Por El Latino Newsroom
Los rebeldes hutíes de Yemen, apoyados por el gobierno de Irán, se apoderaron el lunes de las islas de Gran Hanish y Hanish Menor en el sur del mar Rojo.
Esta maniobra militar consolida la capacidad del grupo insurgente para controlar una de las rutas marítimas más transitadas e importantes del comercio internacional, en un momento donde la volatilidad energética mantiene en vilo a la economía global.
El avance rebelde se produce tras varios días de intensos enfrentamientos en la región suroccidental de la península arábiga. Las fuerzas del gobierno yemení, respaldadas por una coalición militar que encabeza Arabia Saudí, intentaron sin éxito frenar el despliegue insurgente luego de las rápidas incursiones registradas cerca del estrecho de Bab el-Mandeb.
Esta vía fluvial representa la única alternativa directa de navegación ante la inoperatividad de otras rutas marítimas neurálgicas del Cercano Oriente.
La toma de Gran Hanish y Hanish Menor no es un hecho aislado. La semana pasada, los rebeldes lograron apoderarse del estratégico puerto de Moca y de otra isla contigua sobre el mar Rojo. Con estos movimientos, el grupo armado incrementa su dominio geográfico y ejerce una presión directa sobre los envíos marítimos de crudo que realiza Arabia Saudí.
La interrupción o amenaza constante a estos trayectos ha comenzado a reflejarse en los precios internacionales del petróleo, otorgando a las autoridades de Teherán un factor adicional de negociación y presión política frente a Estados Unidos y sus aliados occidentales.
El trasfondo diplomático en la zona se ha deteriorado de manera paralela a las acciones militares. Fuentes oficiales de Irán afirmaron que Arabia Saudí presionó a las autoridades de Omán para posponer una reunión multilateral de emergencia.
Dicho encuentro buscaba sentar en la mesa de diálogo a representantes iraníes y a otros gobiernos de la región para discutir la seguridad y el flujo comercial en el estrecho de Ormuz, un paso fluvial que permanece prácticamente cerrado desde las primeras etapas del conflicto militar y por el cual transitaba tradicionalmente una quinta parte del gas y petróleo mundial.
Preocupación internacional por las rutas energéticas
La escalada de las hostilidades en el sur del mar Rojo ha generado una ola de reacciones entre las principales potencias económicas dependientes del suministro energético de la zona. China, uno de los mayores compradores de petróleo proveniente del Oriente Medio, expresó públicamente su inquietud ante el incremento de los ataques dirigidos contra las instalaciones y las rutas de transporte comercial saudíes.
El vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Guo Jiakun, condenó los atentados dirigidos a las infraestructuras de suministro energético y advirtió sobre las consecuencias destructivas que una mayor escalada armada podría acarrear para la estabilidad socioeconómica de toda la región.
“Los ataques contra infraestructura civil que es importante para los medios de vida de la gente son inaceptables”, declaró Guo durante una conferencia de prensa en Pekín. El portavoz diplomático instó a todos los actores involucrados en la conflagración a “actuar con moderación y a resolver las disputas mediante el diálogo”.
A pesar de los llamados a la calma formulados por la comunidad internacional, las operaciones marítimas saudíes continúan enfrentando severos obstáculos. Ante el cierre de facto del estrecho de Ormuz, las autoridades de Riad han utilizado el estrecho de Bab el-Mandeb como la vía principal para dar salida a sus exportaciones de petróleo hacia los mercados occidentales y asiáticos. Sin embargo, el progresivo control de la costa e islas yemeníes por parte de los hutíes reduce el margen de maniobra de las embarcaciones petroleras y eleva las primas de seguro para el transporte marítimo comercial.
Inestabilidad extendida y emergencia en Irak
El deterioro de la seguridad en el sur de la península arábiga se suma a una serie de incidentes mortales registrados en otros puntos estratégicos de Oriente Medio.
La violencia recurrente y los accidentes industriales vinculados a la infraestructura básica continúan cobrando vidas humanas y afectando a comunidades altamente vulnerables.
En la zona fronteriza de Yemen, miles de personas desplazadas por los combates intentan encontrar refugio en campamentos temporales improvisados.
Un número considerable de familias procedentes de la ciudad de Al Khawkhah, ubicada a unos 400 kilómetros al suroeste de la capital Saná, ha iniciado éxodos masivos hacia la ciudad portuaria de Adén con la esperanza de acceder a asistencia humanitaria, alimentos y medicinas básicas proporcionados por organismos internacionales.
La inestabilidad operativa y la falta de mantenimiento adecuado en instalaciones industriales también han causado tragedias recientes en la región. En el sur de Irak, una fuga masiva de gas amoniaco en una planta química procesadora de fertilizantes provocó la muerte de dos trabajadores y dejó a más de 100 personas lesionadas con problemas respiratorios agudos e quemaduras.
Las autoridades iraquíes iniciaron investigaciones de emergencia para determinar las causas del escape tóxico, mientras los equipos de rescate evacuaban los vecindarios aledaños al complejo industrial.
La confluencia de la crisis bélica en el mar Rojo, la parálisis de las conversaciones diplomáticas sobre el estrecho de Ormuz y la vulnerabilidad de las infraestructuras en el Golfo Pérsico mantienen en máxima alerta a las cancillerías globales.
Con el control rebelde sobre Gran Hanish y Hanish Menor, la seguridad náutica en las inmediaciones del estrecho de Bab el-Mandeb entra en una fase crítica, cuyos efectos económicos amenazan con repercutir rápidamente en el costo global de los combustibles y las cadenas transoceánicas de suministros.
