Un análisis citado por Puros Autos señala que baches, grietas y pavimento deteriorado elevan los gastos de mantenimiento para los conductores en varias zonas del país.
Por Redacción
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En muchas ciudades de Estados Unidos, manejar ya no sólo significa lidiar con tráfico, gasolina cara o altos costos de seguro.
Para millones de conductores, el problema empieza desde el pavimento.
Baches, grietas, desniveles y calles mal mantenidas se han convertido en una carga diaria que no sólo afecta la comodidad al volante, sino también el bolsillo.
Cada golpe contra una superficie irregular puede traducirse en llantas dañadas, rines doblados, suspensión desgastada, alineaciones constantes y reparaciones que se acumulan con el paso de los meses.
Un reporte citado por Puros Autos, con base en datos de la firma de telemática Teletrac Navman y de la organización de transporte TRIP, identifica las 10 ciudades o regiones metropolitanas con las carreteras peor mantenidas de Estados Unidos.
El análisis también estima cuánto dinero adicional pagan los conductores cada año debido al deterioro vial.
La conclusión es clara: donde las calles están en mal estado, tener automóvil puede convertirse en una experiencia más cara, más estresante y más riesgosa.
CALIFORNIA DOMINA
El primer lugar lo ocupa el área de San Francisco-Oakland, donde aproximadamente el 71% de las vías está clasificado en condición pobre.
Otro 15% no alcanza niveles aceptables, lo que convierte la conducción diaria en una prueba constante para autos, camionetas y SUVs.
Según el reporte, los conductores del Área de la Bahía enfrentan costos adicionales cercanos a los $978 al año en reparaciones relacionadas con el mal estado de las carreteras.
El segundo lugar también está en California: Los Ángeles.
En una ciudad famosa por su tráfico, sus autopistas saturadas y sus largos tiempos de traslado, el pavimento agrega otra dificultad. Sólo el 17% de sus carreteras puede considerarse en buen estado. El resto se divide entre vías deficientes, con 60%, y otras por debajo del promedio, con 23%.
Para los automovilistas angelinos, esto representa un gasto adicional aproximado de $892 al año en mantenimiento.
En el tercer puesto aparece San José, donde cerca del 59% de las carreteras están mal mantenidas.
El costo adicional para los conductores ronda los $860 anuales.
La presencia de tres zonas de California en los primeros tres lugares refleja un problema serio para el estado con el mayor número de vehículos registrados del país. En ciudades donde el automóvil sigue siendo esencial para trabajar, estudiar y moverse, el deterioro vial golpea directamente la economía familiar.
LA IRONÍA DE DETROIT
El cuarto lugar corresponde a Detroit, Michigan, una ciudad históricamente ligada a la industria automotriz.
La llamada “Ciudad del Motor” enfrenta una de las situaciones más preocupantes del listado. Según los datos citados, 56% de sus carreteras están en estado crítico y otro 27% en condiciones deficientes.
Para los conductores, el costo adicional anual por reparaciones se estima en $865. La cifra resulta especialmente simbólica en una ciudad donde el automóvil no sólo es medio de transporte, sino parte central de su identidad económica y cultural.
En quinto lugar aparece Milwaukee, Wisconsin, donde el 56% de las vías se encuentra en condiciones deficientes. Baches, grietas y deformaciones obligan a los conductores a manejar con mayor precaución y generan un gasto promedio adicional de $860 al año.
El sexto puesto es para la zona de Bridgeport-Stamford, Connecticut, donde 55% de las carreteras están clasificadas como pobres y otro 21% por debajo del promedio. En esta región de la costa este, los conductores pagan cerca de $800 anuales adicionales por el deterioro vial.
EL IMPACTO EN EL CENTRO
El mal estado de las carreteras no es exclusivo de las costas. Varias ciudades del centro del país también figuran entre las más afectadas.
En Omaha, Nebraska, sólo 22% de las carreteras se consideran en buen estado o aceptables.
La mayoría presenta algún nivel de deterioro importante, lo que se traduce en gastos adicionales de aproximadamente $852 al año para los automovilistas.
Oklahoma City ocupa el octavo lugar, con 53% de sus vías en estado pobre y 30% por debajo del promedio.
Es una de las ciudades donde más se gasta en reparaciones asociadas al mal estado de las calles, con un promedio de $1,025 adicionales al año.
En Grand Rapids, Michigan, el 52% de las carreteras están clasificadas como pobres. Aunque se trata de una ciudad de menor tamaño frente a otras del listado, el deterioro supera el promedio nacional y afecta directamente la calidad de vida de sus residentes.
El décimo lugar es para Tulsa, Oklahoma, donde casi la mitad de las carreteras, 49%, se encuentran en mal estado.
Según el reporte, los conductores de esta zona gastan cerca de $1,000 adicionales al año en mantenimiento de sus vehículos.
MÁS QUE UNA MOLESTIA
El deterioro vial no es sólo un problema estético o de comodidad, también puede afectar la seguridad.
Calles mal mantenidas pueden aumentar el riesgo de accidentes, especialmente cuando los conductores intentan esquivar baches o pierden control al pasar sobre superficies dañadas.
Además, una infraestructura deficiente puede empeorar la congestión, al reducir la velocidad promedio y generar maniobras inesperadas.
También hay un efecto económico más amplio.
Cuando los autos sufren daños frecuentes, las familias deben destinar más dinero a reparaciones.
En muchos casos, esos gastos no son opcionales: un vehículo dañado puede significar faltar al trabajo, perder ingresos o enfrentar deudas inesperadas.
Para quienes viven en ciudades con carreteras deterioradas, los expertos recomiendan manejar con mayor distancia, reducir la velocidad en calles irregulares, revisar con frecuencia la presión de las llantas y atender cualquier vibración o ruido extraño antes de que el problema se convierta en una reparación mayor.
La lista deja una advertencia clara para las autoridades locales y estatales: mantener las carreteras no es sólo una cuestión de infraestructura, sino también de seguridad pública y estabilidad económica.
Para los conductores, mientras tanto, cada bache sigue siendo un recordatorio de que el verdadero costo de manejar no siempre aparece en la factura de gasolina o en el pago mensual del auto.
A veces, está justo debajo de las llantas.
