La Escuelita para Padres

La maestra Sonia Aguila es una experta en educación que enseña en la Escuela Canalino de Carpintería./EL LATINO


Algunos niñ@s cuentan emocionados que fueron a una fiesta, al museo, al zoológico o a algún lugar especial.


Otro@s dicen: “No hice nada”. Y muchas veces lo dicen bajito, como si eso fuera menos importante y les diera vergüenza.


La realidad es que no todas las familias viven el fin de semana de la misma manera.
Para algunas, visitar museos, zoológicos o Disneylandia es algo común.


Para otras, no, y eso no significa que no les interese la cultura o el aprendizaje.
A veces es cuestión económica, de transporte, de tiempo o simplemente de costumbre, porque en muchas comunidades, esos lugares no forman parte de la rutina familiar.


Yo, de pequeña, no visitaba museos, pero dibujaba con mi mamá, jugábamos lotería y cocinábamos juntas.


Me encantaba estar en la cocina con ella, tengo muchas anécdotas.
Hacer tamales y comer masa cruda cuando ella no me estaba mirando es una de ellas.


Y aunque a veces no lo nombramos así, eso también es aprendizaje.
En la mesa, en la sala o en la cocina se desarrolla vocabulario, se aprenden medidas, se practica la paciencia y se construye memoria.


No todo aprendizaje viene en un boleto de entrada; muchas veces viene en forma de conversación, de risas, de juegos sencillos y de tiempo compartido.


También hay pequeñ@s que pasan el fin de semana cuidando a sus hermanit@s mientras sus papás trabajan, ayudando con el quehacer en casa, acompañando a sus papás al trabajo o visitando a la familia.


Tal vez no fueron al museo, pero convivieron con l@s abuel@s, jugaron fútbol en el parque, ayudaron a cocinar o vieron una película juntos.


Todo eso también es vida, aprendizaje y experiencias valiosas.


Como maestros, es importante no hacer comparaciones sin querer.


Cuando un estudiante dice que “no hizo nada”, podemos ayudarle a pensar un poquito más: ¿Qué comiste? ¿Con quién estuviste? ¿A qué jugaste?
Muchas veces, cuando empiezan a hablar, se dan cuenta de que sí hicieron cosas importantes.


Solo que no siempre las ven como algo “interesante”, porque las comparan con lo que dicen otros compañeros.


También es importante cuidar las preguntas que hacemos y cómo las hacemos.


A veces, sin darnos cuenta, nuestras preguntas ya traen “la respuesta correcta” incluida: “¿A dónde fuiste?” “¿Qué lugar visitaste?” “¿Qué compraste?”
Y hay niñ@s que no tienen nada que contestar ahí, aunque hayan vivido un fin de semana lleno de historias.


Cambiar la pregunta por “¿Qué fue lo mejor de tu fin de semana?” o “¿Qué te hizo reír?” abre la puerta para que todos puedan participar.


Estas conversaciones nos recuerdan que el salón está lleno de realidades distintas.
Y eso no es algo negativo; al contrario, es una riqueza.


Nuestro trabajo es hacer que todos sientan que su fin de semana, su familia y su historia son valiosos; que no hay experiencias mejores que otras.


Al final, más que hablar de museos o zoológicos, estamos hablando de identidad, de cultura y de oportunidades.


Y cuando escuchamos con atención y validamos cada historia, cada estudiante, ayudamos a que todos los niñ@s se sientan incluid@s, respetad@s y orgullos@s de quiénes son.


Y esto también es un mensaje para las familias: no se desanimen si creen que “no hicieron mucho”.


La presencia, el cuidado y la convivencia cuentan. Leer un cuento, dar un paseo por el vecindario, ir al parque, visitar a un familiar o cocinar juntos son experiencias que nutren tanto como cualquier excursión. Lo importante no siempre es el lugar, sino el vínculo que se construye.