La Escuelita Para Padres

La maestra Sonia Aguila es una experta en educación que enseña en la Escuela Canalino de Carpintería./EL LATINO

Recientemente vi una imagen de unos estudiantes que me partió el corazón y me hizo reflexionar.

Cada uno llevaba una mochila con un mensaje: padres divorciados, padre alcohólico, violencia doméstica, baja autoestima, dislexia, bajos recursos, bullying.

Cada estudiante carga problemas y lleva su propia historia en esa mochila imaginaria.

Los maestros queremos que todos los estudiantes aprendan, pero algunos entran al salón en desventaja.

Hay quienes no durmieron bien porque sus papás no están al pendiente del uso que hacen de los celulares: se acuestan, pero permanecen frente a la pantalla hasta altas horas de la madrugada mientras sus padres duermen.

Otros tienen problemas de la vista, necesitan lentes y sus padres no se han dado cuenta.

Algunos tienen dificultades para leer, pero como nadie lee con ellos en casa, el problema puede pasar inadvertido.

Por eso es crucial dedicarles tiempo de calidad a los hijos, pasan más de seis horas lejos de sus padres mientras están en la escuela, así que ese ratito que comparten en casa importa mucho. Hablen con ellos sobre su día.

Lean juntos, cocinen, vayan al parque.

No se imagina la cantidad de padres que ni siquiera saben en qué grado están sus hijos. No tienen idea de cómo se llama la maestra y mucho menos saben si hicieron la tarea. Simplemente los llevan a la escuela, los recogen y creen que ya cumplieron.

También es importante conocer a sus maestros, saber cómo se están desempeñando sus hijos, cuáles son sus fortalezas y en qué áreas necesitan apoyo.

Revise su mochila, sus trabajos y sus tareas, no para convertirse en un supervisor que únicamente pregunta si terminó la tarea y regaña cuando no lo hizo, sino para demostrarle que su educación le importa.

La responsabilidad de educar a un niño no corresponde únicamente a la escuela.

Los maestros hacemos todo lo posible para ayudarlos a aprender, pero necesitamos que las familias también se involucren.

A veces, detrás de un estudiante que parece distraído, cansado o desafiante hay una historia que desconocemos, quizás está preocupado por algo que sucede en casa, no durmió lo suficiente o tiene hambre.

Tal vez no ve bien el pizarrón, tiene dificultades para leer y se siente frustrado, o está siendo víctima de bullying y no sabe cómo pedir ayuda.

Por eso debemos tener cuidado antes de etiquetar a un niño como “flojo”, “problemático” o “desobediente”.

Antes de juzgar su comportamiento, deberíamos preguntarnos: ¿qué estará cargando en su mochila imaginaria?

No podemos resolver todos los problemas de nuestros estudiantes, pero sí podemos ayudar a que esa mochila sea un poco más ligera.

Una palabra de ánimo, un abrazo, cinco minutos de lectura juntos o una conversación antes de dormir pueden hacer una enorme diferencia.

Sus hijos no necesitan padres perfectos, pero si necesitan padres presentes, necesitan saber que alguien los ve, los escucha y está pendiente de ellos.

La próxima vez que su hijo llegue a casa, deje por unos minutos el celular, apague la televisión y mírelo a los ojos.

Pregúntele cómo se siente, escúchelo, abrácelo.

Detrás de cada mochila escolar hay un niño con una historia.

Y muchas veces, lo que más necesita ese niño no es que le quitemos todos sus problemas, sino saber que no tiene que cargarlos solo.