Por Redacción
Redaccion@latinocc.com
Un joven hondureño que llegó a Estados Unidos cuando tenía apenas 4 años enfrenta ahora un futuro incierto en un país que apenas recuerda, luego de ser deportado tras una detención de tránsito en Georgia. Axel Archaga Ríos, de 18 años, asegura que su vida cambió drásticamente en cuestión de semanas, pasando de ser un estudiante con aspiraciones militares en Estados Unidos a permanecer encerrado en la casa de sus abuelos en Tegucigalpa por miedo a la violencia de las pandillas.
“Yo estaba viviendo la vida, el sueño de Estados Unidos”, dijo Archaga en declaraciones recogidas por CNN. “Me quitaron todo en solo un mes”.
El joven residía en Georgia junto a su madre y sus hermanos menores. Según su familia, estudiaba en Dunwoody High School, donde mantenía un buen desempeño académico y participaba en el equipo escolar de fútbol. Su meta era regularizar su situación migratoria y enlistarse en el Ejército de Estados Unidos.
Sin embargo, el pasado 27 de marzo fue detenido por la policía de Dunwoody, en el área metropolitana de Atlanta, acusado de no respetar una señal de alto y de conducir sin licencia. De acuerdo con el sargento Michael Cheek, portavoz de la policía local, los agentes desconocían el estatus migratorio del joven al momento del arresto.
Tras ser llevado a la cárcel del condado de DeKalb para el procesamiento rutinario, las autoridades locales notificaron al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que asumió su custodia poco después.
El Departamento de Seguridad Nacional informó posteriormente que Archaga había ingresado ilegalmente a Estados Unidos el 25 de junio de 2014, cerca del Valle del Río Grande, en Texas. Además, indicó que existía una orden final de deportación emitida por un juez migratorio desde septiembre de 2015.
El joven afirma que nunca supo de esa orden.
Una familia marcada por la separación
La madre del joven, Kelin Ríos, dijo que la deportación destruyó los planes y la estabilidad emocional de toda la familia.
“A mí me llamó él de Honduras cuando llegó. Esto es muy cruel. Es inhumano. Se llevaron a mi niño”, expresó entre lágrimas en una entrevista televisiva.
Ríos sostiene que su hijo nunca tuvo antecedentes penales y que siempre se mantuvo enfocado en sus estudios. Según contó, Axel hablaba constantemente sobre su deseo de servir al país donde creció.
“Él siempre me decía: ‘Mami, el día que arregle papeles quiero entrar al Ejército’. Ese era su sueño”, relató.
El abogado del joven, Alejandro Cornejo, explicó que la situación migratoria de la familia se complicó años atrás cuando el caso de asilo presentado por la madre no avanzó adecuadamente. Según el abogado, Ríos había huido de Florida debido a violencia doméstica y nunca recibió notificaciones relacionadas con las audiencias migratorias.
“Ella jamás tuvo conocimiento de las citas con el juez de inmigración. Por eso se emitió la orden de deportación”, aseguró Cornejo.
El caso ha generado atención entre activistas y defensores de inmigrantes, quienes argumentan que Archaga representa a miles de jóvenes que crecieron prácticamente toda su vida en Estados Unidos y que ahora enfrentan expulsiones bajo políticas migratorias más estrictas.
Desde el inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump, la administración federal ha endurecido las medidas de control migratorio y aumentado las deportaciones de personas con órdenes pendientes, incluso en casos donde no existen antecedentes criminales graves.
Diversas organizaciones han criticado la práctica de detener a inmigrantes tras infracciones menores de tránsito, señalando que muchas familias quedan separadas abruptamente sin tiempo para preparar defensas legales o recursos humanitarios.
Un país desconocido y el miedo constante
Actualmente, Axel vive con sus abuelos maternos en Tegucigalpa. Asegura que apenas recuerda Honduras porque prácticamente toda su vida transcurrió en Estados Unidos.
“Yo nunca pensé que iba a regresar a Honduras”, dijo. “Siempre pensé que iba a ayudar a mi mamá desde Estados Unidos”.
El joven reconoce que se siente fuera de lugar en el país centroamericano. Explica que domina más el inglés que el español y que evita salir a las calles debido al temor por la inseguridad y la presencia de pandillas en la zona donde reside.
“Solo paso aquí con mis abuelos porque no tengo más familia acá. Tengo miedo de que me pase algo afuera”, afirmó.
Su madre asegura que la adaptación ha sido especialmente difícil debido a que el joven no tiene redes de apoyo en Honduras. Toda su familia cercana, incluidos sus hermanos menores, permanece en Estados Unidos.
“Me dijo que cuidara mucho a sus hermanitos y que algún día nos volveríamos a ver”, contó Ríos.
Mientras tanto, Archaga espera que su situación pueda resolverse y que las autoridades migratorias reconsideren su caso. Su principal deseo es regresar a Georgia, terminar sus estudios y reencontrarse con su familia.
“Ojalá me den la oportunidad de regresar. Extraño a mi mamá, a mis hermanos y a toda mi vida allá”, dijo.
El caso vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre los jóvenes inmigrantes que llegaron siendo niños a Estados Unidos y que, pese a haber crecido completamente integrados a la sociedad estadounidense, continúan enfrentando procesos de deportación debido a órdenes migratorias emitidas años atrás.
Defensores de inmigrantes advierten que situaciones como la de Axel reflejan las consecuencias humanas de un sistema migratorio que afecta a familias enteras y deja a muchos jóvenes atrapados entre dos países: uno donde nacieron y otro donde construyeron toda su vida.
