Por Redacción
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El temor a las redadas migratorias y a los arrestos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, conocido como ICE, ha transformado la rutina diaria de decenas de trabajadoras de guarderías infantiles en Washington D.C., muchas de ellas inmigrantes que ahora viven y trabajan bajo constante ansiedad.
En barrios residenciales de la capital estadounidense, algunas guarderías administradas por inmigrantes han retirado sus letreros, reducido las actividades al aire libre y diseñado planes de emergencia ante la posibilidad de que maestras sean detenidas mientras cuidan niños.
Una de esas trabajadoras es Delia, nombre ficticio utilizado para proteger su identidad. La mujer ha dedicado dos décadas a construir un centro de cuidado infantil desde su hogar, pero asegura que el endurecimiento de las políticas migratorias bajo el presidente Donald Trump ha obligado a ella y a sus empleadas a esconderse.
Cada mañana, las maestras preparan a los niños para salir a caminar por calles cercanas al centro infantil. Sin embargo, los paseos son ahora más breves y limitados. Antes llevaban a los menores a bibliotecas, museos gratuitos y al zoológico nacional.
Hoy, aseguran, evitan alejarse demasiado por miedo a encontrarse con agentes migratorios.
Delia explicó que las cuidadoras viven pendientes de mensajes y alertas en grupos de WhatsApp donde se reportan posibles operativos de ICE en distintas zonas de la ciudad. El temor, dijo, ha cambiado incluso las decisiones más simples de la vida cotidiana.
“Tenemos miedo de salir porque no sabemos qué puede pasar. Si detienen a una maestra mientras cuida niños, la otra tendría que hacerse cargo sola y avisar inmediatamente a los padres”, comentó.
La educadora aseguró que ha preparado un protocolo informal con sus trabajadoras para actuar en caso de arrestos. Según dijo, ella misma estaría dispuesta a entregarse primero para proteger a las demás.
Guarderías ocultas y comunidades vigilantes
Washington D.C. se convirtió en uno de los principales focos de operaciones migratorias tras el inicio del segundo mandato de Trump. La capital, considerada durante años una ciudad santuario, quedó expuesta a mayores intervenciones federales debido a la limitada autonomía política del distrito frente al Gobierno federal
En agosto de 2025, la administración Trump desplegó efectivos de la Guardia Nacional y reforzó la presencia de agencias federales en la ciudad bajo el argumento de combatir la delincuencia, aunque estadísticas oficiales mostraban una disminución de los crímenes violentos.
Datos citados por investigadores migratorios indican que entre agosto y noviembre de 2025 se registraron más de 1.500 arrestos migratorios en Washington, una cifra significativamente superior a la reportada durante el mismo periodo bajo la presidencia de Joe Biden.
Aunque una jueza federal limitó posteriormente algunos arrestos sin orden judicial, organizaciones y residentes aseguran que el miedo permanece intacto dentro de las comunidades inmigrantes.
En ese contexto, Delia decidió retirar el letrero que identificaba su guardería. La medida, afirmó, fue dolorosa porque siente que se ve obligada a esconder un trabajo que considera esencial para las familias de la ciudad.
“Es triste sentir que debemos escondernos como si fuéramos criminales, cuando lo único que hacemos es cuidar y educar niños”, expresó.
Otra maestra, identificada como María, tomó una decisión similar meses después. Aunque ella cuenta con residencia permanente legal, varias de sus trabajadoras son indocumentadas y temen ser detenidas cuando se desplazan al trabajo.
Una de las cuidadoras conduce diariamente desde Maryland hasta Washington y, según María, vive con miedo constante de no regresar a casa con su hijo.
Las maestras forman parte de grupos comunitarios en WhatsApp con cientos de integrantes que comparten fotografías, videos y mensajes sobre presuntas operaciones migratorias. En esos chats circulan alertas sobre vehículos sospechosos, presencia de agentes y retenes en distintas calles de la capital.
El clima de incertidumbre ha provocado que muchas trabajadoras reduzcan sus desplazamientos al mínimo, evitando incluso actividades recreativas o sociales fuera del trabajo.
Mujeres inmigrantes sostienen el sistema de cuidado infantil
Especialistas en educación inicial y cuidado infantil advierten que las políticas migratorias están afectando un sector fundamental para la economía local y nacional.
Un análisis del Centro para el Estudio del Empleo en el Cuidado Infantil de la Universidad de California en Berkeley reveló que cerca del 40% de las trabajadoras de cuidado infantil en Washington D.C. son inmigrantes, una proporción muy superior al promedio nacional.
Expertos señalan que muchas guarderías en la capital funcionan gracias al trabajo de mujeres inmigrantes, tanto documentadas como indocumentadas, que atienden a niños desde pequeños centros instalados dentro de viviendas familiares.
Hannah Oppermann, analista especializada en políticas de cuidado infantil, explicó que estos servicios son esenciales para que miles de padres puedan trabajar.
“Gran parte del sistema de cuidado infantil depende de estas trabajadoras. Son fundamentales para el funcionamiento diario de la ciudad”, indicó.
En la guardería de Delia, ubicada dentro de su propia vivienda, cuidan a nueve bebés y niños pequeños. En las paredes cuelgan certificados de educación infantil y licencias estatales que acreditan legalmente el funcionamiento del centro.
La mujer explicó que dedicó años a estudiar inglés y capacitarse profesionalmente para abrir el negocio que siempre soñó tener. Su esposo también colaboraba económicamente trabajando en restaurantes durante las noches, pero abandonó ese empleo por miedo a encontrarse con agentes migratorios y ahora realiza entregas de comida a domicilio.
El endurecimiento de las políticas migratorias también ha cambiado la dinámica familiar. Delia asegura que intenta salir únicamente para asistir a citas médicas o actividades religiosas.
La educadora recordó las difíciles condiciones que enfrentó al emigrar a Estados Unidos hace dos décadas. Relató que atravesó México escondida durante días dentro de un tráiler junto a decenas de migrantes, sobreviviendo con pocas provisiones y sin posibilidad de salir.
A pesar de las dificultades, dijo sentirse orgullosa de haber construido un espacio seguro para niños y familias trabajadoras.
Padres de familia que han llevado a sus hijos al centro infantil afirman que las maestras han sido una pieza fundamental en sus vidas y temen que las redadas afecten gravemente a las comunidades locales.
“Ellas nos dieron tranquilidad y confianza cuando éramos padres primerizos”, expresó uno de los antiguos clientes del centro.
Mientras continúan las operaciones migratorias y aumentan las medidas de seguridad en Washington de cara a futuras celebraciones nacionales, Delia mantiene la esperanza de volver a colocar el letrero de su guardería en la entrada de su casa.
“Voy a celebrar el día en que pueda poner nuevamente mi cartel y decir con orgullo que este es un programa de alta calidad para niños en Washington”, afirmó.
