra trabajadores de salud y sabotearon campañas de prevención.
Tedros insistió en que reconstruir la confianza entre las comunidades y las autoridades sanitarias será clave para evitar una expansión mayor de la enfermedad.


Mientras tanto, miles de familias en Ituri continúan viviendo bajo el temor de una enfermedad mortal que avanza en medio de pobreza, violencia y un sistema sanitario bajo enorme presión.