Por Redacción
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La Copa Mundial de la FIFA 2026 comenzará en pocas semanas y, junto con la llegada de millones de visitantes a Norteamérica, crece también la preocupación de expertos y autoridades sanitarias por los riesgos de salud pública asociados a eventos masivos. Enfermedades infecciosas como el sarampión, el ébola, el dengue y otros virus respiratorios encabezan la lista de amenazas que podrían poner a prueba los sistemas sanitarios de Estados Unidos, México y Canadá.
Especialistas en salud pública aseguran que existe un manual bien establecido para responder a este tipo de concentraciones multitudinarias. Sin embargo, el contexto actual —marcado por brotes internacionales, tensiones sanitarias globales y cambios en la cooperación internacional— convierte al Mundial de 2026 en uno de los mayores desafíos recientes para las autoridades sanitarias.
Rebecca Katz, directora del Centro de Ciencia y Seguridad de la Salud Global de la Universidad de Georgetown, explicó que las reuniones masivas siempre representan un riesgo epidemiológico.
“Con cualquier evento de reunión masiva, hay ciertas condiciones de enfermedad que preocupan a la gente. Siempre está pasando algo”, afirmó.
Actualmente, uno de los focos de atención es el brote de ébola registrado en Uganda y la República Democrática del Congo. La Organización Mundial de la Salud declaró la situación como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”, aumentando la vigilancia global en aeropuertos y puntos de entrada.
A pesar de ello, expertos sostienen que el mayor peligro inmediato para el Mundial no es el ébola, sino el sarampión, debido al incremento sostenido de casos en Estados Unidos, Canadá y México durante los últimos dos años.
Marcus Plescia, director de salud de la Junta de Salud del Condado de Fulton, en Georgia, señaló que las enfermedades respiratorias serán una preocupación constante durante el torneo.
“Las cosas comunes se volverán aún más comunes”, advirtió.
El sarampión preocupa especialmente por su alta capacidad de contagio. Las autoridades sanitarias temen que aficionados internacionales puedan trasladar el virus entre distintas ciudades sede mientras siguen a sus selecciones nacionales.
En Atlanta, una de las sedes del torneo, las autoridades ya reportaron recientemente varios casos en una familia local. Los expertos señalan que un solo caso podría desencadenar cadenas de transmisión difíciles de rastrear debido al constante movimiento de visitantes.
Además del sarampión y el ébola, los especialistas monitorean otros riesgos sanitarios como dengue, chikunguña y hantavirus. Rebecca Katz recordó que Estados Unidos ya cuenta con mosquitos capaces de transmitir enfermedades tropicales, aunque hasta ahora no se habían dado las condiciones necesarias para una propagación sostenida.
“Lo que no hemos tenido es suficiente gente con esas enfermedades para mantener una cadena de transmisión”, explicó.
El aumento de temperaturas extremas también preocupa a los organizadores. La epidemióloga Katelyn Jetelina advirtió que el calor, combinado con aglomeraciones, actividad física y consumo de alcohol, podría provocar un incremento significativo de emergencias médicas.
“Multitudes más sol más temperaturas de verano más esfuerzo físico más alcohol es una combinación que lleva personas a las salas de emergencia cada año”, señaló.
Las autoridades sanitarias de las ciudades anfitrionas han comenzado a fortalecer sus sistemas de vigilancia epidemiológica mediante nuevas tecnologías, incluyendo análisis de aguas residuales, monitoreo de hospitales y laboratorios móviles.
En Dallas, funcionarios de salud ampliaron los puntos de muestreo de aguas residuales para detectar posibles brotes antes de que aparezcan casos clínicos.
Filadelfia, por su parte, desplegará un laboratorio móvil especializado capaz de analizar muestras directamente en el lugar, reduciendo tiempos de respuesta ante posibles amenazas sanitarias.
Paralelamente, el Gobierno federal estadounidense destinó US$ 625 millones para apoyar la preparación de las ciudades anfitrionas mediante programas coordinados con agencias de emergencia y salud pública.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) también desarrollan paneles de monitoreo en tiempo real para detectar patrones inusuales durante el torneo.
Sin embargo, expertos consideran que la coordinación internacional podría verse afectada debido a la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud, una decisión que complica el intercambio global de información sanitaria.
Aun así, organizaciones regionales como la Organización Panamericana de la Salud trabajan en mecanismos paralelos de coordinación para enfrentar posibles emergencias durante la competencia.
Especialistas subrayan que la clave del éxito será mantener vigilancia constante, financiamiento sostenido y comunicación clara entre gobiernos, hospitales y organismos internacionales.
“El Mundial llega en un momento particularmente complejo para la salud pública global”, advirtió Katz.
Pese a las preocupaciones, las autoridades sostienen que los riesgos pueden controlarse con planificación adecuada y cooperación eficiente. La expectativa es que el torneo se desarrolle con normalidad, aunque los expertos reconocen que la magnitud del evento representa un reto sanitario sin precedentes recientes en Norteamérica.
