Por Carlos Hernández
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Después de casi siete años sin una nueva película de “Star Wars” en cines, el regreso de la saga a la pantalla grande llegaba con una expectativa enorme, porque “El Mandalorian”, gracias a su serie, se ha convertido en el personaje favorito de la zaga de Star Wars.
“Star Wars: The Mandalorian and Grogu”, sin embargo, no logra estar a la altura del peso histórico de la franquicia ni de la popularidad que su historia alcanzó en Disney+.
Dirigida por Jon Favreau, quien Marvel le debe todo gracias a su visión al dirigir “Iron Man” que inició el imperio que ahora es, la película intenta convertir una serie nacida para la televisión en un gran evento cinematográfico de verano, pero no lo logra del todo.
El problema es que la historia no crece con el formato.
Lo que en la serie funcionaba como una aventura íntima, episódica y cargada de misterio, aquí se siente alargado, un poco desordenado porque la edición no es óptima, y la película es demasiado dependiente de escenas de acción que rara vez tienen verdadero impacto emocional.
Pedro Pascal regresa como El Mandaloriano, ese personaje que es una máquina de combate letal, el problema es que hay poca exploración de su pasado, su religión o su mundo interior.
Eso sí, al ser un personaje que ya es global, gracias a la serie que tomó al mundo en plena pandemia del Covi, la mayoría de la audiencia sabe su origen y el porqué de sus cualidades de un guerrero legendario galáctico.
Pero Favreau, quien además fue coautor del guion se quedó corto, la película lo lleva de una pelea a otra, entre disparos, persecuciones, combates cuerpo a cuerpo y secuencias llenas de efectos digitales, haciendo que la cinta se sienta más como un capítulo de la serie que una trama pensada en la pantalla grande.

Grogu, por su parte, sigue siendo una de las figuras más entrañables del universo “Star Wars”, pero la película tampoco sabe muy bien qué hacer con él durante buena parte del metraje, cayendo en ocasiones en lo cursi.
Cuando la historia finalmente le da más espacio, especialmente en la segunda mitad, el tono cambia y aparecen algunos de los momentos más tranquilos y conmovedores de la cinta.
Ahí se siente la película que pudo haber sido: más íntima, más emocional y menos obsesionada con la acción, pero también es verdad que esta es una cinta de seres galácticos, con monstruo interplanetarios y que la verdad no podemos pedir el drama, ni la emoción de una interpretación de Merryl Streep o Daneil D. Lewis.
La trama es bastante sencilla.

“El Mandalorian” acepta una peligrosa misión para encontrar y capturar a un excomandante imperial, pero antes debe desviarse para rescatar al hijo de Jabba the Hutt, un personaje con conflictos familiares y una presencia inesperadamente peculiar.
Esa premisa permite introducir persecuciones urbanas, batallas espaciales, criaturas monstruosas y hasta una pelea de gladiadores en una especie de coliseo de ciencia ficción.
Para l@s seguidor@s de la franquicia hay guiños reconocibles: X-wings, AT-AT Walkers, Stormtroopers, Anzellans y referencias a momentos clásicos de “A New Hope”.
También hay escenas diseñadas para despertar nostalgia, como una secuencia que recuerda a Yoda en el pantano.
Pero la nostalgia no basta para sostener una película que, por momentos, parece más preocupada por acumular referencias que por construir una historia con verdadera urgencia.
Uno de los principales problemas es que los riesgos no son muchos.
No está en juego el destino de la Resistencia, ni el equilibrio de la Fuerza, ni la supervivencia de planetas o sistemas enteros.
La película cuenta una misión en el Borde Exterior, pero nunca logra convencer de que esa misión merecía convertirse en el gran regreso cinematográfico de “Star Wars”, por eso mencioné que se siente más como un capítulo de más de dos horas de la serie, que de una película de la saga de Star Wars.

Visualmente, la cinta tiene momentos espectaculares, pero también luce saturada.
El exceso de efectos digitales y algunas limitaciones de la animatrónica se notan demasiado, especialmente en formato IMAX.
Incluso la música de Ludwig Göransson, normalmente uno de los puntos fuertes de este universo, se siente irregular, con decisiones sonoras que no siempre encajan con la grandeza que se espera de la saga.
Y eso se siente porque “Star Wars” alguna vez marcó el rumbo de la cultura popular con imágenes, sonidos y personajes que parecían venir de otro mundo.
Esta película, en cambio, es más como una mezcla de fórmulas conocidas, con ecos de “Top Gun”, “Blade Runner”, “Transformers” y “Men in Black”, pero sin alcanzar la personalidad de ninguna de ellas.
“The Mandalorian and Grogu” no es un desastre absoluto, tiene momentos entretenidos, algunas escenas efectivas y el encanto inevitable de Grogu, pero como regreso de “Star Wars” al cine, se queda corta.
Le falta grandeza, le falta emoción y, sobre todo, le falta una razón poderosa para existir en pantalla grande.
Clasificación: 2 de 4 estrellas.
